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El hospital Claveaux y los etarras

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Cinco meses atrás, el 6 de noviembre del año pasado, el gobierno del presidente Lacalle Pou y la Coalición Republicana inauguró el nuevo hospital del Cerro, reclamado infructuosamente durante más de 20 años. Siempre había una prioridad que lo postergaba, por más que se trataba de gobiernos del Frente Amplio y una barriada que escuchaba con alboroto las promesas y le era fiel.

El nuevo centro hospitalario que hay hoy en el Cerro es un “edificio inteligente” de 2.411 metros cuadrados, blocks quirúrgicos, salas de internación, laboratorio y servicios de hemoterapia. La inversión total superó los 16 millones de dólares. “Comprometimos todos nuestros esfuerzos para que fuera una realidad” expresó el presidente al momento de su inauguración.

Ahora, hace una semana escasa, tocó el turno a la inauguración del muy remodelado centro hospitalario Dr. Enrique Claveaux, conocido como el ex Hospital Filtro, en un área total de 6.000 metros cuadrados. Se ubica entre los barrios Bolívar y Jacinto Vera, a un par de cuadras del Edificio Libertad donde hoy se encuentra ASSE.

Entre otras especialidades, Claveaux es un centro de referencia de salud mental, posee una unidad pediátrica ambiental, única a nivel nacional, servicios de laboratorio y de atención a casos de violencia basada en género, farmacia, admisión, enfermería y medicina familiar y comunitaria a domicilio. Ofrecerá, entre otros servicios, telemedicina, neumología e imagenología, ítem en el que se incluye un nuevo equipo de rayos X, ecografía general y ecocardiografía.

“Esto no es para un puñado, esto es para todos y así ha actuado el Gobierno” expresó el presidente Lacalle Pou.

Estamos en el mes de abril. Dentro de cuatro meses, el 24 de agosto, se cumplirán los 30 años de los sucesos del ex Hospital Filtro -que debió enfrentar como presidente el padre del actual presidente- y no se sabe qué hará la izquierda con su costumbre -y más en año electoral- de manifestar por Bulevar Artigas rindiendo pleitesía a los asesinos de ETA que dejaron más de 800 muertos solo en España.

Porque no hay caso. Más allá del contundente libro póstumo de Antonio Mercader (“El último golpe tupamaro. El MLN y los etarras en el Filtro”) que desvirtúa más rotundamente que nunca los hechos que costaron la muerte de un joven radical “deseoso de tener su bautismo de fuego” (Jorge Zabalza dixit), la izquierda no cede y la verdad no interesa. Abrazan el mito o la mentira todos los años.

La verdad dice que a comienzos de los años noventa, quince miembros de la banda llegaron a Uruguay e instalaron un par de restaurantes de comida vasca. A instancias del gobierno socialista de España (PSOE) que encabezaba Felipe González, se pidió la extradición de ocho de ellos. La Justicia uruguaya concedió solo tres, de activistas acusados de homicidios, entre muchos delitos.

El proceso judicial duró dos años, lapso en el cual el FA y el Pit-Cnt desarrollaron estentórea campaña para que se negara la extradición. Tres etarras en huelga de hambre -que después se comprobaría no era tal- fueron internados en el hospital Filtro.

Grupos de izquierda, en particular los tupamaros, armaron campamento para resistir las extradiciones. El expresidente Mujica y su posterior ministro de Interior, Eduardo Bonomi, convocaron a la marcha. El Movimiento de Liberación Nacional (MLN) convenció al Frente Amplio, y en especial a Tabaré Vázquez, de concurrir a la manifestación.

Allí volaron piedras y sonaron disparos, los que motivaron respuesta policial que dejó como trágico saldo un manifestante muerto y docenas de heridos. Mercader -periodista de fuste- narra los hechos de esa fatídica marcha violenta en plena democracia. Demuestra la relación de los tupamaros con los etarras y cómo se sumaron esfuerzos para atentar contra un fallo judicial y un gobierno democrático.

Describe cómo los tupamaros eran, por una parte, un grupo político que postulaba a legisladores para integrar el Parlamento democrático y, por otra, seguían cometiendo delitos. Y en ese contexto fueron los responsables de convertir a “Uruguay en el único país en donde todos los años se realiza un acto público a favor de ETA”.

Allá ellos, que sigan con sus marchas. Uruguay tiene un presidente y un gobierno que ignora esos delirios criminales y se preocupa de los ciudadanos, entre otras cosas, construyendo o modernizando hospitales. Dos maneras de ver un país. El Hospital Enrique Claveaux (ex Filtro) es un moderno centro al servicio de los uruguayos. Igual que el hospital del Cerro.

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