"El arte debe ser provocador"

| Mario Ferreira toma las riendas del teatro y la televisión dispuesto a seguir incitando a su público.

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Aunque lo niega es un galán. Toma el banco, mira al lente y seduce. Sabe posar. Dice que no tiene creatividad más que para dos caritas y que se siente ridículo, pero en el rollo quedan estampadas unas cuantas imágenes particularmente sugerentes. Entre cierra los ojos, se pone serio, mete las manos dentro de los bolsillos y se cuida... de que no se le vea la panza (que no tiene), de que la camisa no le quede arrugada. Entre medio aclara que no es un galán, que es una imagen que se ha creado sobre él y contra la cual lucha, pero al poner los focos de luz, acomodar los paraguas y comenzar a tirar el flash sobre su imagen el estereotipo se remarca.

Tampoco es que no sea un tipo con pienso, con talento. Mario Ferreira (37 años) además de conquistar a través de la pantalla de "Constructores" sí es profundo e inteligente como para llevar adelante una obra reflexiva como "Séptimo Cielo". El es esas dos caras. La oscura y la clara. La que tiene entramados teóricos que buscan proyectarse sobre el escenario y la iluminada que aprovecha el juego de las sombras para clavar la mirada y seducir. Se ríe. Pero después de un rato admite que es bueno tener esos dos perfiles... y disfrutarlos.

"El tema de que te vean como galán escapa a nuestras manos, no creo que nadie piense que la consecuencia de hacer la telenovela sea que te vayas a convertir en un galán. Hay algo que es claro y es que no pongo la energía en el trabajo de ser un galán, sino que es una consecuencia del planteo. El personaje de ‘Rafa’ (en "Constructores") genera toda esa cuestión de seducción permanente como una forma de tapar otras cosas como la incapacidad para madurar y afrontar ciertas responsabilidades con su ex mujer, con sus hijos. Pero lo bueno que tiene el personaje es que sobre el final ya va sufriendo transformaciones y ese tipo que al principio se lo veía muy preocupado por sí mismo, empieza a volcarse hacia otro lado, a entender el momento de la vida en que está.

De todas formas, este perfil de seductor, que se ha vuelto masivo a través de la telenovela (a partir de la cual recibe constantemente mails y llamados de fans que solicitan fotografías suyas), no es un concepto nuevo en él. A lo largo de su carrera actoral en el teatro le ha tocado interpretar en variadas ocasiones al "apuesto" de la obra; por ejemplo, en la exitosa "Debajo de las Polleras", de Franklin Rodríguez.

"Yo no reniego de eso porque desde las tragedias griegas, pasando por Shakespiare hasta el teatro de hoy en día, hay autores que piden que determinados personajes tengan características físicas dadas por que si no, no funcionan. Lo que pasa es que el tema de la armonía física se ha empezado a ver más. Es la historia de siempre: si una persona es agraciada físicamente seguramente quede en eso o le va a costar más demostrar el talento que tiene. Al principio tuve una seguidilla de papeles que me mostraban en ese rol pero también hay que hacerse cargo. Uno también elige los papeles. Alguien convoca a otra persona para hacer un papel por sus condiciones y si además le sirven las características físicas mejor; yo creo que eso pasó conmigo".

PRODUCTO TELEVISIVO. Más allá que no demuestre tanta alegría o tome con picardía el hecho de ser encasillado como un actor seductor, reconoce que la televisión le ha dado una masividad que rara vez podría haber alacanzado a través del teatro.

"Si bien ‘Constructores’ no es la primera novela que se hace sí estoy convencido de que es la primera que ha permitido que la mirada de los uruguayos cambie hacia los actores, concretamente porque nosotros hacemos teatro, venimos de allí y el público que va al teatro es muy reducido. La gente que no va al teatro no sabe que en Uruguay hay actores y cuando se enfrentan a un producto de calidad, bien hecho, escrito e interpretado, eso le empieza a entrar de otra manera".

Más que la repercusión de las mujeres que escriben o llaman, a Mario Ferreira lo mueve la reacción en general de la gente. Entre las tantas cosas que le pueden llegar a decir por la calle, hace unos días, una señora le atrajo la atención gritándole: "¡Actor nuestro!". "Yo me quedé como pensando qué significaba que me hubiese dicho eso: es que hace 35 años estamos viendo actores de otros lados. Y es absurdo esto, a pesar de que las cosas que se hacen en otros países son buenas y es bueno que se vean. Creo que es un momento para que nos aferremos a nuestra identidad. Pienso que es importante ver lo que ‘Constructores’ significa socialmente, el que la gente viernes a viernes esté mirando un ficción uruguaya bien hecha, con actores que hablan como hablan ellos, recorriendo los lugares que ellos recorren".

HOMOSEXUALIDAD. Entre las cosas que destaca de la tira fue el abordaje de temas con contenido social importante como la homosexualidad. "Fue absolutamente jugado pero fue bárbaro el encare que se le dio al tema y la interpretación que hicieron Alvaro Armand Ugon y Gustavo Antúnez en la telenovela. Yo reivindico la calidad y la seriedad con la que fueron tratados esos temas y lo que le dejó a la gente, lo que la hizo reflexionar a partir de lo que le propusimos", dice.

Sin embargo, en su caso, este tema no fue una cuestión exclusiva de la pantalla chica. Este año, en el Teatro Notariado, presentó "Séptimo Cielo", una obra de Caryl Churchill (autora de la cual dirigirá el próximo año otra obra para la Comedia Nacional) que a través de un catálogo sexual no convencional se hace una ácida crítica a la sociedad británica.

