Una celebración tenebrosa

En los últimos días hemos visto cómo el PIT-CNT y los sectores totalitarios del Frente Amplio celebraron un nuevo aniversario de la revolución cubana, hablando a las claras de su visión ideológica antidemocrática y contraria a los derechos humanos. La defensa de una dictadura asesina y criminal solo puede ser hecha desde los más hondos abismos del alma o desde los servilismos más repugnantes, como atestigua bien este caso.

El 1 de enero, como para comenzar el año sin medias tintas, el PIT-CNT publicó una comunicación en la red X, que rezaba: “#EstaeslaRevolución. 65 años. Triunfo de la Revolución cubana. Una gesta histórica que marcó un hito en la lucha por la dignidad, la autodeterminación y la justicia social. Cuba continúa demostrando que no estamos destinados a la sumisión frente a los poderosos del mundo.” Así como el lector lo ve. Tratemos de sobreponernos un momento a la indignación de que se celebre la muerte, la violación de los derechos humanos y la destrucción de cientos de miles de vidas, para tratar de analizar un poco qué es lo que celebran estas personas.

Cuando las fuerzas de Fidel Castro finalmente se impusieron al Ejército que comandaba el dictador Fulgencio Batista, se despertó una esperanza de que Cuba pudiera dejar atrás un gobierno autoritario por otro que respetara la democracia y los derechos humanos. Lo cierto es que Fidel Castro, el Che Guevara y todos sus secuaces se encargaron de que la ilusión durara muy poco.

En términos políticos, simplemente una dictadura sustituyó a otra y, en términos cuantitativos, las torturas, muertes y vejaciones de todo tipo se multiplicaron. Se crearon campos de concentración para disidentes y minorías de todo tipo, con especial predilección por la tortura a homosexuales, y el propio Che Guevara declaró en una carta que disfrutaba de asesinar personas. La isla del Caribe se convirtió en una prisión de la que las personas procuraban y procuran escapar en balsas improvisadas, en la que muchas veces pierden la vida en pleno océano, con la expectativa de alcanzar los Estados Unidos. Como ocurrió en Alemania, donde el muro en Berlín lo construyeron los comunistas para que la gente no se escapara hacia la Alemania que respetaba los derechos humanos, en Cuba la gran muralla es un gran mar que se lleva tragadas decenas de miles de personas.

Están documentadas miles de violaciones a los derechos humanos ocurridos durante estos tristes 65 años, las personas que fueron mutiladas en las prisiones, los asesinatos determinados por los propios Castro y sus secuaces y toda una serie interminable de horrores, como para poder mirar para otro lado. Quien celebra la revolución cubana celebra la muerte. No se explica adherir a esta celebración si no es en un proceso de pérdida de todo decoro, todo aprecio por la vida, habiendo sucumbido al servilismo de una dictadura atroz y despreciable. De estos personajes que celebran las violaciones a los derechos humanos, como Marcelo Abdala y sus cómplices, hay que estar lo más lejos en todos los sentidos posibles, comenzando por los valores.

Por si fuera poco, la tragedia cubana también lo es en términos económicos, la inmensa mayoría de los cubanos, algo así como el 95%, según las estimaciones más confiables, vive en la indigencia, vale decir, no alcanza a comer lo necesario para vivir. La isla se ha empobrecido notoriamente, pese a que en las últimas décadas han llegado inversiones extranjeras, un gran turismo y un intercambio comercial creciente con el resto del mundo. La historia no es nueva, es lo que pasa en todos los gobiernos comunistas, salvo una pequeña clase dirigente, llamada nomenclatura, que se enriquece y vive como sultanes; el resto de la población es pauperizada a golpes o a hambre, no hay otra. No es una desviación del sistema, es el sistema en sí mismo, es lo que ha ocurrido con todos los experimentos comunistas y es inevitable dentro de la lógica y los incentivos de ese sistema criminal, que así ocurra.

Afortunadamente, la inmensa mayoría de los uruguayos no compartimos estas ideas despreciables del PIT-CNT y sectores del Frente Amplio. Sabemos que la revolución fracasó y lo hizo hace mucho tiempo, desde el momento en que empezó a asesinar, a torturar y a procurar impedir que los cubanos abandonaran ese infierno en la tierra. Todo lo que ocurrió en Cuba desde que comenzó la dictadura del sátrapa del Caribe fue un horror. Defenderlo hoy, en el Uruguay del siglo XXI, solo puede provocar nauseas, espanto y preocupación.

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