Graciela Bacino: nueva vida de la pionera de "Subrayado" y cómo le afectó un rumor que la vinculó a un político

Fue la primera mujer en la conducción del informativo. Trabajó en Canal 10 en plena dictadura, enfrentó presiones por preguntas incómodas y hoy, ya jubilada, reflexiona sobre ética y responsabilidad periodística. Su historia.

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Graciela Baccino condujo "Subrayado" en los años '80.

Redacción El País.
Vive en Punta del Este, está jubilada y lejos -muy lejos- de la vida pública. Graciela Bacino acepta la entrevista no por nostalgia ni por ánimo de “figurar”, sino por respeto y ante la insistencia de Sábado Show. “Yo ya bajé la cortina”, dice. Y sin embargo, su historia es clave para entender una etapa del periodismo uruguayo, especialmente el lugar que ocuparon -y debieron conquistar- las mujeres en los informativos televisivos.

Bacino fue la primera mujer en integrar la mesa de conducción de Subrayado, en Canal 10, a comienzos de los años 80. Lo hizo en una televisión sin teleprompter, sin computadoras, sin celulares y bajo un clima político marcado por la dictadura y una democracia que todavía no garantizaba libertad plena de prensa.

“Entré por concurso en 1980. Éramos cinco. Quedamos tres. Y la exigencia era enorme”, recuerda. Venía de la radio -Sarandí, Del Plata, Radio CX 30, El Espectador- y su vocación inicial no era la televisión: “Mi pasión siempre fue escribir. Nunca me imaginé en cámara”.

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Graciela Bacino, Raquel Daruech y Silvia Kliche, pioneras de los informativos.
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Sin embargo, luego de un concurso de un año que se desarrolló en el marco del programa “Domingos continuados” de Cristina Morán (“mi mentora”, la define) entró a Saeta y de ahí a un Subrayado liderado por Omar Defeo y Barret Puig.

”Durante los primeros años en el Canal, continué trabajando simultáneamente en los dos Medios: Canal 10 y Del Plata FM. Hasta que opté, por razones de tiempo, quedar sólo en el 10”, asegura.

En aquellos años, quienes conducían el noticiero también salían a la calle, redactaban copetes y cubrían política, internacionales o generales. “Llegabas del exterior y en quince minutos estabas peinada, maquillada y sentada en la mesa. Sin teleprompter. Todo de memoria”, recuerda Bacino.

El proceso hacia la conducción fue a paso firme también demostrando cualidades como periodista, más allá de la presentación. “No fue inmediato. Había que demostrar mucho más”. Aun así, fue notera política, parlamentaria y acreditada en Casa de Gobierno durante los últimos años de la dictadura. “Omar Defeo me dijo un día: ‘Usted está capacitada para ser periodista política’. Yo estudiaba muchísimo”, dice.

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Graciela Bacino en la actualidad

Su presencia en la mesa de Subrayado abrió camino. Luego vendrían Silvia Kliche en Canal 12 y Raquel Daruech en Canal 4. “Eso está en los papeles”, dice, sin épica.

A pesar de que no se la nombra mucho en los reportes sobre la historia de la TV, y ante la pregunta de Sábado Show; Bacino rememora algunas de sus coberturas especiales: “Si falta de reconocimiento es que te designen para coberturas políticas, electorales, giras internacionales, elecciones en Perú, donde adelanté y costó que me creyeran, que Fuyimiri sería el Mandatario electo y no Vargas Llosa; entrevistar a Presidentes de ese periodo, como Alfonsin, Menem, Felipe González y hasta Daniel Ortega (hoy convertido en dictador), además de ser invitada a Foros y Organismos Internacionales, ¿que es ser reconocida?. Más agradecida y afortunada no puedo ser”.

Los dictadores Gregorio Álvarez y Augusto Pinochet (Chile). Foto: Archivo El País.

El día que detuvo al presidente de facto en 18 de Julio y fue amenazada

Durante su etapa como periodista acreditada en Casa de Gobierno, Graciela Bacino protagonizó uno de los episodios más recordados -y más riesgosos- de su carrera. Ocurrió cuando el entonces presidente de facto, el general Gregorio Álvarez, abandonó el Palacio Estévez y comenzó a caminar por la avenida 18 de Julio.

Bacino convenció al camarógrafo de seguirlo sin anunciarse. Álvarez se detuvo a mirar vidrieras y, micrófono en mano, Bacino lo abordó directamente en la calle. La pregunta fue simple, casi obvia, pero profundamente disruptiva para el clima de la época: por qué un presidente decidía caminar libremente por el centro de Montevideo.

“No tenía cómo decir que no. Estábamos grabando”, explica. La nota salió tal cual en Subrayado y fue destacada como “la nota del día”. En el canal, la reacción fue de entusiasmo. Pero las consecuencias no tardaron.

Graciela Baccino
Graciela Bacino.
Barcelos/Archivo El Pais

Al día siguiente, en Casa de Gobierno, el general Álvarez bajó la escalera de mármol del Palacio Esteves, vestido de militar. La señaló con la fusta y le dijo: “A usted, la próxima vez la meto pa´ dentro” (sic). “Las piernas se me aflojaron”, admite Bacino. Aun así, respondió: “General, yo hice mi trabajo. Soy periodista”.

