Un mundo sin petróleo

| Mientras en Uruguay la siesta continúa, el mundo comienza a prepararse para cuando no haya petróleo. O para cuando sea tan raro y tan caro que su uso sea prohibitivo.

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Mónica G. Salomone, El País de Madrid

El petróleo ha superado los 47 dólares por barril, una barrera que hace temblar la economía mundial. Además, el agotamiento de las reservas y la complicación de la política relacionada con los países productores lleva a plantearse cada vez más cómo será el mundo sin el "oro negro".

El espectáculo de la lengua de fuego de un pozo petrolífero entre los árboles de la Amazonia es difícil de olvidar. No tanto por la imagen en sí como por su simbolismo: una sociedad tan ávida de energía que, en su ansiedad, la busca hasta en el rincón más remoto. Muy a menudo son las compañías petroleras las que se internan por primera vez en áreas inexploradas. La selva y sus habitantes originales se convierten en uno de los daños colaterales de una civilización alimentada con un combustible fácil de obtener y, por tanto, despilfarradora y poco eficiente. Pero eso se acabó, o se acabará pronto. Optimistas y pesimistas discuten sobre fechas, pero nadie duda de que dentro de unas décadas habrá que empezar a rascar el fondo de los pozos. Probablemente nuestros hijos vivirán el fin del petróleo. ¿Qué hay previsto para ellos?

Para muchos, la alternativa energética para el siglo XXI se basa en el hidrógeno. Estados Unidos, Japón y Europa han iniciado programas ambiciosos para hacer posible un mundo movido por hidrógeno. Pero no hay que lanzar las campanas al vuelo. Algunos análisis sugieren que una economía hidrogenada podría no funcionar, y que no conviene ni mucho menos dar el problema por resuelto. Otros llaman la atención sobre el excesivo relajo de los gobiernos: "Un número creciente de gestores siente que el mercado ha resuelto esta cuestión en otras ocasiones, y que volverá a hacerlo ahora (...) Ésta es la receta para el desastre", escribe un grupo de investigadores en la revista Nature.

Pero no todas son malas noticias. Las energías renovables, vistas por la mayoría como una utopía, llevan tiempo creciendo en la sombra. Y puede que su momento esté llegando. La energía eólica es una realidad rentable, pero además los ingenieros de la energía solar empiezan a enseñar (como una buena carta en la manga) cifras de alto rendimiento. Dicen frases como esta de Antonio Luque, director del Instituto de Energía Solar de Madrid: "La energía solar no es el futuro, es el presente".

Consecuencias nefastas

De vuelta a la selva. En un tribunal de Lago Agrio, en la Amazonia ecuatoriana, se juzga estos meses a Texaco. Esta compañía estadounidense ha sido denunciada por 30.000 indígenas por haber contaminado sus territorios durante dos décadas. Los hombres de Texaco fueron, junto con los misioneros, de los primeros blancos en llegar al oriente de Ecuador en los años 60. Varios estudios indican que hasta que se fueron, a mediados de los 90, dejaron tras de sí 115.000 millones de litros de desechos tóxicos y petróleo sin refinar. Los documentos que el juicio ha sacado a la luz revelan que Texaco, hoy Chevron Texaco, arrojó estos residuos al medio sin tratar en una época en que tales prácticas ya estaban prohibidas en Estados Unidos por considerarse peligrosas para la salud.

La economía del petróleo tiene más consecuencias nefastas. Son las emisiones de gases de efecto invernadero, culpables del calentamiento del planeta; la dependencia cada vez mayor de un pequeño grupo de países, y una vulnerabilidad creciente ante el terrorismo internacional.

El año pasado, los comisarios de la Unión Europea Loyola de Palacio (Transporte y Energía) y Philippe Busquin (Investigación) crearon el Grupo de Alto Nivel para el Hidrógeno y las Células de Combustible. Su objetivo: estudiar la situación energética en Europa y emitir un primer informe sobre el hidrógeno como base para la economía. En su introducción, los expertos escriben: "La demanda energética mundial está subiendo a un ritmo alarmante (y) se está cubriendo principalmente con las reservas de combustibles fósiles (...). En la actualidad, el nivel de emisiones de dióxido de carbono per cápita en los países en vías de desarrollo es del 20% del de las naciones industrializadas; pero, a medida que el desarrollo se extienda, este porcentaje crecerá sustancialmente". Y la seguridad de la energía es otro asunto crucial. Los combustibles fósiles, y en concreto el petróleo, están confinados a unas pocas áreas del planeta, y el suministro depende de factores políticos, económicos y ecológicos.

