ELECCIONES 2019

Votar en casa ajena: ¿cuántos inmigrantes podrán elegir al presidente?

Son 1.208 los extranjeros que en el último quinquenio consiguieron el estatus para votar. Entre ellos, algunos elegirán a un presidente por primera vez. De los miles que aún no pueden hacerlo, muchos siguen paso a paso el camino al sufragio y tienen a un candidato favorito.

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Cancillería tramitó unas 42.000 residencias en el último quinquenio. Foto: Leo Mainé.

"Estás hablando con una persona de 49 años que nunca pudo elegir a un presidente”, dice María Luisa, inmigrante cubana que lleva más de una década en el país. Eso cambiará mañana, cuando vote por primera vez en nuestras elecciones nacionales. “Tengo muchas expectativas, aunque sigo algo indecisa en cuanto a cuál candidato apoyar porque percibo mucha demagogia”, agrega.

A Sandra también le toca ir a las urnas. Nacida en Uruguay y criada en Venezuela, dice que le tocó vivir dos exilios. “Primero me fui escapada de una dictadura de derecha; después, de una de izquierda. A veces pienso que es por eso que en estas elecciones estoy tan desesperada por ser vocera”, cuenta.

Tras su retorno, ocho años atrás, Sandra se acercó a un partido político y en esta instancia integra una lista. “Yo me siento inmigrante y trabajo en una organización con inmigrantes, y te puedo decir que vemos a las elecciones y a la política con un poco de temor. Para empezar porque estamos conociendo al país, y después porque cuando lo conocés y estás adentro te das cuenta de que una equivocación puede dañarlo y tememos que pase lo mismo que en el país que dejamos. Siempre estamos hablando de política porque la mayoría salimos huyendo de un régimen”.

Según información a la que accedió El País, María Luisa es una de los 1.162 extranjeros que obtuvieron la ciudadanía legal en el último quinquenio y están habilitados para votar. Este número luce magro, pero es significativo.

En el período de 2010 al 2015, 698 habían accedido a una credencial. “Prácticamente se duplicó la cantidad de estos sufragistas en comparación con las elecciones anteriores”, apunta Ana Lía Piñeyrúa, ministra de la Corte Electoral.

Este dato confirma la respuesta que se le dio a la opinión pública un año atrás, cuando mediante redes sociales circuló una acusación hacia el gobierno de haberse propuesto acelerar la entrega de documentación a la población inmigrante con la intención de que sumaran votos para el oficialismo en las elecciones presidenciales. Según la Corte, la oleada de decenas de miles de recién llegados no impactará esta vez en las urnas, aunque es probable que sí suceda en 2024. Fuentes del organismo dijeron para este informe que la solicitud de cartas de ciudadanía se disparó y habría unos 1.000 expedientes en proceso.

Dos vías para votar.

De enero de 2015 a setiembre de 2019 la Dirección Nacional de Migración recibió 20.447 solicitudes de residencia, de las cuales fueron concedidas 12.562. Por su parte, Jorge Muiño, director general de Asuntos Consulares y Vinculación del Ministerio de Relaciones Exteriores —que procesa la demanda de residencias definitivas de la población del Mercosur y de familiares de uruguayos— estima que se tramitaron unas 42.000 residencias en los últimos cinco años.

La cifra es altísima, pero Muiño advierte que “a muchos de los residentes no les interesa tener la ciudadanía uruguaya”. Entre 2006 y 2018 la Corte Electoral entregó 3.770 certificaciones de este tipo, que es el primer paso para poder votar.

La solicitud puede hacerse tras cinco años de residencia o tres en el caso de tener familia constituida. De acuerdo al relato de distintos inmigrantes, es un trámite que suele llevar varios meses y requiere reunir documentación que demuestre la estadía en el país y testigos mayores de 25 años dispuestos a declarar. Luego esta información es estudiada por la Corte.

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Sandra retornó de Venezuela e integra una lista. Foto: Francisco Flores.

