La Navidad y la familia

En este fin de semana largo en el que cae este año la celebración de la Navidad, tiempo en el que la inmensa mayoría de los uruguayos pasan disfrutando y valorando a sus familias, importa tomarse un momento para reflexionar sobre la película demográfica que hemos vivido en esta última década con relación, precisamente, a la evolución de la familia, y que nos fuera presentada por los resultados preliminares del Censo 2023.

En primer lugar, somos un país que viene envejeciendo cada vez más. Esto quiere decir que la proporción de mayores de 65 años sobre el total de la población del país es cada vez más grande. No es, claro está, un fenómeno nuevo: se puede decir incluso que, desde el censo de 1975, hace ya prácticamente medio siglo, se empezó a notar un proceso de envejecimiento poblacional en ese entonces excepcional en el continente.

Sin embargo, el fenómeno se viene agravando y tiene varias consecuencias importantes. Destacamos dos aquí: la primera refiere a todo el diagnóstico de financiamiento de nuestra seguridad social, que implica que, según los datos que arrojó el Censo 2023, de ninguna manera podíamos continuar con la trayectoria marcada por el régimen actual. Se trata de un tema de responsabilidad política que, claramente, fue enfrentado por la Coalición Republicana y que es negado de la forma más demagógica por la izquierda sindical y sus aliados de importantes partidos del Frente Amplio.

La segunda consecuencia hace al talante general del país. Una sociedad envejecida está naturalmente inclinada a mirar al pasado con nostalgia y apego; tiene enormes dificultades para enfrentar cambios importantes que la saquen de los trillos ya conocidos; y percibe el futuro como algo lejano en el que sus principales cohortes no van a llegar con la mayor vitalidad, sino con la perspectiva de un necesario mayor apoyo a una vejez que, por cierto, está llamada a durar mucho más que antes: otro dato del Censo 2023 fue el aumento importante de uruguayos mayores de 80 años de edad e incluso de ancianos centenarios.

En segundo lugar, somos un país que tiene muy baja tasa de nacimientos, al punto que desde 2021 son más las personas que mueren en Uruguay que las que nacen en un año. Este es un cambio fundamental en la estructura familiar: no solamente las familias tienen menos hijos que antes, sino que las personas deciden ser padres con mayor edad, y viven con mayor peso económico y social la carga de tener a su vez padres envejecidos de los cuales ocuparse.

Si a todo esto sumamos el aumento de la tasa de divorcio de los últimos años, la baja de los casamientos y los datos expuestos en el Censo 2023 acerca del gran aumento de personas que viven solas, es claro que nos enfrentamos a desafíos demográficos y sociales que no es que sean del todo nuevos, pero sí que se han agravado, sin por ello contar a la vista con herramientas para poder resolverlos con ventaja para todos, y, sobre todo para las familias que soportan el peso en sus espaldas de trabajar, educar a sus hijos y ayudar a sus mayores.

Hay un tema de fondo que todo este panorama de envejecimiento, baja de nacimientos y achicamiento de estructuras familiares deja planteado y que importa señalar: la historia es la demografía. Esto quiere decir que la vida de los países está formada por su gente y por tanto importa mucho el afán que tengan de perpetuarse y de mirar al futuro con esperanza y con capacidad de seguir creciendo. Cuando eso no ocurre, cuando un país envejece, tiene más muertes que nacimientos, deja de ser un lugar de radicación relevante para personas extranjeras y se transforma en un destino periférico y menor. Los problemas que aparecen detrás son los de su propia supervivencia como nación, y el de su existencia autónoma e independiente, en tanto identidad colectiva, con un mirar propio capaz de dejar su impronta. Infelizmente, esta perspectiva de fondo, sustancial, que hace a nuestra identidad nacional, al querer vivir juntos y mirar al futuro con esperanza -que eso es, en definitiva, la alegría del nacimiento que justamente se festeja en Navidad-, no quedó planteada en el debate público a raíz de los resultados escalofriantes que dejó el Censo 2023.

Ojalá que este tiempo de fiestas en familia y de celebración de la Navidad para tantos compatriotas con sentido religioso traiga también un sentido de reflexión colectiva que nos haga pensar mejor en el destino de esta gran familia, que es el Uruguay, y que enfrenta desafíos demográficos como nunca antes en su Historia.

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