Folk | (universal)
El ex vocalista de Led Zeppelin y la sirena del blue grass, Alison Krauss, no traen nuevas composiciones y sí una joya musical. Ambos artistas pegaron buena onda y decidieron embarcarse en un proyecto que tomó forma gracias a la sensibilidad musical del reconocido productor T-Bone Burnett, quien se encargó de la selección de los trece temas para versionar y puso dedos para algunas violas. Para el repertorio, el productor optó por tesoros en su mayoría poco conocidos, de artistas como Gene Clark, Tom Waits, Everly Brothers, Sam Philips, Townes Van Zandt, entre otros. También, versionan Please Read The Letter (una canción de Plant y Page del 98´).
Este álbum implicó un desafío para la dupla: Plant tuvo que aprender a "controlar" el timbre de su voz y cantar armonías, mientras Krauss arreglárselas con el blues. De este modo, el diablo rockero se desliga de su furioso graznido y acompaña a Krauss por zonas de sosiego sonoro que transportan al escucha hacia un pasado sin fecha ni lugar. Hacia un pasado, sin más.
Raising Sand avanza como una procesión sonora, lenta y calma, y algún momento más frenético y rockabilly. Viaja por el folk, la música celta, el pop, el country, el blues, el R&B clásico... A través de esos géneros, hacen una verdadera reinterpretación de las canciones. Más allá del virtuosismo y precisión de la banda elegida y de los arreglos creados, la mera combinación de voces de estos próceres ya arroja la singularidad a cada tema. Como escuchar otra cosa distinta a la canción original - única- como si no fuera posible imaginar que otros dos artistas realicen semejante trabajo y con ese encanto particular. No sólo se trata de un álbum con versiones excelentes. Más fuerte es la intensión de rescate de estas canciones de diferentes artistas, corrientes y épocas y que, sin embargo, conservan una unidad, un álbum con una coherencia musical a pesar del empleo de varios estilos. Subyace, también, la idea (y logro) de proyección de la obra artística, de su poderío inmortal: reunir una colección de canciones y homenajearlas. Y encima, convirtiéndolas en obras de valor artístico en sí mismo, sin necesidad del aviso de que son composiciones ajenas. Sister Rosetta Goes Before Us, Trampled Rose y Nothin´, suenan increíble.
Contra las cuerdas
Contra las cuerdas (contrapedal)
En su primer álbum, se entrecruzan hip-hop, funk, electrónica, tango, candombe, jazz y reggae. Hay letras combativas e ingeniosas, sampleos "divertidos" e invitados como Luciano Supervielle. Pero es lo primero lo que logra diferenciar a Contra Las Cuerdas. Estos uruguayos sobresalen dentro de la escena local rapera gracias a ese múltiple cruce de sonidos. Porque escapan del aparente callejón sin salida que amenaza al género: "máquinas de fondo a letras rebeldes y nada más". Porque aprovechan esa olla de ingredientes diversos que les permite telonear su lírica, resignificarla en cierto modo y pulir un sonido propio a partir de la diversidad. Dentro del rap, pero van un paso más: el uso atinado de la fusión.
Pájaros de plomo
Pájaros de plomo (independiente)
Radial, alegre, sin novedades y por encima de eficaz. Eso traen los argentinos de Pájaros de Plomo en su primer trabajo de nombre homónimo, a través de una propuesta pop-folk adictiva que recorre todo el álbum. Las voces pop de Cristián Benegas y Luciano Falinari y sus guitarras híper secuacez se cuelan con facilidad y motivan otras escuchas. Como la frescura del recuerdo sin resentimiento, de la nostalgia y la continuación: ese es el núcleo temático y el espíritu sonoro del disco. 46 minutos de simpatía rápida y sin alardeos que contiene temitas como Se Apagó el Sol, Canción para la Mujer del Gusanito al Gorrión, Cómo Cantar Abajo del Agua...
17
Motel (Warner)
Banda mexicana que saca su segundo álbum. En 17 hay mucha suavidad que cruje lo soportable. Esa lisura, lejos de serenar, se vuelve repelente. Pop-rock que se queda en lo formal, más de fórmula y aplicación que aquel que atrae, anima o demuele. Motel sólo atrapa con algún sonido suelto y perdido, ni siquiera con una melodía entera. Por momentos, algo así como la versión malograda y sin fuerza de los Babasónicos y el resto, meloso y caído. Este segundo trabajo se desploma por ese modo compositivo empalagoso que se confunde con romántico y sensible, cuando sólo genera un tono sentimental y tedioso.