El kirchnerismo uruguayo

De a poco los uruguayos y, en particular, los montevideanos, nos hemos ido acostumbrando a la utilización de métodos para hacer política que hasta hace poco tiempo nos resultaban absolutamente ajenos, podría decirse incluso más propios de la cultura política argentina. Pero desde 2020 en adelante la Intendencia de Montevideo ha demostrado que tiene pocos escrúpulos a la hora de pintar la ciudad de verde, utilizar TV Ciudad como vehículo de propaganda partidaria proselitista y, la novedad, cambiar la fecha de fundación de la ciudad para poder celebrar sus 300 años en año electoral con espectáculos “gratuitos”.

Parece ser que Carolina Cosse y su equipo han tomado como ejemplo de cómo hacer política al kirchnerismo argentino, portador de todas las mañanas contrarias a la institucionalidad y defensores, como Perón, de que el fin justifica los medios. Quizá sea por la influencia del kirchnerista uruguayo Gonzalo Civila que con su hábil estrategia está logrando que el Partido Socialista pase de uno de los principales sectores del Frente Amplio a un grupo unipersonal, o la convicción de la propia Cosse de que solo con medios poco uruguayos puede ponerse a tiro en una interna que viene corriendo de atrás. Lo cierto es que estamos ante uno de los usos más repugnantes de que se tenga memoria de las instituciones públicas con fines político-partidarios en nuestro país.

Desde el propio comienzo de la gestión vimos episodios insólitos, como que se adoptara el color verde cotorra para identificar a la nueva administración, siguiendo el manual de estilo de los gobernadores de la provincia peronista. Como parece que les pareció que la estrategia implicaba que todo lo que se pudiera pintar de verde fuera pintado, no se salvaron de la ola clorofílica ni los semáforos ni las plazas públicas. Resulta curioso que en una ciudad que se distingue en la región y en el mundo por la falta de infraestructura nueva y por el descuido y suciedad de los espacios públicos, se destinen recursos a fines tan estrafalarios, pero, al fin y al cabo, a juzgar por los resultados electorales, a los montevideanos no les importa vivir en la oscuridad, eludiendo escombros y mugre donde deberían existir espacios de socialización comunal.

El uso del canal de televisión de la Intendencia también tuvo un cambio radical. Desaparecieron los buenos programas que supo tener en épocas pretéritas para tomar una decidida posición política partidaria, que hoy es explicada y justificada por las propias autoridades de la emisora y dirigentes de espacios “moderados”. Todo esto, por cierto, también es muy kirchnerista y La letra chica, los programas de entrevistas y el noticiero hacen recordar al 6-7-8 de la vecina orilla en que no se daba una opinión que no fuera del propio partido ni de casualidad. El comentario no es contra los periodistas que se ganan su sueldo teniendo que padecer la línea editorial marcada por la Intendencia, como han confesado varios exdirectores de TV Ciudad. Es para las autoridades que desprestigian lo público con un uso rastrero y miserable.

Y la frutilla de la torta, por si faltara algo, es cambiar la historia para que se ajuste a los intereses electorales de Cosse. La fecha de fundación de Montevideo, que siempre se consideró 1726, como lo demuestran las celebraciones anteriores por el centenario y el bicentenario, ahora pasaría a ser 1724, como en la pieza cómica de Les Luthiers, en que unos políticos cambian el año de la fecha de la independencia para que rime con el nombre del presidente de la República. Lo cierto es que para que este año exista una excusa para organizar recitales y fiestas vendidas como gratuitas para los montevideanos, se cambió una fecha histórica. Nada parece interponerse en el camino de esta dama de hierro que nos tocó por padrón, pero que a diferencia de la inglesa sigue recetas que en caso de aplicarse nos hundirían en la humillación internacional y en la pobreza interna.

Lo bueno que tiene el desprecio institucional, el despilfarro y el vilipendio a la inteligencia de los uruguayos que demuestra Cosse es que nadie puede hacerse el distraído. Quien vote por ella, votará por el proyecto kirchnerista que hundió a la Argentina en la miseria y que, no tengan la menor duda, podría hacer los mismos estragos en cualquier país del mundo, incluso el nuestro. El camino del progreso es el del respeto a la Constitución y la ley, a los derechos individuales y la libertad en todos los terrenos. Exactamente el opuesto del que nos propone la aspirante a Cristina Kirchner vernácula.

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