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Una obsecuencia que no da para más

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Cuando apareció en la red X, creímos que se trataba de una noticia falsa, hecha para agraviar a la central sindical, o a lo sumo de un sarcasmo de las llamadas “cuentas parodia”. Por eso ingresamos a la web del Pit-Cnt y descubrimos que no: la declaración era rigurosamente cierta.

Mientras el mundo entero asiste a la triste realidad de una Cuba que pide el auxilio de la ONU para alimentar a su población infantil, el Pit-Cnt publica un comunicado donde manifiesta “su preocupación por los actos de injerencia del gobierno de los EUA para desestabilizar la situación de la hermana República de Cuba”. Acusa al “imperialismo norteamericano” de intentar aprovechar las “carencias diversas que vive el pueblo cubano, -carencias reconocidas por el propio gobierno de Cuba- para generar un clima de provocación en la hermana nación”. Explica la desastrosa situación de la isla por “el bloqueo criminal del imperialismo norteamericano” y condena “al gobierno de EUA y a su embajada en Cuba, que pretenden manipular lo que realmente sucede allí”. Completa la declaración exigiendo “el fin del bloqueo criminal y de la actitud injerencista del gobierno de los EUA, señalando una vez más su apego al derecho a la autodeterminación del pueblo cubano, que debe escoger libremente su régimen social y político”.

Cuesta creer que este mensaje represente de verdad a los trabajadores uruguayos, muchos de los cuales son inmigrantes de origen cubano, hombres y mujeres que huyeron de la isla hartos de la miseria y la persecución política de una dictadura que, si de algo no puede ufanarse, es de representar la autodeterminación de su pueblo.

Es triste el papel de los que pretenden tapar el sol con un dedo y siguen echando mano a la excusa del bloqueo para justificar el fracaso de un modelo económico y político que solo beneficia a su clase gobernante.

La obsecuencia del Pit-Cnt con la dictadura cubana -que se reedita cada primero de mayo con el infaltable discurso de un esbirro del régimen en el Día de los Trabajadores- da cuenta de su atraso ideológico.

El “bloqueo” en cuestión, que es más bien un embargo económico y financiero, fue parcialmente levantado durante el gobierno de Obama y reestablecido por el de Trump. Sin modificaciones de Biden a la vista, a esta altura es más aparente que real.

Un informe de BBC Mundo publicado en 2022 admite que “la isla mantiene relaciones comerciales con decenas de países de todo el mundo y recibe importantes inversiones extranjeras”.

Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional, declara en ese artículo que “el argumento de culpar a estas sanciones por los problemas cubanos es obsoleto. La isla tiene lazos estrechos de cooperación y de comercio con países tan diversos como Venezuela, China, España, Canadá, Rusia, México, Países Bajos, Italia, Francia y Alemania. De hecho, Estados Unidos es el principal exportador de alimentos y medicamentos a Cuba”. Estos datos no son falsedades imperialistas: provienen de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información dependiente del propio gobierno cubano.

Los sindicalistas uruguayos reviven la vieja excusa mientras la sufrida población de la isla sale a protestar a las calles, desafiando la represión gubernamental. Artistas e intelectuales huyen de la censura. La igualdad que supuestamente contrapesaría esa falta de libertad es, en realidad, una miseria generalizada.

Mientras el presidente uruguayo nos enorgullece con su denuncia frontal a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, la imagen internacional que trasmite el Pit-Cnt es francamente deplorable.

¿De verdad quieren que se respete la autodeterminación del pueblo cubano? ¿De verdad quieren, como escriben en su declaración, que este escoja libremente su régimen social y político? Entonces deberían empezar por exigir al dictador Díaz-Canel que habilite la participación de partidos políticos en elecciones libres. Pero es mucho pedir a quienes veneran a Fidel Castro y su inolvidable frase de que “el pluripartidismo es la pluriporquería”.

Cuando comenzó esta dictadura disfrazada de revolución, hace más de 60 años, fue prohijada por la vieja Unión Soviética, a su vez heredera de la concepción totalitaria de Lenin y el imperialismo genocida de Stalin.

Ya corrió suficiente agua bajo el puente como para que dirigentes sindicales que viven en una democracia ejemplar como la nuestra, admitan que ninguna dictadura tiene justificación posible.

Las orejeras ideológicas, realmente, no dan para más.

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