El presidente Lacalle Pou regresó al país tras participar en Estados Unidos de una cumbre de mandatarios latinoamericanos con el presidente Joe Biden. Ni bien regresó, tomó decisiones firmes relacionadas a la crisis de los audios. Aceptó las renuncias del ministro Alberto Heber, del subsecretario Guillermo Maciel y de su asesor Roberto Lafluf así como la de Francisco Bustillo. Omar Paganini irá a la cancillería (una buena decisión, pero una pérdida para el Ministerio de Industria) y Nicolás Martinelli y Pablo Abdala irán al ministerio del Interior.
La crisis, tan difícil de calibrar, pasará ahora a la esfera judicial y el gobierno seguirá haciendo lo que corresponde: gobernar.
Algunos dirigentes frentistas y el líder de Cabildo Abierto, senador Hugo Manini Ríos, reclamaron que el presidente adelantara su retorno para afrontar la crisis.
Por suerte, el presidente no hizo caso a esas exigencias y completó su viaje, que era de especial importancia para el país.
Con su habitual aplomo, fue siguiendo lo que ocurría en Uruguay para regresar con decisiones tomadas, pero se mantuvo firme en la necesidad de participar en la cumbre de la llamada Alianza para la Prosperidad Económica y en la que estuvieron varios países del continente.
El escándalo en torno al caso Marset (que tiene más que ver con manejos internos de algunos ministerios que con la concesión del pasaporte al narcotraficante), dejará sus secuelas pero con el tiempo será recordado como un episodio complicado de los tantos que se viven en un país. La presencia del presidente en la cumbre sin embargo, es parte de una crucial estrategia nacional de inserción en el mundo.
Quienes reclamaron el pronto retorno del presidente no supieron medir la gravedad de un episodio respecto a la trascendencia del otro.
De haber analizado bien lo que estaba en juego, hubieran sensatamente aconsejado al presidente que cumpla con la misión que lo llevó a Estados Unidos, para luego acá anunciar las designaciones La cumbre fue relevante porque le dio al país un espacio para proyectarse.
En un mundo en convulsión, con dos feroces guerras (Ucrania e Israel), Estados Unidos necesita reforzar sus alianzas y no puede subestimar algunos flancos. Por eso ahora busca acercarse a América Latina.
En esta cumbre debió escuchar una variedad de posiciones ante la situación en Ucrania y en Medio Oriente, lo que mostró la apertura del presidente norteamericano al convocarla.
Estaban allí Gabriel Boric de Chile, con una política exterior pendular (por momentos expresa una visión sensata y liberal, en otros emerge su veta radical); Gustavo Petro de Colombia con su radicalismo elemental, así como el presidente saliente de Ecuador Guillermo Lasso, con un enfoque razonable de la realidad y que al irse (por una renuncia anticipada), deja el gobierno en manos de un presidente que en su campaña electoral logró frenar el intento de Rafael Correa y sus secuaces de regresar al gobierno.
En la cumbre, el presidente Lacalle Pou insistió en la necesidad uruguaya de abrir mercados y recibir inversiones. También habló de la apuesta de nuestro país a convertirse en un “hub de innovación”, es decir un polo regional de investigación y de inversiones para la innovación en tecnología.
El presidente explicó algunos escollos que encuentra Uruguay para abrirse a otros mercados y atraer inversiones, entre ellos la paradoja de que por ser un país que al cumplir con los requisitos, eleva su puntaje y por lo tanto no es considerado prioritario a la hora de discutir ventajas arancelarias y de otro tipo.
Como se comprobó a lo largo de estos cuatro años, el trabajo de buscar nuevos espacios es arduo, toma tiempo y por momentos resulta frustrante. Pero es bueno que el país use cada oportuni dad para hacer escuchar su voz. Tiene buenas credenciales para presentar y con ellas debe vencer las barrera que ponen algunos interlocutores del otro lado, donde siempre entienden y alaban la posición uruguaya para terminar agregando un “pero” que tranca los avances.
La cumbre a la que asistió el presidente era un privilegiado foro, con la presencia comprometida del presidente Biden y todo indica que Lacalle Pou hizo buen uso de su tiempo y visibilidad allí.
No entender la importancia de lo sucedido en Washington, es mostrar poco interés por lo que genuinamente importa. Es confundir politiquería con la buena política, la que cambia la vida de la gente.