En todos estos años de gobierno de la Coalición Republicana (CR), se han escuchado voces del Frente Amplio (FA) buscando promover diálogos nacionales. Con respecto a la situación de inseguridad que sigue sufriendo el país, recientemente nuevamente una parte de la izquierda planteó la necesidad de tal diálogo plural, de largo plazo y consensual.
En realidad, se trata de puras patrañas izquierdistas. Porque tras la demanda de diálogo siempre, invariablemente, se ha escondido la voluntad del FA de impedir que el gobierno fije el rumbo político para el cual fue votado y lleve adelante las medidas que crea pertinentes para cumplirlo. El ejemplo más relevante fue, sin duda, el de la forma en la que se enfrentó la pandemia: el presidente Lacalle Pou, asesorado por un desatacado grupo de expertos, tomó varias medidas relevantes. Al inicio, el FA se opuso al punto de llamar a cacerolear contra el gobierno. A la vez, sus voces destacadas como la del expresidente Vázquez, pidieron una cuarentena obligatoria como la que se implementó en Argentina. Luego, como el gobierno de la CR se mantuvo firme, pasaron a pedir un diálogo nacional: fue la forma de tratar de condicionar la acción del gobierno. No tuvieron éxito.
Hoy el FA está pidiendo nuevamente diálogo y consenso. Esta vez, con relación a las medidas para atacar la inseguridad. Pero en esta ocasión, realmente, el planteo resulta totalmente insólito. En efecto, en los años 2022- 2023 desde el ministerio del Interior se convocó a todas las fuerzas políticas y también a notorios especialistas sociales y académicos para, juntos, definir un paquete de medidas que tuvieran el mayor apoyo técnico y político posible, de manera de enfrentar la inseguridad -y sobre todo, de enfrentar el mayor peso constatable de las acciones delictivas del narcotráfico-, con más eficiencia y con amplio respaldo.
El resultado fue un documento que reflejó medidas propuestas por distintos actores y partidos, dentro de los cuales figuraba, claro está, el FA. Algunas de esas medidas ya se están llevando adelante. Y hubo especialistas académicos que, hacia el final del proceso de consultas, reconocieron públicamente que efectivamente se había procurado un amplio diálogo y que se estaba ante un intento sincero y eficiente de consensuar políticas públicas diversas para enfrentar el enorme desafío que tenemos como país.
¿Y qué pasó cuando llegó el momento de apoyar esas medidas consensuadas, es decir, de salir públicamente a reconocer el trabajo conjunto, el esfuerzo de poner manos a la obra en encontrar acuerdos y plasmarlos luego en políticas concretas? Lo que ocurrió fue lo de siempre, viniendo de parte del FA cuando está en la oposición: como en 1996, con la reforma constitucional; como en 2002, con la crisis financiera; como en 2003, con la ley de asociación de Ancap; como con la reforma de la seguridad social en 2021-2022, que también contó con un ámbito de diálogo y de expertos izquierdistas; y como en tantos otros ejemplos importantes de la vida política del país: el FA se negó a apoyar en 2023 lo propuesto en un ámbito de negociación y de diálogo colectivo, y que incluso reflejaba medidas concretas provenientes del mismísimo FA.
Es por eso que el llamado al diálogo por el desafío de la inseguridad es, en verdad, una auténtica farsa izquierdista. No es sincero, sino que responde a un calendario electoral en el que al FA le queda bien pasar por dialoguista y generador de instancias de consenso. Naturalmente, ha generado reclamos completamente entendibles de parte de quienes compartieron mesas de intercambio de ideas con exponentes del FA hace unos meses, que se decepcionaron con la falta de apoyo izquierdista a medidas que habían sido profundamente analizadas, y que ahora constatan cómo, con un cinismo asombroso, ese mismo FA que hace poco se negó al acuerdo ahora llama a buscarlo.
Para enfrentar el azote del narcotráfico, el Estado debe tomar medidas fuertes. Este gobierno buscó generar ámbitos de consensos. El FA se sustrajo a ellos, seguramente por razones electorales, de posicionamientos coyunturales y de perfilamientos políticos menores. Está en su derecho, claro está, en privilegiar todo eso antes que lo realmente importante para el país: de hecho, no es la primera vez que lo hace. Pero lo que realmente es el colmo, es que haga todo eso y que, además, ahora diga que quiere llamar a un diálogo político por el tema de la inseguridad.
La gente, que no es tonta, sabrá separar la paja del trigo.