RAFA JIMENEZ
El año 2005 coronó a Ronaldinho como el mejor futbolista del planeta. Y 2006 podría reafirmar su liderazgo, más si Brasil gana la Copa del Mundo. ¿El mayor placer de esta vida? "Jugar al fútbol". La respuesta de Ronaldinho a esta pregunta es categórica y eso se puede comprobar viéndolo sobre el césped.
A sus 26 años, está en la cúspide. Si algo caracteriza a Ronaldinho es su perenne sonrisa, tanto dentro como fuera de un terreno de juego. Sólo se le borra cuando no puede estar jugando. En el cara a cara, trata con mucha amabilidad a todos y su mano no se cansa de firmar autógrafos. Tímido en el primer contacto, no le gusta acudir a los actos públicos.
Los brasileños son muy religiosos y Ronaldinho no es una excepción. En su taquilla del vestuario tiene numerosas estampas de santos y vírgenes y siempre reza antes de un partido. Es su única superstición, al margen de saltar el último al campo y persignarse al tocar el césped, en los instantes previos a cualquier encuentro. Cada vez que marca un gol, echa una mirada al cielo. A pesar de su religiosidad, no es a Dios a quien dedica sus tantos. El destinatario es su padre, Joo.
El 25 de enero de 1989, cuando Dinho tenía sólo ocho años, su progenitor falleció mientras estaba nadando en la piscina de la casa que Roberto, el hermano mayor, le había regalado a la familia.
Uno de los pilares de Ronaldinho está en la familia.
La ausencia de su padre fortaleció la relación entre la madre, Doña Miguelina, y sus tres hijos: Roberto, Deisi y el pequeño Ronaldo. Dinho está muy apegado a su madre, que vive entre Porto Alegre y España, y sufre mucho cuando no puede disfrutar de sus fenomenales guisos. Roberto y Deisi no son menos importantes. Su hermano es su representante y Deisi es su secretaria personal. El 10 vive en una espaciosa e iluminada casa de tres plantas en la zona montañosa de Castelldefels, a 20 km de Barcelona, con vista al mar.
Todo futbolista tuvo ídolos de pequeño y el de Ronaldinho está muy claro: su hermano. "Siempre he dicho que Roberto era mejor que yo", ha declarado en alguna ocasión.
Al margen de un referente tan familiar, el 10 siempre ha reconocido que decidió ser futbolista mientras veía a Romario triunfar en el Mundial `94. Tostao -en su columna del diario Jornal do Brasil- equiparaba las cualidades de Dinho con algunos de los grandes mitos del fútbol brasileño: "Tiene el regate de Rivelino; la visión de juego de Gerson; la alegría de Garrincha; la velocidad, habilidad y fuerza física de Jairzinho y de Ronaldo; la técnica de Zico y la creatividad de Romario". ¡Casi nada!
Fuera de los terrenos de juego, Ronaldinho no es muy diferente a cualquier joven.
Le encantan los perros (en su casa de Porto Alegre llegó a tener diez) y en Barcelona vive con uno que se llama Bola da Fogo. Siempre acompañado y con poco dinero en los bolsillos, es habitual que pierda alguna cosa allá donde va. También destaca por su enorme facilidad para dormirse en el sitio más insospechado. Le encanta comer feijoada, churrasco y pastel de chocolate. Su número mágico es el 21. Al llegar al PSG pidió ese número porque el 10 ya estaba asignado. ¿Por qué el 21? Nació el 21 de marzo de 1980, su nombre tiene 21 letras, suele marcar goles los días 21, firmó contrato con el Bara el 21 de julio de 2003...
La otra gran pasión de Ronaldinho es la música. Sin complejos para cantar en público alguna que otra vez, es desde pequeño un apasionado de la percusión y un gran amante de la samba y de los ritmos populares brasileños. Ronnie ayuda económicamente a un grupo formado por amigos suyos de la infancia que se llama Samba-Tri.