Vacunados contra la mentira populista

Tras la asunción presidencial de Javier Milei en Argentina, el canal de noticias kirchnerista C5N quiso pegar un primer tiro opositor, pero le salió por la culata. Empecemos por definir a ese medio, para quienes no lo conozcan: es una suerte de Tevé Ciudad de allende el Plata, pero perteneciente a un grupo empresario privado.

Pues bien: el gobierno de Milei había anunciado ya el inminente aumento de tarifas de energía y transporte público, y el informativo de C5N envió un movilero para que entrevistara dentro de un tren a los pasajeros afectados por la medida.

El resultado fue inesperado: desde una profesional de informática hasta un trabajador migrante, con casco abajo del brazo, pasando por un modesto jubilado y un ama de casa, diversos ciudadanos consultados coincidieron espontáneamente en que los aumentos serían duros pero necesarios, por la situación deplorable como el gobierno anterior había dejado al país.

Fue absolutamente coherente con lo que ocurrió en Plaza de Mayo el 10 de diciembre: el presidente entrante no paró de advertir que se avecinaban momentos muy difíciles para Argentina. La palabra “ajuste” fue la más repetida en su alocución y, por si no hubiera quedado claro, agregó un contundente “no hay plata”. Sin embargo, a pesar de haber pronunciado el discurso menos demagógico de la historia de la política de ese país, Milei fue ovacionado por una multitud que además no había sido acarreada al viejo estilo, sino que llenó la plaza de manera espontánea.

Algo cambió en el talante popular del país hermano.

La práctica frenteamplista de generar hechos periodísticos de propaganda para nosotros es bien conocida. Ocurrió desde el primer día de gobierno de la Coalición Republicana, cuando se hacían relatos catastrofistas de una “represión policial” que nunca fue tal, porque el entonces ministro Jorge Larrañaga había tenido la buena idea de que los agentes registraran los procedimientos con cámaras portátiles. Y a días de aquel desgraciado 13 de marzo, el masivo caceroleo promovido por el FA y el Pit-Cnt para reclamar cuarentena obligatoria e ingreso universal. Era como exigir el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Pero en el fondo, la táctica no fue otra que el ya reiterado “cuanto peor, mejor”: empujar a decisiones que fundieran al país para luego sacar rédito electoral de ello.

De ahí a las mentiras sobre la LUC, la denigración gratuita por la crisis hídrica y las indignantes acusaciones de “narcoestado” que hay que aguantar en estos tiempos, no pararon nunca.

A los asesores de comunicación de Milei les alcanza con ver cómo se ha comportado en Uruguay el Frente Amplio desde 2020, para tener un espejo prospectivo de lo que les espera con el kirchnerismo.

Pero hay una diferencia sustancial.

En nuestro país, el cambio vino de la mano de una mayoría ciudadana racionalmente disconforme con inmensos errores de gestión de la izquierda. En Argentina lo provoca la vivencia sensible de un total desvalimiento popular, producto de niveles de pobreza e índices de inflación que superan incluso los de la aguda crisis de 2001. Entonces, la gente común percibe que la única vía de salida es la del sacrificio, un poco a la manera como lo sintieron las naciones derrotadas en la Segunda Guerra Mundial, que levantaron a sus países desde las ruinas hasta lo que son hoy: sociedades prósperas donde el esfuerzo se retribuye mejor que el reclamo y la innovación cotiza más que la ideología.

La pregunta es si en Uruguay tendremos que pasar por la devastación, por la venezuelización que pulverizó a Argentina, para que las grandes mayorías comprendan que el camino no es el de un estatismo prebendario, sino el de la construcción de una economía abierta, próspera y promotora de libertad.

Lo que se puede prever de la campaña que se avecina no es promisorio. El FA acaba de incluir en sus bases programáticas la eliminación de la Transformación Educativa, el retorno al viejo modelo de conducción de la enseñanza y otra vez, la promesa de un congreso de educación co-mo el que promovió Vázquez en su primer gobierno, que la dejó en manos de sindicatos radicalizados y escasamente representativos.

Hablan de esperar la definición del nefasto plebiscito por la ley previsional -siguen sin definir si como fuerza política lo apoyarán o no- y promueven “facilitar” que la gente se jubile con 60 años cumplidos…

De los partidos que integran la Coalición Republicana depende que en las elecciones de 2024, el voto racional se imponga otra vez sobre la demagogia de cotillón.

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