Una de las novedades principales que tendrá la campaña electoral de este año es que la oposición ha sufrido un cambio cualitativo que debe tenerse en cuenta tanto para analizar el desarrollo de las acciones durante 2024 como para presagiar cómo podría ser un eventual nuevo gobierno de izquierda desde 2025. Los ejemplos se vienen acumulando, por lo que vale la pena detenerse, para comenzar a cobrar conciencia de cómo se para el Frente Amplio en la contienda que está por comenzar.
Una noticia que pasó bastante desapercibida por darse a conocer justo antes de fin de año fue la presentación del libro del dirigente del Nuevo Espacio Darío Mendiondo titulado Cómo ganar la batalla mediática. El dilema de la izquierda. Allí se apuntan conceptos de la más rancia izquierda radical y populista en el mundo. La tesis de Mendiondo es que los medios privados conspiran todos contra la izquierda y que, por lo tanto, los medios públicos que puedan controlar deben participar de una “batalla cultural” contrarrestando ese discurso. Vale decir, los medios públicos deben militar en favor del Frente Amplio y por eso señala que “TV Ciudad está en el camino correcto”.
La tesis de Mendiondo no es nueva, se enmarca en autores reconocidos a nivel internacional en la izquierda radical, populista, antidemocrática y antirepublicana. Lo que se sostiene, al fin y al cabo, es que el fin justifica los medios y la izquierda puede recurrir a todos los recursos con los que pueda disponer, para llegar al poder o mantenerse. Si se viola la Constitución o la ley, no importa. La justificación es que se comprende la lucha política como una batalla entre buenos y malos y, por lo tanto, no hay límites a la hora de pelear contra los malos.
Por supuesto que utilizar recursos públicos para fines políticos partidarios es corrupción, pero eso no parece preocuparle a Mendiondo ni a muchos en la izquierda vernácula. Si esta es la opinión de alguien que pertenece al nuevo sector Espacio Social demócrata Amplio, que se reivindica como moderado, la verdad que cuesta pensar con qué propuesta más extremista pueden salir los autoproclamados radicales. Nuestro país se construyó sobre la base de un amplio concenso democrático, en el cual las contiendas electorales se entienden dentro de una democracia en que se gana y se pierde, mientras la vida del país y sus habitantes continúa sin mayores complicaciones. La tesis de Mendiondo parte de otra premisa. Es que es todo vale, porque existe una grieta insalvable. Por cierto que es una idea más propia de la República Argentina que de la tradición política uruguaya, pero Civila, Mendiondo, Pereira, Bergara y compañía vienen haciendo ingentes esfuerzos por que cada vez nos parezcamos más a lo peor de los vecinos.
Y hablando de Mario Bergara, llegamos al otro episodio que muestra cómo la radicalización del Frente Amplio ha llegado hasta los sectores que pretenden posar como moderados. El escándalo que desató Bergara fue consecuencia de un postero en la red X (antes, Twitter), en que expresó una opinión profundamente desagradable sobre la nueva película La sociedad de la nieve, basada en el libro homónimo de Pablo Vierci. Bergara manifestó: “La epopeya de Los Andes fue protagonizada por chiquilines de los sectores más ricos de la sociedad. Muchachos de élite, sin vuelta ni matices. Sin embargo, todos estamos orgullosos de que sean uruguayos. Es una historia que siempre me emocionó, entre otras cosas, por sus visos de heroísmo. Puede que en el Uruguay haya recelos de clase y también consciencia de las diferencias de clase, pero no hay ni debe haber odio ni grieta. Para mí, no es poca la diferencia y hace a las particularidades de esta sociedad que hemos construido.”
Cuesta pensar en una opinión más resentida y generadora de grietas que esa sobre un episodio que todos los uruguayos valoramos e hicimos propio, sin diferencias de banderías ni de ninguna especie. En otras palabras, es una zoncera que solo se explica por la desesperación de aparecer en la prensa por parte de un candidato que se hunde en las encuestas, cuyos dirigentes están desesperados por arreglar con Orsi antes de que se termine de hundir el Titanic y al que cualquier cosa le viene bien por ganar 15 segundos en alguna radio. Querer llevar el milagro de los Andes a la lógica marxista de la lucha de clases es muy bajo, para ser leve. Más allá de lo episódico, lo cierto es que la radicalización del Frente Amplio no es cuento y desde el espacio Seregnista-Progresistas-Marxistas y desde el nuevo sector moderado de Cosse se contribuye a esa posición.