Si bien la obra contó con los aplausos de la crítica tuvo sus dificultades con el público en general. "Séptimo Cielo" fue una pieza que transitó por varios momentos: las expectativas de un comienzo (luego del éxito del "El último Yanqui"), el seguido desconcierto de los espectadores, la caída y el repunte final con un público que sabía lo que iba a ver, según expresa Ferreira, director de la obra. "Es que no era una obra fácil para todo el mundo. Tampoco es obligatorio que a todos les llegue un determinados mensaje, pero creo que en esta sociedad hay también una cuestión de pacatería muy grande. Por ahí se aceptan determinadas cosas pero cuando las ves; es decir, por ahí el tema del homosexualismo se festeja y la gente lo acepta más si ve una parodia de eso, pero cuando ve el tema tratado seriamente puede resultar inquietante".

El texto llegó a sus manos luego de que Mario Traverso (productor de "Séptimo Cielo") se lo alcanzó a Margarita Musto y ésta, entusiasmada con la obra, la tradujo para que Ferreira la pusiera sobre la escena.

"Estoy seguro que es uno de los espectáculos más lindos que yo voy a hacer siempre porque me parece una autora increíble. Caryl Churchil tiene una forma de entender el teatro diferente a todos que a mí me removió mucho, pero no sólo por lo provocativo que podía ser el tema, sino por todo lo que quería decir a través de esa pieza. A partir de las dificultades de la gente para vincularse, ella hace una gran denuncia o crítica al Reino Unido y a los valores y principios sobre los cuales creció esa sociedad".

Según expresa, por la propia carga semántica de la obra, fue el trabajo más difícil de los que ha dirigido. Por esto debió hacer un estudio superior de los procesos de los actores y de los cambios de situaciones de éstos (la obra está planteada en dos actos) que casi no tenían tiempo para armar el nuevo personaje.

"Por ahí uno piensa que tendría que hacer otra cosa para que la gente respondiera pero no estoy convencido de que el artista tenga que estar procurando hacer lo que el público quiere ver. Porque nunca sabés qué es lo que quiere, no hay una fórmula para eso. Además, los espectadores quieren ver eso hasta cierto punto pero tal vez mañana ya no. Lo que sí creo es que cualquier manifestación artística tiene que provocar cosas; aunque sea risas. Me parece bueno afectar la sensibilidad del espectador en el buen sentido; el arte debe ser provocador".

EXITOS Y PROPUESTAS. Si hay un trabajo de Mario Ferreira que la gente sigue queriendo disfrutar es su obra "El Ultimo Yanqui", que a lo largo de este año ha sido repuesta con éxito en la Sala Verdi, ha recorrido el interior del país, se ha presentado en un festival en Córdoba y está próxima a viajar a Chile para presentarse en otro festival. "Es un proyecto importantísimo para mí. Es un título que evidentemente provoca cosas al público más allá de lo que uno se propuso o puede esperar".

Pero además de esta obra en cartel bajo su dirección, este año se pudo ver su faceta de actor en la pieza "La Prueba", llevada al teatro por Mario Morgan, en la cual encarnó a un matemático. De allí, según cuenta, lo más interesante fue el tener que entrometerse en el mundo de las matemáticas "porque si hay algo lejano a mí son las matemáticas; padecí esa materia durante todo el liceo, entonces hacer de un matemático me hacía mucha gracia".

Dentro del mundo de la actuación su siguiente paso es la participación en uno de los ocho unitarios del ciclo "Ocho por Ocho", que estará al aire por Canal 4 durante el verano. "El que yo participo lo dirige Sergio Miranda (son realizados por ocho directores diferentes) y cuenta la historia de un matrimonio bien constituído al que se le aparece un ex amor de la mujer a reclamarle algo. Ella corresponde a esa ayuda pero después hay una vuelta de tuerca, que es un poco el nudo de la historia, que hace que el final sea inesperado".

Si bien se trata de la pantalla chica se lo ve entusiasmado con esta propuesta. Tal vez porque se asemeje al género de comedia que tanto le gusta interpretar. "Es muy gratificante hacer comedias por eso de la respuesta de la gente, porque uno mide más fácil cómo esta saliendo una función y en tal caso se pone un poco como a domar al público cuando ve que no está funcionando mucho lo que uno está haciendo. Con las comedias corre una adrenalina particular".

EL 2004. Más allá del unitario y de dirigir el próximo año para la Comedia Nacional, por el momento, Mario Ferreira no cuenta con otros trabajos concretos (sí proyectos no confirmados de nueva participación en la tira de Canal 4 y la puesta en escena de nuevas obras).

Con este panorama, varias preguntas salen a confrontar al actor y director Mario Ferreira.

1) ¿Dar un paso más y lanzarse a escribir? No. "Hace muchos años tuve un intento de escribir tres escenas de algo y cuando las terminé me parecieron espantosas y de ahí nunca más; creo que es un don el del escritor".

2) ¿Dedicarse a la dirección y dejar la actuación? No. "En este momento siento que las dos cosas me pesan igual. No podría abandonar una para hacer la otra porque sería limitarme y desmotivarme. La primer motiviación para que yo me metiera en este trabajo fue la actuación (hace casi veinte años cuando en el pizarrón del Liceo Bauzá había un llamado a integrar un equipo de teatro)".

3) ¿Seguir participando de éxitos? Sí y no. "Uno se puede equivocar y con eso hay que estar tranquilo, porque nos transformamos en obsesivos de nuestro trabajo. Hay que comprometerse con uno mismo a hacer las cosas bien y si eso resulta superior a lo que hiciste antes, mejor. Si no resulta tan superior, después darás otros pasos para avanzar".

Lo que sin duda es verdad es que el 2003 fue un año en el que participó, craneó y disfrutó del éxito. Y además, aunque lo niegue, se convirtió en un galán de la tevé.

Lucía Baldomir

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