Y como escriben Charles Hall, de la Universidad del Estado de Nueva York, y los demás firmantes del artículo en Nature, "cualquiera que vea las noticias puede advertir las importantes diferencias culturales y políticas entre las naciones que tienen la mayor parte del petróleo y las que lo importan". Es sabido que el petróleo, además de coches, mueve ejércitos: "Si los coches estadounidenses consumieran lo mismo que los europeos, Estados Unidos no hubiera ido a Irak", ha dicho la ministra de Medio Ambiente de España, Cristina Narbona.

Cuestión de décadas

¿Cuánto petróleo queda exactamente? Se habla de las tres pes: reservas probadas, posibles y probables. Uniendo esas tres partidas, los más pesimistas estiman que las reservas de petróleo convencional —el de yacimientos como los explotados hasta ahora— darán poco más de un billón de barriles. Pero nadie puede dar una certeza total. Hay, por ejemplo, otros cálculos más optimistas. El organismo responsable en Estados Unidos, el US Geological Survey (USGS), dice que aún podrían llegar a extraerse unos tres billones de barriles.

Eso, ¿cuánto tiempo supone? Un billón de barriles es, más o menos, la cantidad extraída hasta hoy. Pero que quede otro billón en los pozos no significa ni mucho menos que estemos sólo a la mitad de la era del petróleo, porque, como afirmaban los expertos del Grupo de Alto Nivel, la demanda crecerá mucho. En los últimos años, las mejoras en las técnicas de explotación y el hallazgo de nuevos yacimientos han hecho que la producción anual esté más o menos en equilibrio con la demanda, y así se ha ido espantando el fantasma de la crisis. Pero la sed de crudo "lleva dos años creciendo el 2% anual, el doble que en las últimas dos décadas", explica Luis Cabra, de Repsol. Países en vías de desarrollo como China e India han empezado a despegar, y ese es un proceso sin marcha atrás. En el informe de este año de British Petroleum se dice que, con la producción y la demanda actuales, el crudo nos da para 41 años. Pero ¿y si la demanda se desboca?

Hay quien introduce aquí el concepto de las reservas no convencionales de petróleo, que se extraería de fuentes distintas a las actuales. Por ejemplo, el petróleo ultrapesado de Venezuela (más difícil y caro de refinar) o el que impregna arenas en Canadá. Incluyendo estas reservas en los cálculos, puede que quedara petróleo para el doble de tiempo, pero sería sin duda mucho más caro de extraer. "El mundo no está a punto de agotar sus hidrocarburos. Lo que será difícil de obtener es el petróleo barato. Quedará una gran cantidad de hidrocarburos de baja calidad que probablemente serán mucho más caros económica, política y, en especial, ambientalmente", escriben los autores del trabajo de Nature.

Generando en casa

Carlos Algora, ingeniero del Instituto de Energía Solar (IES), tiene una casa en Madrid que se autoabastece de energía. O, visto de otra manera, Algora tiene una minicentral en la que vive. Los paneles fotovoltaicos de 45 metros cuadrados de la vivienda producen más energía de la que gasta la familia, hasta el 20% más. Así que el sol es para Algora un modesto negocio: vende energía por unos 2.000 euros anuales y paga unos 700.

"Mi casa no está en ningún sitio especial", dice Algora. "En España y en gran parte de Centroeuropa bastan 40 metros cuadrados de paneles para que una familia normal tenga más de lo que gasta. Te subes a un tejado en Madrid a mediodía y dices: ¡madre mía, si las azoteas tuvieran paneles, Madrid sería un generador enorme! Y además nos quitaríamos esa boina de contaminación que tenemos siempre encima".

Sigue, optimista: "El panorama es mucho más bonito de lo que se suele pintar. Nosotros estamos dentro y vemos los avances técnicos". Luque está "completamente convencido" de que la solar será "la principal fuente de energía eléctrica en el siglo XXI".

El rendimiento de las células fotovoltaicas en el mercado ronda el 13%. Pero se hacen células —para los satélites espaciales, para coches solares de competición— con hasta el 25% de eficiencia. En el IES precisamente tienen el récord mundial de célula de mayor rendimiento: convierte en electricidad el 26,2% de la luz que recibe del sol. Antes o después, estas supercélulas llegarán al mercado a un precio razonable. También lo aseguran expertos reconocidos de otros ámbitos. Klaus Hasselmann, director durante un cuarto de siglo del Instituto Max Planck de Meteorología, afirmaba en una reciente visita a Madrid, invitado por la asociación Científicos por el Medio Ambiente, que bastaría un 25% de eficacia en las células solares para que la energía solar despegara del todo.

