Fort, el famosos bañado en chocolate

| Es la figura con más minutos al aire en 2010 en la TV. Vino aquí y lo esperaron, lo fotografiaron, lo desearon como... a una golosina

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Por: Ximena Aleman

Con 10 años, Ricardo dibujaba el Rolls Royce en el cuaderno. En el papel trazaba la parrilla del auto y la mujer alada que distingue a esta marca y que treinta años después le darían tanta fama. Para Rhonda Byrne, el universo se rige por la ley de atracción: si uno visualiza lo que desea, lo atrae con la mente y el pensamiento se convierte así en materia. Esta alquimia mental es la que plantea en su libro El Secreto, best seller de autoayuda que, acompañado por una película documental, se convirtió en éxito mundial con traducciones a 40 idiomas. Cuando Ricardo Fort leyó el libro años atrás, recordó el dibujo y se dio cuenta de que desde niño proyectaba su riqueza. Siguió entonces utilizando el mecanismo: hijos, canto, fama. Sin embargo, Fort reconoce que su popularidad tiene un origen más tangible que la armonía universal:

-No quiero llorar porque estoy muy emocionado -los ojos verdes, demasiado verdes, se le humedecen- estaba en el camerino y pensaba que es increíble lo que generé en tan poco tiempo. La única explicación y el único agradecimiento es hacia Marcelo que confió en mí. Es el único artífice de lo que es Ricardo Fort hoy. Voy a estar agradecido toda la vida.

Así declaraba Fort ante la prensa luego de presentar, viernes y sábado pasados su obra de teatro Fortuna, en el Teatro Plaza.

La historia cuenta que las hijas de Marcelo Tinelli vieron los videos que Fort subía a You Tube sobre sus viajes en formato reality show y le dijeron a su papá que tenía que llevarlo a Bailando por un sueño. Ricardo comenzó de este modo su peripecia por los medios.

"No hay estrategia de prensa", dice Hernán Rineri, un tipito alto, rubio y nervioso que, con voz fina, organiza la vida de Ricardo y los medios, o la vida de Ricardo en los medios…en fin, la vida de Ricardo: algo que le insume 18 horas al día. Es licenciado en Relaciones Públicas, tiene una agencia de modelos de Buenos Aires y fue encargado de prensa de otras figuras, como la modelo Nicole Neumann. "Es mas fácil con Ricardo porque todos los días te llaman a vos. Estás todo el día en actividad." Se conocieron hace tres años en el pub Ink de Buenos Aires, cuando Fort lanzó su marca de ropa para hombres Fortmen -la misma noche en que el millonario conoció a Virginia Gallardo- pero es su encargado de prensa desde hace solo tres meses.

-Hola, Hernán. Te hablo de Sábado Show.

-Hola, ¿cómo estás?

-Es para hacerle una entrevista a Ricardo.

-¿Entrevista con cámara o por teléfono?

-No, es una entrevista periodística, para una revista.

-Ah, con grabador.

La estrategia de prensa existe y es salvaje: minutos de aire. Siempre y ante cualquier circunstancia Fort busca, espera y recibe a las cámaras. En Argentina, es la persona con más minutos al aire en lo que va del 2010, y en la web tiene más repercusión que el mismísimo Marcelo Tinelli: aparece en más posteos de blogs y en más noticias de medios on line, se lo busca más en Google y figura en más tweets y en más videos de Youtube que el conductor, según un estudio realizado en los últimos seis meses por la consultora digital Weblosophy.

"UN NIÑO HERMOSO". El auto está estacionado en Plaza Cagancha, frente a las puertas del teatro. Una multitud lo rodea. Niños, adolescentes y adultos lo miran. Lo admiran. Se sacan fotos: posan. El cenicero plateado está repleto de colillas. Casi se puede oler la nicotina en el tapizado. En el piso del Rolls Royce hay paquetes de galletitas y gaseosas, y envoltorios de chocolate. No son Felfort, la marca del chocolate que desde hace casi cien años produce su familia. No es que reniegue de la fábrica. Ricardo la apoya e incluso le hace propaganda. Sin embargo, siempre quiso ser cantante.

