Con el próximo y anunciado lanzamiento de la precandidatura de Cosse en el Frente Amplio se terminará de conformar la grilla de candidatos a la presidencia que competirán en la interna izquierdista de junio de 2024. Es importante entonces dejar muy claro el engaño del alineamiento moderado que se está queriendo imponer a la opinión pública.
Hay una receta histórica que todo el mundo conoció bien y fue la base del triunfo de la izquierda entre 2004 y 2014: un liderazgo que seducía a un sector más extremista, el de Mujica; uno que era apreciado por una opinión más centrada y socialdemócrata, el de Astori; y uno que sintetizaba a sus pares a la vez que tenía su vuelo propio, que era el de Vázquez. Eso se rompió en 2019-2020, al punto de que el FA quedó completamente sesgado hacia la izquierda: por un lado, la precandidatura de los tupamaros, que es la de Orsi; por otro lado, la precandidatura de los comunistas, que es la de Cosse.
Todos los intentos de sostener un polo seregnista, moderado, socialdemócrata, que herede la fuerza electoral y el discurso astorista tan relevantes para conquistar el voto de opinión y de centro -que es lo que procura la precandidatura de Bergara, por ejemplo- está fracasando. Incluso más: al no repuntar en las encuestas de intención de voto, y al confirmarse al cerrar el año la polarización entre Cosse y Orsi en las preferencias de los frenteamplistas, seguramente muchos de los apoyos de Bergara decidan alinearse tras uno de esos polos y bajarse del proyecto de precandidatura seregnista propio.
Este cambio en la fisonomía del FA es muy importante. Porque mientras ocurre y se consolida, existe una fuerte corriente de opinión que intenta hacer creer que las figuras moderadas de nueva generación tendrán peso decisorio relevante en un eventual gobierno del FA a partir de 2025. El ejemplo emblemático en este sentido es el del economista Oddone, autoconvocado ya para ser ministro de economía de una presidencia de Orsi. Empero, nadie dice lo evidente de este operativo de opinión pública: que se trata de un engaño político mayúsculo.
En efecto, el peso moderado de aquel FA en el que Astori era figura relevante no se forjó solamente en prestigios académicos o en buena voluntad estratégica. Estaba basado en lo importante en política: el respaldo electoral, los votos, el peso de una importante bancada de diputados y senadores que respaldaba a Astori porque era su líder político. Hoy, en el invento moderado que quieren hacer quienes están atrás de este operativo de lavado de imagen izquierdista, lo que falta a figuras como Oddone es nada más y nada menos que lo más importante: votos propios, peso específico en la interna, liderazgo político que respalde con opinión pública medible y cierta (las urnas votando) que sus ideas y planteos tienen apoyo popular.
En vez de eso, lo que ocurre en el FA es todo lo contrario. Por un lado, la precandidatura de Cosse se apoya sobre todo en un Partido Comunista que ha ido ganando protagonismo al punto de ser el articulador fundamental con el ala sindical del izquierdismo: allí está el ejemplo de la recolección de firmas conjunta en favor del plebiscito sobre seguridad social que lo ilustra muy bien.
Por otro lado, la precandidatura de Orsi se apoya en el aparato tupamaro que, por mucho fuego de artificio que aporten las declaraciones mujiquistas, sigue siendo un sector alineado con las peores dictaduras del continente y admirador del “clase A”, según Orsi, Fernández en Argentina, cuyo plan económico de gobierno ya sabemos que nada tiene que ver con lo que plantea Oddone.
Cuando la pequeña burguesía montevideana, socialdemócrata y frenteamplista insiste en la importancia de la integración de izquierdistas moderados al actual FA de manera de limar el perfil extremista de los precandidatos de los tupamaros y de los comunistas, en realidad está disimulando un tremendo engaño. Porque en un eventual gobierno de izquierda, quienes efectivamente ocuparán los principales lugares de dirección serán los dirigentes más notorios de esos sectores mayoritarios comunista y tupamaro: Andrade, Caggiani o Sánchez, por ejemplo.
Si en ese eventual gobierno hubiere un lugar protagónico para los moderados, el día que haya un gran choque de concepciones políticas de fondo habrá un resultado marcado por el peso de la realidad: los que tuvieron apoyos en las urnas de manera de alcanzar el poder habrán sido los tupamaros y los comunistas. No los moderados.
En el FA de 2024, nadie suplanta el peso electoral de Astori.