El español que agota los adjetivos

 20081209 carlos gallo columnista tenis 100x100

Rafael es uno de los peores enemigos de los cronistas de tenis, como solía ser Federer en los últimos tiempos. Surgen graves problemas para intentar ser original ante cada título del tenista de Manacor.

Debo confesar que en los torneos que ganó Nadal sobre polvo de ladrillo, como este de Roma, se me agotaron los adjetivos y tengo que recurrir al diccionario de sinónimos al que también se le terminaron las posibilidades para calificar a quien va en camino a tener los mejores números de la historia del tenis.

Luego podremos polemizar si es el mejor o el más efectivo, aunque sin tanto brillo en sus presentaciones; pero los números no se discuten.

Basta decir que a la edad del español, genios como McEnroe o Federer tenían menos torneos de Grand Slam en su palmarés (cuatro Big Mc y sólo dos el suizo) y tengamos presente que quien todos creían iba a superar el récord de 14 del enorme Pete Sampras sería Roger, pero éste se aleja cada vez más de la posibilidad, no ya de batirlo sino siquiera de igualarlo.

El mallorquín corre con una gran ventaja: tiene al menos un Grand Slam por año asegurado si no ocurre algún cataclismo tenístico -Roland Garros- y cada vez juega mejor sobre todas las otras superficies.

Es el campeón reinante en el césped de Wimbledon y el cemento australiano, así que solo de él depende.

Si su físico responde, puede llegar a números increíbles para cualquier mortal, que evidencien que el mejor de la historia no es Sampras, ni siquiera Federer, sino Rafael Nadal.

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