Ahora bien, ¿resuelven las energías renovables la crisis del petróleo? El problema radica más en el transporte que en la electricidad en casa. Hoy día, el 40% de la energía que se consume en todo el mundo procede del petróleo, y el 90% de ese petróleo se va al transporte. Así que hay que buscar alternativas para el transporte. ¿Sería posible alimentar un auto con energía solar? El pasado junio paró en Madrid, de camino a Lisboa desde Italia, el coche solar más rápido del mundo, Nuna 2, construido por unos estudiantes holandeses con células fotovoltaicas suministradas por la Agencia Espacial Europea. El coche parece sacado de una película: mide cinco metros de largo y 1,8 de ancho, pero no llega al metro de altura; tiene sólo tres ruedas, y la cubierta es, básicamente, un gran panel solar. Puede superar los 100 kilómetros por hora con facilidad. Sin embargo, los propios padres de Nuna 2 reconocen que un coche así "aún está muy lejos de llegar al mercado".

Hay que prepararse

Sí hay, no obstante, una manera de aprovechar la energía solar —y las demás renovables— para el transporte. Y aquí es donde entra el hidrógeno. El hidrógeno no es en sí mismo un combustible como el carbón o el petróleo, sino más bien una forma de guardar energía. El hidrógeno es un gas muy abundante en la naturaleza, pero que nunca está solo; para separarlo de otros elementos —por ejemplo, del oxígeno en el agua— hay que invertir mucha energía. Lo que significa que el hidrógeno no es nada barato, pero funciona como almacén: la energía empleada para producirlo será liberada de nuevo cuando unos dispositivos llamados pilas de combustible conviertan el hidrógeno en electricidad.

En esencia, lo que permite el hidrógeno es diversificar mucho las fuentes de energía que pueden usarse para el transporte. Si usamos energías renovables para producir hidrógeno y luego éste se convierte en la electricidad que alimenta el motor eléctrico de un coche, será casi como si las energías renovables se hubieran empleado para el motor eléctrico. Eso permitiría un transporte realmente limpio. Ni al obtener el combustible (el hidrógeno) ni al consumirlo (en la pila de combustible) se ha emitido dióxido de carbono ni otros contaminantes. El residuo de las pilas de combustible es sólo vapor de agua.

A fines de julio concluyó la gira europea del último vehículo de hidrógeno de General Motors, el HydroGen3.

Lo malo es que, si bien las energías renovables avanzan a buen ritmo, aún faltan unas décadas —estima el Grupo de Alto Nivel— para que puedan servir para producir hidrógeno en cantidades apreciables. Los expertos prevén que en los próximos años se obtenga a partir del gas natural. Hay más desventajas en la economía del hidrógeno. ¿Dónde producirlo?, ¿en plantas centralizadas o en la casa de cada uno? La segunda opción sería ideal: uno produce su propio combustible por la noche; por la mañana carga el auto, y ya está. Pero en instalaciones pequeñas, la eficiencia del proceso de producción de hidrógeno es baja. Los expertos parecen inclinarse, por tanto, por una producción centralizada, lo que conduce al problema del transporte: hay que construir redes de tuberías, hidrogeneras... Habrá que invertir cientos de miles de millones de euros, según el Grupo de Alto Nivel. Más la seguridad: el hidrógeno es muy inflamable; la sociedad tendría que aprender a manejarlo.

A la vista de lo anterior, varios analistas dudan de que sea eficaz usar hidrógeno para alimentar los coches del futuro. Matthew Wald, experto en temas energéticos, escribía en mayo en la revista Scientific American: "Si necesitamos sustitutos del petróleo para transporte, nos conviene buscar en otra parte antes que en el hidrógeno".

Otros, en cambio, creen que es cuestión de tiempo que los inconvenientes se resuelvan. Para Pedro García Ybarra, del español Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, y uno de los expertos del Grupo de Alto Nivel, "hay desde luego incertidumbre; no se puede decir con seguridad todavía que la economía del hidrógeno vaya a sustituir al petróleo, pero el hidrógeno es un buen candidato. Tenemos un colchón de 20 o 30 años para hacer la transición; es suficiente si no nos paramos".

Por supuesto, ese tiempo colchón habría que aprovecharlo no sólo para desarrollar todo lo relacionado con el hidrógeno, sino también para trabajar en muchos frentes en paralelo: extender el uso de los coches híbridos —con motor convencional y eléctrico—, potenciar los biocombustibles y mejorar el ahorro y la eficiencia energética.

Y si estar preparados para el fin del petróleo es la meta final, el Protocolo de Kioto y su obligación de reducir emisiones viene a ser una especie de meta volante. Conquistarla está sirviendo para acelerar el cambio tecnológico, como explica Arturo Gonzalo Aizpiri, actual secretario general de Lucha contra la Contaminación y el Cambio Climático de España (y ex alto cargo de Repsol). "A los sectores económicos les preocupa mucho que controlar las emisiones suponga pérdida de competitividad, pero nosotros aseguramos que el costo de Kioto es muy inferior al de no tener eficacia energética. Y a largo plazo nos prepara para escenarios de escasez energética".

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