"Estuve 20 años en Miami viviendo de joda. Tenía varios laburos haciendo varias cosas como bar-tender, hasta que tuve a mis hijos. Entonces, dedicidí volver a Argentina y trabajar en la empresa de mi padre. Cuando mi padre falleció, hace tres años, decidí vivir la vida como nunca la viví. Disfrutar, gastar, viajar, grabar mis viajes."

Hijo de Carlos Fort y de Marta Campa, Ricardo aprendió de los dos. De su padre, y por linaje, la ambición, el afán expansionista que convirtió a Delicias Felfort en un imperio chocolatero. Una fábrica en la calle Gascón, en el barrio Almagro de Capital Federal que puede dar ganancias de 10 millones de dólares anuales, que emplea a 500 trabajadores y que se fundó en 1912. Un emprendimiento que en la actualidad sufre los vaivenes de la publicidad del millonario: escandalizados ante el despilfarro los empleados realizaron paros, escarches y pidieron un aumento al darse cuenta de que la facturación, al parecer, no iba tan mal.

La empresa fue fundada por el abuelo de Ricardo Fort, Felipe, un catalán que con una bolsa de cacao hizo milagros, pero fue conservada por la mano firme y la prudencia de Carlos, quien no se obnubiló ante los espejismos del menemismo y atravesó los `90 sin pedir créditos. Algo tal vez igual de milagroso.

-¿Cómo era Ricardo de niño?

-Era un niño hermoso. Siempre quiso ser artista. Lo sacó de mí. Con ocho años me acompañaba a los ensayos de canto lírico.

Marta Campa, su madre, también acompañó a Ricardo en su presentación en Montevideo. Ella siempre quiso cantar e incluso grabó un disco: ¿ Y qué será de mi?

Ahora, cuando asiste a las funciones de su hijo, parece una cantante de ópera venida a menos: la piel muy blanca de maquillaje, labios rojos, capa de terciopelo, caravanas y prendedores de stras. Lejos está la mujer que en 2000 y como vicepresidente de la compañía, abría mercados para los chocolates Felfort en el Líbano, en Siria o en China de la compañía. Tampoco de la empresaria que en pleno 2002 en un encuentro entre empresarios y el gobierno increpaba frente al auditorio al Ministro de Economía, Roberto Lavagna, porque el corralito se había quedado con cuatro de los millones de dólares de la empresa y ella los quería de vuelta.

Probablemente con ella, Ricardo haya perdido el pánico escénico, si alguna vez lo tuvo. Los ensayos maternos lo llevaron a aprender canto con Helga Epstein y con Horacio Soutrik. Lo cierto es que esa afición artística para Marta valen más que cualquier título. Por eso, cuando se le pregunta dónde estudió Ricardo responde que no se acuerda, que fue en algún colegio de Belgrano.

-Fui y me echaron de todos los colegios de Argentina -señala el millonario

Desbordante, como sus músculos. "Cuando quería ser famoso, yo no tenía plata. Mi padre tenía plata, pero era una persona muy dura, y si quería plata tenía que ganármela trabajando". Como sus regalos. "Quería ser padre. Es lo mejor, lo más grande. Tener a mis hijos y criarlos yo, como yo quiero, sin que nadie me diga cómo tengo que hacerlo". Como el azúcar en los chocolates. Así, son sus afirmaciones.

Un baño de chocolate.

-Calleja, ¿qué tenés que hacer el resto de tu vida?

La actriz estaba haciendo teatro under, tenía un unipersonal, pero sí, podía. Solo tenía que arreglar unas cosas.

-Dale, Calleja, vos la tenés re clara.

