- ¿En qué situación se encuentra el Tibet actualmente?
- En Lhasa vivían 300.000 personas, y hoy, las dos terceras partes de la población son chinas. Con el ferrocarril llegan diariamente unas 4.000 personas, muchas de las cuales se quedan. Está bien que vengan turistas, pero también llegan trabajadores no cualificados que se quedan. Crece la nueva población, y los tibetanos ya son minoría en su propia tierra. En educación se insiste en enseñar el idioma chino, y a los padres se les dice que sus hijos estudien chino. La lengua tibetana se está dejando de usar. Tíbet sufre un genocidio cultural. Tíbet está en peligro de extinción.
- ¿Cómo puede ser Tíbet autónomo en el que tibetanos son minoría?
- El problema es que tenemos visitantes que no han sido invitados. Si su conducta es buena, no habrá problemas. Hay una agresión demográfica que nos preocupa. También nos inquieta el medio ambiente: los ríos llevan menos agua. Pero las autoridades chinas tienen planes para elevar la población de Lhasa hasta los 700.000 habitantes. Dado que no buscamos la independencia, la cultura tibetana será parte de la de China. La enriquecerá.
- Su plan para una plena autonomía de Tíbet en China, la llamada Vía Intermedia, no parece tener eco.
- Como en todo país comunista, en China hay diferencias entre las declaraciones públicas y la verdadera opinión pública. Las cosas están cambiando. Los comunistas chinos son comunistas sin ideología comunista. Yo no tengo nada contra el marxismo. Es bueno para los pobres. Pero los líderes chinos ya no se preocupan de ellos, sólo piensan en el poder y en el dinero. Por eso crece el resentimiento de la clase trabajadora. Tiene que haber cambios.
- ¿Perderán los tibetanos la confianza en su liderazgo si fracasa su propuesta?
- Yo asumí la responsabilidad política a los 16 años. Aunque era Dalai Lama, el regente controlaba la política en Tíbet. Poco a poco voy abandonando la responsabilidad política. Estoy semirretirado de la política desde 2001. Dalai Lama ya no tiene poder.
- Los tibetanos temen que este año, en que usted cumple 73 según el calendario lunar tibetano, le vaya a resultar particularmente difícil. ¿Qué peligros cree que le acechan?
- Soy budista y creo que cada acontecimiento tiene consecuencias. Pero no creo en la astrología. Tengo buena salud y un espíritu fresco. Puedo aguantar.
- Se dice que China espera a su muerte para dar carpetazo al conflicto.
- Con mi muerte se dará un paso atrás. Será un choque mental y emocional para muchos tibetanos. Pero el espíritu seguirá: la cuestión tibetana es tibetana, no del Dalai Lama. Por eso introduje la democracia y hay elecciones cada cinco años. Yo digo a los tibetanos que deben actuar como si no hubiera Dalai Lama.
- A su desaparición se abrirá un periodo de incertidumbre de varios años que puede beneficiar a Pekín.
- Tenemos un sistema de elección democrática de los dirigentes políticos. Si el pueblo tibetano quiere que el Dalai Lama siga, perfecto, pero la institución del Dalai Lama desaparecerá si el pueblo tibetano cree que no sirve. Llevo años diciendo que debemos volver a la tradición budista de India. Tras la muerte de Buda no hubo reencarnación y el budismo siguió bien vivo. Hubo más de mil años sin reencarnaciones.
- No ha logrado apoyo de los gobiernos del mundo
- No he sido recibido por ningún líder político. A mí me interesan las reuniones públicas, con intelectuales y figuras públicas.