En unos días más empezarán a llegar los resultados de encuestas de opinión sobre las preferencias partidarias de febrero. Hasta el año pasado en todas ellas el Frente Amplio (FA) estaba a la cabeza, con un apoyo algo mayor que el que recibía a esta altura del ciclo electoral en 2019, pero menor que el que obtenía en 2014: en octubre y noviembre de esos dos años, en el primer caso perdió y en el segundo caso ganó.
No es serio poner en tela de juicio la honestidad de los resultados en serie que hace años que elaboran las diferentes consultoras más reconocidas de plaza. Sin embargo, hay al menos dos datos estructurales que importa tener presente y que inciden en estos resultados de encuestas. En primer lugar, está la importancia de las decisiones partidarias que son las que terminan de conformar la oferta electoral. Se trata de algo evidente pero muy necesario para el análisis: en concreto, por ejemplo, no es lo mismo hoy preguntar sobre la intención de voto cuando las candidaturas a la presidencia no están definidas, que hacerlo en agosto de este año cuando los procesos de las internas ya hayan dejado en el tablero electoral qué fórmulas presidenciales se enfrentarán en octubre.
En segundo lugar, las encuestas no pueden medir hoy cuál será el escenario concreto del estado de la opinión en las semanas decisivas previas a la votación de octubre. Hay tres ejemplos en este sentido: el surgimiento de Cabildo Abierto en abril de 2019 quitó relevancia a los resultados de encuestas de febrero de 2019, ya que luego CA fue un actor fundamental para forjar la mayoría de la Coalición Republicana (CR) en las elecciones de octubre y noviembre de ese año; la evolución de las perspectivas de la economía será evaluada en primavera por la ciudadanía, por lo que aún restan meses para afianzar procesos que están en marcha y que deben consolidarse; y finalmente, hay episodios puntuales que marcan el humor del electorado y que en pocos días pueden volcar a la opinión pública en un sentido o en otro.
Sin negar entonces que es muy razonable que el FA pueda estar hoy en día en el eje de apoyo del 40% de la ciudadanía, ya que fue su resultado de 2019 y que ha sido su piso electoral desde las elecciones de octubre de 1999, lo cierto es que hay datos concretos de la evolución económica en particular que auguran, hoy en día, un balance favorable para la CR. Las referencias no son a los grandes datos macroeconómicos -déficit fiscal, endeudamiento público, nivel de exportaciones o crecimiento de la economía, por ejemplo- que importan a los especialistas, sino a las realidades de todos los días que importan a la gente.
En efecto, hay varios datos en este sentido: en estos meses ha habido récord de ventas de automóviles 0 kilómetros; la baja de la inflación ha repercutido en la suba del salario real que está a niveles superiores a 2019; a su vez, ha habido un aumento considerable de la población que tiene trabajo, por lo que los ingresos de los hogares en general también han mejorado (como lo señalan además las estadísticas); estamos con los índices más bajos de economía informal, por lo que los empleos que se han generado son sobre todo en blanco y con todas las garantías de la seguridad social; si bien es temprano para evaluar en su totalidad la temporada de turismo, ya se sabe que fue mejor a la anterior y que, además, vio a muchos uruguayos de clase media con posibilidades de salir de vacaciones; y finalmente, si bien la diferencia cambiaria con Argentina hizo mucho daño al entramado comercial sobre todo del Litoral y hoy en día es menos grave que antes de la llegada de Milei, la verdad es que decenas de miles de compatriotas cruzaron el río en estos meses y adquirieron bienes de consumo y de equipamiento que repercutieron directa y positivamente en su bienestar familiar.
Frente a todos estos datos de la realidad, el discurso del FA pinta una coyuntura desesperada en la que la gente ha sufrido pérdida de ingresos. La situación efectivamente fue muy difícil entre 2020 y 2022 por causa de la pandemia y sus consecuencias, como sabe todo el mundo. Pero también hoy nadie deja de percibir que hemos salido de esa circunstancia espantosa con rapidez y decisión, y que estamos mejor que en 2019 en lo que realmente importa a la gente: más trabajo y más poder de compra.
Si esta evolución general de la economía se mantiene, ¿cómo impactará en la decisión de voto de este año? ¿Acaso no estamos hoy frente a resultados de encuestas que en realidad están marcando el techo de apoyos del FA?