La norma indica que, una vez obtenida la ciudadanía, es preciso un lapso de otros tres años para poder ejercer los derechos que conlleva. Es decir que deben pasar entre seis y ocho años de residencia antes de que un extranjero pueda votar.

Por eso, de las nacionalidades más populares de los recién llegados, apenas son 71 los cubanos que integran este grupo y 24 los venezolanos; de República Dominicana no figuran ciudadanos sufragistas.

Pero la ciudadanía legal no es el único camino hacia las urnas. También pueden votar aquellos inmigrantes que a pesar de no tener esta certificación lleven al menos 15 años instalados en el país.

La Constitución indica que deben probar haber mantenido una buena conducta y poseer algún capital, o propiedad, o mérito en ciencias, arte o industria. En los últimos cinco años, 46 adquirieron el derecho al voto amparados por este artículo; en el período anterior fueron 20. La mayoría de estos sufragistas son argentinos y les siguen los brasileños. Apenas hay un venezolano.

Entre los nuevos vecinos que todavía no votan están los desinteresados y también los que viven el proceso electoral con mucho interés porque, según confiesan, es la primera vez que observan llenarse los barrios de actos sin que los ciudadanos sientan temor por expresarse.

Desde afuera, pero cerca.

El debate entre Oscar Andrade y Ernesto Talvi, el de Carolina Cosse y Jorge Larrañaga, y el que enfrentó a Daniel Martínez con Luis Lacalle Pou, se vivieron como “eventos especiales” en el hogar de Sofía, ciudadana venezolana. “Esas noches cenamos con la televisión prendida porque queríamos que nuestro hijo aprendiera cómo son las elecciones en condiciones normales”.

Sofía se formó como abogada y se especializó en derecho constitucional, pero dice que a pesar de su profesión siente que es testigo de “algo nuevo”. “Te puede sonar ingenuo, tengo 35 años y me siento una novata porque nunca participé de un proceso electoral sin represión. Tenía 14 años cuando comenzó el chavismo y mi primera participación en una elección fue en un entorno de mucha tensión. Nunca había visto a la militancia en la calle como aquí, sin que sea una actividad riesgosa. Yo había votado pero en un clima peligroso, los debates entre candidatos no existen en mi país y los actos no se desarrollan de forma abierta y pacífica”.

Si bien le faltan dos años para tener la credencial, considera que en la política “hay que involucrarse”. “La experiencia por la que hemos pasado nos dejó la enseñanza absoluta de que como ciudadanos debemos ser parte de las decisiones que se toman. Si no, cuando quieres acordar el contexto cambió y no puedes recordar por qué”.

Otros compatriotas de Sofía prefirieron mantenerse al margen del sufragio. Jésica llegó hace tres años y tras “el drama que la trajo hasta aquí” optó por darle “un stop a la política”, aunque a su hija pequeña la contrataron como extra publicitaria para el spot de una agrupación.

Una opinión similar tiene Hubert, de Cuba. “Soy de los que no se meten en política y como no puedo votar no necesito meterme, así que no me importa lo que está pasando, ni hablo de eso”, suelta.

En el extremo opuesto está Fernando, también isleño. “Ojalá ya pudiera expresarme en las urnas, porque lo que suceda el domingo me atañe porque me va a afectar. Yo vivo aquí y pienso quedarme, así que soy parte de esta sociedad. En todo caso, ya me identifico con una fuerza política aunque me cuesta aún encontrar un candidato que me convenza. Hubiera preferido a alguno que no ganó las elecciones internas”.

Rosana es peruana, pero emigró desde Venezuela. Llegó en 2016. Como le preocupa la inseguridad siguió las propuestas de todos los candidatos y aceptó participar en más de una encuesta. “Me hubiera gustado votar porque en el país donde uno vive es lindo opinar. Me interesa que se posibilite la renovación generacional para que no haya perpetuaciones en el poder. Tuve la suerte de participar como extra para la publicidad de mi dirigente preferido, que no llegó a esta instancia, pero sí quiere ser senador. Pensé en acercarme al comité para vincularme a su sector, pero como todavía no puedo votar y por eso no podré ayudarlo, me avergoncé. Lo sigo por las noticias”, cuenta.

