Una entrenadora invisible

| Adriana quedó sorprendida por la realidad de las qataríes y está viviendo una experiencia maravillosa

SILVIA PÉREZ

Adriana está casada con Jorge Fossati hace 30 años. Y estuvieron dos y medio de novios. Han compartido una vida juntos y ella lo ha acompañado a todos los lugares donde lo llevó su profesión.

Una de las primeras veces que tuvo que hacer las valijas para acompañar a su marido, tenía dos hijas pequeñas y la tercera nació en el exterior.

Hoy, la realidad es otra. Con las hijas ya mayores, encaminadas en sus respectivas profesiones y casadas, Adriana no tiene ningún problema para ir con su marido a donde sea. Aún a Qatar.

En tantos años al lado de Fossati, de a poco y sin proponérselo Adriana comenzó a cumplir un rol complementario a la tarea del entrenador. Donde más lo llevó a cabo fue en Ecuador, durante el año y medio que su marido dirigió Liga Deportiva Universitaria de Quito. Allí se reunía con las esposas de los jugadores y compartía con ellas sus experiencias. "Es algo que se fue dando, por carácter. Porque soy así y porque la vida me llevó a eso. Yo salí de Uruguay con una niña de tres años y otra de cuatro. Necesité de los demás y por eso quise ser lo mismo para otros. En Liga se dio más que en ningún lado, por como son ellos. Y sobre todo porque allá no existe eso de que el jugador no puede ser amigo del entrenador porque lo tildan de alcahuete. Te pongo un ejemplo, tengo la filmación de un cumpleaños sorpresa que las mujeres de los jugadores me organizaron a los pocos meses de estar en Quito, y cada vez que la miro me pongo a llorar. Me hicieron una fiesta con 45 invitados y tres orquestas. Yo estaba lejos de mi familia, de mis hijas y ellas se convirtieron en parte importante de mi vida".

Sin embargo, las esposas de los futbolistas de Liga nunca habían tenido una relación así con la esposa de un entrenador. "La mayoría de ellas no son de Quito y han sufrido mucho. Tienen 20 y pico de años pero han vivido muchas cosas. Saben lo que es estar lejos de sus padres y del resto de su familia. Y como yo ya había pasado por eso y sabía lo que es dejar todo atrás por la carrera del marido, comenzamos a intercambiar experiencias. Lo que significa que tus hijos se críen sin abuelos y lo que es la lucha por no desarraigarte porque sabés que tarde o temprano vas a volver a tu país".

Uno de los temas en los que Adriana más ayudó a las mujeres de Liga, fue el del éxito de sus esposos. " Hay que tener claro que la fama es puro cuento. Son temas que llevan a los futbolistas a sufrir golpes fuertes y para una esposa poder sobrellevar todo eso es muy difícil. Llegó un momento en que algunas de ellas me confiaron que preferían que el equipo perdiera, porque cuando ganaban sus maridos se iban y no regresaban hasta el día en que tenían que volver a entrenar. Todo eso fue mejorando con el tiempo, quizás por cómo es Jorge como entrenador y también por mi relación con ellas".

CLUB

Adriana aseguró que Liga no fue el único equipo donde cumplió ese papel, dado que algo parecido le pasó en River Plate y Danubio, pero sí donde más intensamente lo vivió. "Ellas me buscaron a mí y me dieron ese lugar. Que alguien las escuchara fue importante para ellas. Hoy seguimos siendo una gran familia. Es más, formaron un club de esposas de Liga, con escudo y todo. Cuando voy a Quito tengo que pasar un día en la casa de cada una de ellas. y me llaman y me ponen a hablar con sus hijos. Creo que el hecho de estar lejos de mis hijas también me hizo adoptarlas y lo mismo, pero a la inversa, les sucedió a ellas que me trataron como una madre. Ellas aprendieron de mí y yo de ellas. Creo que mi fe también me ha ayudado para cumplir ese papel. Sólo intenté pasarles algo de mi experiencia para que pudieran sentirse mejor, pero fue algo involuntario, que no me propuse y que simplemente, se dio".

MISTICA

En Qatar, donde Adriana vivió los cinco meses que su esposo lleva al frente del Al Sadd, su vida fue diferente, sobre todo debido a las grandes diferencias culturales. "En Qatar no se puede hacer lo mismo que en Liga, además llevamos muy poco tiempo. El equipo es muy cosmopolita, y hay gente de todos lados. Uno confraterniza con ellos, pero no es lo mismo".

Desde que se fue a Qatar en enero pasado, es la primera vez que Adriana regresa a Uruguay. "Es que el viaje es tan largo, que no da para ir y venir. Con suerte son 30 horas porque no hay vuelos directos y uno ya no está para hacer esos viajes tan seguido. Si no fuera porque estamos tan lejos, lo que estamos viviendo en Qatar sería una experiencia maravillosa. En Qatar la seguridad es impresionante. Podés olvidarte de la cartera en el shopping y volver a buscarla más tarde y está en el mismo lugar donde la dejaste. Nadie tiene necesidad de robar, el Emir se ha preocupado de que todos tengan un sueldo digno y está todo muy controlado".

Para una persona muy creyente como Adriana, vivir en un lugar como Qatar ha sido una experiencia impresionante. "El misticismo me impactó. Además, allí ves la luna de los cuentos. Los palacios existen y estás en el desierto, con tormentas de arena y todo. Hace mucho calor y viento. Si bien es una ciudad moderna, sigue manteniendo esas cosas".

ESPOSAS

Si bien las qataríes deben salir a la calle con el rostro tapado, la realidad de la mujer sorprendió a Adriana. "Trabajan y estudian y las ves manejando. Hay mujeres policías y médicos y la esposa del Jeque es la Ministra de Educación. De repente, lo que a uno le cuesta más entender es que puedan tener hasta cuatro esposas, pero al estar ahí aprendés a respetarlos. Por otra parte, no todos lo hacen. Para tener varias esposas tienen que poder mantenerlas. Y todas las esposas deben vivir de la misma forma y los hijos deben recibir la misma educación. Es más, los hombres son responsables de sus hijos, y se ocupan mucho de ellos. Es algo que se ve diariamente en la calle y en los shoppings".

Dentro de un par de meses, Adriana volverá a su vida en Qatar donde aseguró que reza mucho, quizás tanto como ellos.

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