Nosotros vamos a ofrecer certezas y la primera certeza que le tenemos que dar a la gente es que nosotros, si nos toca gobernar, no vamos a subir los impuestos”. La frase, pronunciada esta semana por el secretario de Presidencia Álvaro Delgado, desató una insólita polémica. Pero una polémica que probablemente esté en el centro de la próxima campaña.
El primer indicador de esto es la reacción que generó la declaración de Delgado en la oposición. Que fue desde los insultos de un desconocido intendente salteño Andrés Lima, cuyo discurso cobra virulencia en proporción exactamente inversa a su intención de voto en la interna frentista. A las puntualizaciones ridículas de algunos “técnicos” del FA que sostienen que haber eliminado el reintegro de 2 puntos de IVA a las compras con tarjeta de débito en los restaurantes, equivale a una suba de impuestos.
La realidad es que este gobierno, por primera vez en más de 20 años, no solo no subió los impuestos, sino que los bajó. Poco, pero los bajó. Y eso que le tocó lidiar con una pandemia, una sequía histórica, y una guerra que llevó al cielo los precios de muchos insumos básicos que importamos.
Esto choca con lo ocurrido bajo los gobiernos previos del Frente Amplio, que sistemáticamente subieron los ingresos del Estado todos los años, ya sea por aumento de impuestos, alzas de tarifas con el único fin de recaudar, eliminación de beneficios, reformas tributarias... Todo tipo de artilugios para aumentar lo que el rey de los eufemismos llamaba “espacio fiscal”. ¿Se acuerda?
El gran tema es que ahora, a medida que arranca la campaña para la próxima elección, el tema tributario vuelve a estar sobre la mesa. Y es muy clara la visión que tienen los principales dirigentes del Frente Amplio en la materia.
El intendente Orsi fue contundente en su ambigüedad. Consultado directamente si subirá los impuestos en caso de ser presidente, dio vueltas como perro antes de echarse, para terminar confesando que sería su última opción, pero...
Al mismo tiempo, su ya anunciado ministro de economía, Gabriel Oddone, ha dicho a quien quiera oírlo que el próximo gobierno debería subir los impuestos para cumplir con su ambiciosa “agenda social”.
En el caso de Carolina Cosse, no hace falta ni plantearlo. Si se aprueba la reforma de la seguridad social que ella impulsa, el aumento debería ser mastodóntico para evitar caer en default en pocos meses. Y teniendo en cuenta que su base es el Pit-Cnt, ya se sabe lo que piensan al respecto.
Bergara y Lima tienen tanta chance como el PERI de llegar a la presidencia, pero el marco mental es el mismo. De hecho, hace unos meses se publicó un informe de la consultora Cinve, donde trabajan varios de los “expertos” económicos que dirigieron el ministerio de Economía bajo el FA, que llama sin titubeos a una “reforma tributaria de segunda generación”. ¡Imagínese!
Estas apelaciones siempre tienen una entonación tan romántica como engañosa. Siempre todo recaería en “el gran capital”, en los que “más tienen”, o en “los empresarios”. La realidad es bien clara, y ya quedó en evidencia en los gobiernos previos del FA.
La única forma de aumentar de manera significativa los ingresos del Estado, es “fajar” a la clase media, porque esa cantidad de ricos llenos de plata, listos para ser esquilmados, solo existe en los sueños húmedos de la cúpula del PIT y de los comités de base. Las empresas no resisten un peso más de impuestos, sin que eso signifique pérdida de puestos de trabajo. Y la idea anacrónica de crear impuestos a las herencias y al patrimonio, al que termina embromando es al que no tiene recursos para pagar una planificación tributaria efectiva. A decir de Tomás Linn, “a los nabos de siempre”.
La realidad, además, es que el país no precisa aumento de impuestos. Lo que necesita es una reducción del peso asfixiante del Estado, y una racionalización del uso que se hace de los miles de millones que extrae a los sufridos uruguayos. Que es la única forma en que el país crezca, su economía se dinamice, y logre ser competitivo en un mundo cada vez más desafiante, y con más demandas de adaptación.
Pero la izquierda no cree en las personas. Y piensa que un burócrata sabrá dar mejor uso a su dinero, que la persona que lo gana con el sudor de su frente.
Así que, estimado lector, tenga claro lo que se está debatiendo, y lo que estará en juego en las próximas elecciones. Más allá de cantos de sirena, usted será el principal objetivo de la codicia tributaria del Frente Amplio, si llega a volver al poder.