-Fue un toro lo que hice -dice Fernanda Callejón. Se le dice toro porque me aprendí la obra en dos días para suplantar a Silvina Escudero. Yo lo conozco desde hace 10 años a Ricardo y estaba esperando que diera el batacaso. Tiene un gran talento.

-¿Por qué?

-Porque rompió la cuarta pared. El inventó el reality en el mismo vodevil. En el libreto, el vodevil, la comedia de enredos, es muy preciso. Meterle la actualidad, quebrar la cuarta pared, es difícil. Solo lo vi a Olmedo, salvando las distancias, hacer eso y en la tele. Para nosotros fue un desafío. Es difícil salir del libreto y volver.

En Fortuna, el libreto y la realidad parecen una, es cierto. Fort caracteriza a un millonario que dilapida su fortuna en anillos para sus novias, en viajes y fiestas de cumpleaños. Pero no es solo eso. El guión se quiebra para insertar chistes sobre Virginia Gallardo, para responder a los gritos de los espectadores o para desmerecer a la competencia. Sin que eso todas las veces implique talento.

Callejón no es la única que contribuye al baño de chocolate que recubre a Fort. "Es un jefe súper permisivo, paga súper sueldos, te da mucha libertad sobre el escenario", dice Claudia Fernández. "Es muy divertido, súper compañero. Está pendiente, me hace sentir como una reina", dice Claudia Ciardone. "Sin ninguna duda obtiene lo que quiere, no desde la plata sino desde el convencimiento", dice su productor, Jorge Arellano. Tal vez no sea solo un baño.

El Indio no da su nombre. Quizás quiera pasar a la posteridad con ese epíteto, quizás así resulte más temible, quizás no le importe la pregunta. Pero no responde. Es uno de los cuatro guardaespaldas que custodia a Fort. Un hombre enorme, de músculos hinchados y facciones que respaldan el sobrenombre. Usa lentes de sol y ropa negra. Duerme en su casa, pero vive 16 horas al día, al menos, con la celebridad. Come, mira televisión, va al gimnasio con él. También viajan juntos. Es uno de los que sube las motos que anuncian la llegada de Fort. Por tratarse de Uruguay va acompañado de dos policías de Operaciones Especiales, que escoltan extranjeros prominentes cuando la ocasión lo requiere.

-Yo no entiendo cuál es la gracia de andar empujando así a la gente. Nosotros le ofrecimos sacarlo por Colonia, que es menos ancho y es más fácil que llegue al auto. Pero no, él quiso salir así, por la Plaza Cagancha -dice uno de los funcionarios del Teatro Plaza.

Terminada la función, Ricardo sale del teatro custodiado por los seis guardaespaldas. Afuera espera el deseado Rolls Royce plateado. Y una turba de cámaras de fotos y de niños y adolescentes y adultos dispuestos a pecharse, a amontonarse, a pegarse para estar diez centímetros más cerca de él; para tener un mejor encuadre que eternice su proximidad a la celebridad. Al grito de "Olé, olé ,olé, Ricky, Ricky", la gente lo busca, lo vitorea. Empleados del Teatro Plaza no recuerdan a ningún otro artista que haya sido tan deseado al término de una función. Ni el dúo Pimpinela, añaden. Fort se sube al techo del auto y alza las manos. Deja que lo mimen, que lo admiren, que lo compren.

En la venta de golosinas la proximidad cuenta: entre que una persona reconoce una golosina y la elige pasan 10 segundos, el 70% de las compras se deciden por impulso y las posibilidades de que un cliente compre su producto aumentan un 26% si puede tocarlo. Por eso, la distribución en los quioscos es fundamental para las golosinas. Eso fue los que intuyó Carlos Fort cuando rehusó negociar las exigencias de los supermercados y dejó de venderles. Eso es lo que Fort mejor aprendió, una sola estrategia: es fundamental estar en todos los puntos de venta.

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