Después vinieron las amenazas, el seguimiento y un clima de hostigamiento que marcaría un antes y un después. “Trabajar en esa época implicaba miedo. Mucho miedo. Y no había redes sociales, no había defensa pública posible”, dice.

Lejos de dramatizar o de victimizarse, Bacino lo enmarca como parte de una etapa histórica: “La democracia no llegó de un día para el otro con libertad de prensa plena. Hubo un proceso y tuvo costos que muchos pagamos”.

Otro de los episodios más duros de su carrera ocurrió tras una pregunta al entonces general Hugo Medina, en 1985, durante la reapertura democrática. “Fue una pregunta correcta y necesaria. Pero incomodó al sistema”, dice Bacino en referencia a una interrogante que el militar interpretó como “acosante”. ”No hice otra cosa que re preguntar a una de sus manifestaciones para aclarar lo que acababa de expresar”.

Las consecuencias no fueron inmediatas, pero sí persistentes: amenazas, seguimiento, calumnias y censura indirecta, según da testimonio Bacino. “Me mandaban cartas con amenazas de muerte. Firmaban: “Los Valientes”. Me seguían todos los días. Era una forma de disciplinar”, dice.

En ese contexto, valora especialmente el respaldo institucional de Canal 10 que la mantuvo en su staff a pesar de las presiones. De todos modos, hubo momentos en que se sintió desplazada o relegada para evitar mayores conflictos. “El canal fue siempre mi casa”, dice.

El rumor y las calumnias que la vincularon a un alto dirigente político

En 1988, Graciela Bacino cursó un embarazo de alto riesgo que la obligó a un largo reposo y a un año de recuperación tras un parto complicado. Ese período coincidió con un cambio profundo en Subrayado y el recambio total de su plantel histórico.

Bacino dejó la mesa y al poco tiempo lo mismo ocurrió con sus compañeros Omar Defeo y Barret Puig. La conducción fue ejercida por la dupla de Jorge Traverso y Blanca Rodríguez. Con ellos se inauguró el rol exclusivamente de presentador de noticias en el informativo y ahora sí, con telepromter.

Mientras tanto, Bacino inició por propuesta del director de entonces, Jorge De Feo, una nueva etapa dentro del canal: creó y dirigió el área de Comunicación Interna y Relaciones Públicas, donde trabajó hasta su jubilación, a los 60 años en 2012.

En los ‘80, en medio de los señalamientos que recibió Bacino de diversas autoridades, comenzó a circular un rumor que la afectó profundamente.

“Antes no había redes sociales, pero el rumor tenía la misma fuerza destructiva enorme”, afirma. “¿A quién denunciabas? No había nombre ni apellido, no había un autor de la mentira identificado. Todo el mundo hablaba y eso me generó un profundo daño; a pesar que distintas personalidades me especificaron que me sucedía porque era una profesional creíble”, rememora sobre una historia inventada de presunto romance clandestino con una alta personalidad política.

“Ladran Sancho, señal de que cabalgamos’, me dijo en una oportunidad Néber Araújo. Otro periodista y exlegislador Julio Aguiar escribió en su momento: ”Lo que no es bueno es cuando esa crítica excede los límites del respeto que toda persona se merece.” Así es como se ha usado el rumor como instrumento y mecanismo para destruir a personas, reputaciones y con ellas las propias familias”.

Aunque Bacino investigó sobre el origen de este rumor, no dio con más que hipótesis; hasta se lo consultó a un expresidente. La respuesta fue: “Grace, eso nunca lo vas a saber. Es un secreto de Estado”.

“En esa época, hubo rumores también acerca de otras personas públicas. El rumor tiene una fuerza destructiva y descalificante gigantesca; se usa en el mundo entero como método de censura indirecta”, asevera Bacino.

“Sentí una injusticia enorme”, dice, y añade que probablemente esta situación influyó en su estado emocional que determinó el embarazo de riesgo. El embarazo y parto lo transitó sola porque se había separado de su pareja por motivos que no tuvieron que ver con el rol periodístico ni con la calumnia.

De hecho, valora la presencia actual de las redes sociales como forma de defensa. “Hoy existen las redes. Entonces, si hoy hubiera una calumnia, un rumor, un dicho, un mal dicho, tú te puedes defender en las redes. Yo no pude. Igual, más allá de esa ventaja, veo que las redes potencian los mensajes de odio ”, dice.

La vida después del periodismo

Desde hace tres años vive en Punta del Este. Lee, escribe cuando desea en su Blog “Sentido tienen las cosas”, escucha música, camina, disfruta del mar y avista aves. “Entré en una etapa de contemplación y de encuentro conmigo”.

Disfruta de su hija Lucía, hoy con 37 años; también de viajar: cada año se programa un recorrido. En setiembre pasado estuvo en Escandinavia, un destino que la maravilló.

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Hoy observa el ecosistema mediático con distancia crítica: “El periodismo está herido de muerte. La ética (salvo excepciones) está deteriorada”, dice.

Consultada sobre el “sentido” que puede atribuirse a su carrera en la comunicación, asegura: “El de la responsabilidad social. La responsabilidad social que conlleva el periodismo, lo que implica ser honesto contigo y con el público. No defraudar. Y que no pase el interés por ti. Porque si el interés te involucra, ya no serás más periodista”.

Graciela Bacino no espera volver. Pero su historia sigue hablando.

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