Se dice de mí.

Unos días atrás, un sondeo de la encuestadora Factum arrojó que el 64% de la población considera que debería reglamentarse el ingreso de inmigrantes; el 32% cree que la entrada se debe permitir de forma libre.

El 74% de quienes apoyan la reglamentación pertenece a los sectores más desfavorecidos, mientras que entre los exponentes de clase media y media alta el 55% y 61% respectivamente optó por esta posibilidad. El mismo estudio indicó que las personas más receptivas a la llegada de extranjeros son votantes de izquierda.

¿Qué lugar tuvo la temática migratoria en esta campaña? Susana Novaro, presidenta de la organización Idas y vueltas, opina que el interés y el tratamiento de las agrupaciones fue “distinto y desigual”.

Los programas de gobierno de los principales partidos (Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto, Partido Independiente) incluyen medidas para favorecer la integración de esta población y proteger sus derechos. Tal y como lo interpreta Novaro, algunos lo hicieron desde una posición más “reguladora y controladora del fenómeno” que otros.

Sin embargo destaca que en agosto pasado, durante el encuentro Migración y Ciudadanía, participaron los cuatro partidos con representación parlamentaria y todos los candidatos a la vicepresidencia se manifestaron a favor de retirar las visas de ingreso al país “para permitir una migración libre y más segura, ya que el sistema de visas muchas veces fomenta la formación de una cadena de tráfico y trata de migrantes”. Esta, al menos, “es una buena noticia”, dice.

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Extranjeros que votan: ¿Un privilegio raro en la región?

Uruguay y Chile se distinguen en la región —y en el mundo— por darles el derecho a participar del proceso electoral para todos los niveles del gobierno a los extranjeros que obtengan la ciudadanía legal. En nuestro país, esto conlleva una espera de seis a ocho años de residencia. En agosto pasado la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia presentó la publicación Movilidad humana, donde se recoge que Uruguay es el país latinoamericano con menor nivel de rechazo a la inmigración y el menor nivel de xenofobia. Sobre la posibilidad de acortar el tiempo de residencia para participar del sufragio, la Encuesta de Actitudes de la Población Nativa hacia Inmigrantes Extranjeros y Retornados, que data de 2015, arrojó que seis de cada 10 uruguayos “expresó desacuerdo en dotar a los inmigrantes del derecho a participar en las elecciones nacionales luego de un año de residencia”.

La dominicana Aura participó de esta conferencia desde la primera fila. Confiesa que cuando fue invitada a militar para un partido sintió que podría haber una intención de usarla para simular el apoyo de la población migrante a pesar de que ella aún no vota, entonces se negó. “Aunque me falta un año para la credencial, ya estoy trabajado por el futuro. Me chocó sí ver mucha cosa negativa al referirse a los migrantes por parte de algunos candidatos. Nosotros sumamos al desarrollo del país y en las próximas elecciones vamos a votar; parece que lo olvidaron al desprestigiarnos”, dice.

Yelitza llegó hace cinco años de Venezuela y trabaja en una ONG feminista, tarea que la obliga a estar “muy ligada” a los temas políticos. Asistió a actos y siguió, sobre todo, a un partido. “Vengo de un país en el que no existían las discusiones políticas y había cierto temor a manifestarse en las calles, por eso el vigor y la tradición tan fuerte que tienen aquí me sorprende positivamente”.

Al igual que Aura, le disgustó que un par de candidatos hayan “utilizado” a los inmigrantes en distintos momentos de la campaña para “atraer votos” de aquellos que piensan que les están “robando el trabajo” a los uruguayos. “Hubo sobre todo un candidato que se basó en un discurso que estaba en un sector de la población y quiso hacer una bandera de eso, creyendo que podría sacar provecho. No fue así, afortunadamente. Me puso feliz que ese discurso no calara”.

El domingo seguirá el desarrollo de las elecciones junto a sus amigos uruguayos, con la certeza de que sea cual sea el resultado, los candidatos también le estarán hablando a ella.

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