Los desafíos de la salud

El fragor de la política cotidiana, donde muchas veces los temas se vuelcan a lo superfluo o lo absurdo, hace pasar por alto otros asuntos que realmente importan a la gente y que no reciben la debida atención.

La salud es uno de ellos. El domingo pasado, en El País, publicamos un extenso informe sobre el sistema de salud a 16 años de iniciada la reforma.

Dos cosas se destacaban en ese informe, una era la preocupación por parte de las mutualistas respecto a la situación financiera.

La otra preocupación se dirigía a los excesivos tiempos de espera para acceder a una consulta o realizar algún examen. Que esto esté ocurriendo, no solo es asombroso sino también preocupante.

La reforma realizada hace más de tres lustros generó un sistema peculiar, por el cual la prestación de salud en Uruguay por momentos parece puramente estatal y por momentos levemente privada.

Es que a través de Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), el usuario no es estrictamente socio directo de una mutualista, sino que lo es a través del Estado. De sus ingresos, el usuario aporta al SNIS y es este quien vuelca el dinero a la mutualista que el usuario eligió. En consecuencia, la mutualista privada depende de esa peculiar transferencia que recibe del Estado y a lo que se suman otros aportes públicos, para su funcionamiento. Por eso, el sistema sería uno de sanatorios y clínicas de propiedad privada pero con una fuerte dependencia del Estado.

Quien diseñó el mecanismo parece haber querido estatizar la salud, sin que se notara. Quizás eso explique algunos problemas narrados en el informe periodístico mencionado.

Hay una realidad en lo que se refiere a la salud que tiene un impacto crucial para los prestadores de estos servicios. Se trata de la impresionante innovación tecnológica y científica en cuanto a medicación así como aparatos para detectar enfermedades o para tratamientos y cirugía.

Ello exige inversiones enormes y no siempre fáciles de reunir. Esos avances permiten ser precisos en los diagnósticos y certeros en los tratamientos, con lo cual se gana tiempo y se bajan costos. El problema es que esto último solo se percibirá en el largo plazo.

Un ejemplo muy sencillo es la utilización de la laparoscopía como sustituto de la cirugía clásica. Donde este mecanismo se aplica, la operación es más sencilla, menos traumática, requiere una internación breve, una recuperación rápida y menos dependencia de medicación. Todo ello, además de garantizar bienestar al paciente, implica ahorros en los costos.

Si ahora hay dificultades, es inevitable que las mutualistas saquen cuentas, lo piensen bien y demoren estas enormes inversiones o descarten algunas, con el consiguiente impacto en el servicio a prestar.

He ahí entonces un primer desafío a sortear.

La otra preocupación es la referida a las excesivas demoras para dar horas médicas.

Esto se ha convertido en una pesadilla para el usuario y en un tema preocupante.

A veces es casi imposible coordinar consultas y exámenes por teléfono, dadas las demoras en atender y en pasar las llamadas. Si el problema de salud que aqueja al paciente, implica el pase de un médico a un especialista y además hacerse exámenes, eso puede llevar ya no días o semanas, sino meses. Cosa que se complica cuando no es un solo especialista haciendo el seguimiento.

Una demora de semanas, o meses, puede ser decisiva para algunos pacientes.

El problema no es de costos sino de eficiencia. Quizás incida la dimensión de algunas sociedades, realmente enormes, que podrían llevar a que les sea difícil seguir los procesos en esos laberintos infinitos.

Hay un problema de método que lograría superar lo del tamaño. Urge diseñar mecanismos ágiles y eficientes que resuelvan los dramas del paciente: sentarse y pensar cómo despejar la burocracia, acortar caminos y acelerar procedimientos.

Hay sociedades que lo hacen, otras no.

Esa extrema lentitud para atender las necesidades del paciente es, como bien dice el mencionado informe, “el talón de Aquiles del sistema”.

Llegó la hora de abordarlo con la mayor urgencia. La vida de muchos pacientes está en juego, cuando quedan a la deriva en los pasillos de una sociedad sin que nadie apresure los trámites ni se haga cargos de ellos.

Es hora entonces, de afrontar con inteligencia, eficacia y buena disposición los desafíos graves y urgentes que enfrenta la prestación de salud en Uruguay.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar