Una demografía que no funciona

Los resultados preliminares del Censo de población que se presentaron la semana pasada debieran de llamar la atención sobre el presente y el futuro del país.

Los resultados arrojaron, en cifras redondas, que somos 3.444.000 viviendo en Uruguay, apenas unos 54.000 más que la población residente estimada en el Censo de 2011. Este dato general y ese crecimiento en once años son menores que los que se habían previsto. En efecto, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) había proyectado que el censo daría unas 60.000 personas más que las que finalmente viven en Uruguay: estamos hablando así de una aproximación que calculó casi un 2% más de población que la que efectivamente hay en total.

Las razones de esa gran diferencia entre las expectativas y la realidad del Censo 2023 aún no han sido ampliamente analizadas. Sin embargo, se ha hecho hincapié en otro dato relevante que conocemos y que es la baja de la natalidad, que muestra que se pasó de cerca de 47.000 nacimientos por año en 2011 a algo más de 32.000 en 2023. Desde 2021 hay más defunciones que nacimientos, por lo que naturalmente se verifica un decrecimiento poblacional vegetativo. La conclusión es sencilla y muy grave: si estas tendencias se mantienen, la población del país en el próximo censo será menor que la de 2023.

La otra fuente de crecimiento poblacional es la que arroja el saldo migratorio internacional, es decir, la diferencia que hay entre los que emigran del Uruguay y los que llegan al país en un lapso dado. En el último medio siglo ese saldo migratorio siempre había sido negativo: eran más los que emigraban que los que terminaban viniendo a residir a Uruguay. En este sentido, los datos preliminares del Censo 2023 que se conocieron señalan que desde 2011 hubo unas 62.000 personas extranjeras que llegaron a Uruguay, con una proporción mayor de venezolanos (27%), argentinos (22%) y cubanos (20%) en el total.

En concreto entonces no estamos hablando de grandes oleadas de inmigrantes internacionales que hayan llegado a Uruguay en la última década: lo que fue censado en 2023 representa, redondeando, el 2% del total de la población total. Es un dato muy importante, porque por años hubo un discurso muy asociado a la izquierda y a agencias internacionales interesadas en estos procesos mundiales, que dieron a entender que Uruguay se había vuelto a posicionar, como lo fue a fines del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX, como un gran receptor de migrantes internacionales. La verdad de las cifras es bien diferente: comparativamente tanto en cifras absolutas como relativas, Colombia, Chile, Perú e inclusive Argentina -cuya situación económica en el último lustro ha sido tan problemática-, por ejemplo, han sido países receptores de migrantes internacionales mucho más importantes que Uruguay, sobre todo de los provenientes de países desestabilizados por dictaduras infames como la cubana y la venezolana.

Por años hubo un discurso muy asociado a la izquierda que dio a entender que Uruguay se había vuelto a posicionar como un gran receptor de migrantes. La verdad de las cifras es bien diferente.

En cualquier caso, lo que no se ha dicho en estos días es que seguramente el bajo crecimiento poblacional del país se deba no solamente a su bajo crecimiento vegetativo -con un decrecimiento verificado a partir de 2021-, sino también a un negativo saldo migratorio internacional de uruguayos. Aquí también se trata de un dato muy importante ya que en todos estos años y hasta 2020, el discurso de que Uruguay era atractivo para los extranjeros -que resultó que no era del todo verdad- fue de la mano del que decía que en realidad los uruguayos ya no emigraban tanto al exterior como antes: en filigrana, la propaganda implícita era que al gobernar la izquierda había oportunidades para todos y no era necesaria la emigración para buscar mejores oportunidades de desarrollo. La verdad, de nuevo, es que, si bien no hay datos minuciosos y fiables sobre la emigración internacional de los uruguayos, la información que se tiene es que fueron más los que partieron que los que llegaron al país entre 2011 y 2023, restando así población total a los residentes en Uruguay.

Falta mucha tela para cortar. Pero, desde ya, los resultados preliminares del Censo 2023 confirman que no son tantos los extranjeros que aquí residen, como se quiso hacer creer desde la propaganda izquierdista; que sufrimos un decrecimiento poblacional vegetativo desde hace un par de años; que la baja natalidad esconde frustraciones de las que públicamente casi no se habla; y que cualquier país cuya población se estanca por décadas, como el nuestro, se enfrenta a un desafío identitario muy grave.

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