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¿China u Occidente?

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Muchos países están enfrentando un dilema que no tiene una respuesta obvia ni sencilla: ¿deben profundizar sus relaciones con el gigante asiático? ¿Con Estados Unidos y Europa? ¿Con los dos o con ninguno? Además de las preferencias, debemos lidiar con la realidad; quiénes quieren mejorar las relaciones con nosotros y quiénes no, quiénes quieren comerciar y quiénes no. Entre lo que se quiere y lo que se puede suelen estar las opciones del gobernante, con el filtro deseable de lo que se debe.

Nuestro país por historia, tradición e idiosincrasia indudablemente pertenece a Occidente, aunque Samuel Huntington en su célebre libro sobre el choque de civilizaciones dudaba sobre la integración de América Latina a ese bloque. Ciertamente Occidente no se define geográficamente, sino por sus instituciones y su cultura que lo han distinguido desde que comenzó a germinar la semilla de la Libertad en el viejo continente. Así, por ejemplo países de distintos continentes como Inglaterra, Estados Unidos o Australia pertenecen a Occidente, mientras que otros países en los mismos continentes no.

La sociedad uruguaya -en su inmensa mayoría- comparte los ideales de Occidente. Los uruguayos creemos en la democracia, los derechos humanos, la propiedad privada, la libertad de expresión y el libre albedrío entre algunos de los valores fundamentales que caracterizan a la tradición occidental. Tenemos mayor afinidad, por tanto, con democracias ejemplares como Francia o Estados Unidos que con dictaduras que violan consistentemente los derechos humanos. Compartimos definiciones en los grandes temas globales que se expresan, generalmente, en las votaciones en Naciones Unidas, y también las instituciones fundamentales que deben regir dentro de cada una de las respectivas fronteras.

La gran paradoja que estamos sufriendo es que los países en que nos reflejamos y siempre hemos admirado nos han dado la espalda. No una sino muchas veces en los últimos años, incluso décadas. Para no remontarse demasiado en el pasado ni hundirnos en la historia vamos a la pandemia. Mientras buscábamos imperiosamente vacunas por todos lados, los primeros en responder fueron los chinos, mientras los yankees miraban para otro lado. Por cierto que gracias al enorme esfuerzo y gran capacidad de negociación de nuestro gobierno luego también conseguimos rápidamente otras vacunas, pero eso no quita que en los momento más álgidos del asunto China estuvo cuando otros brillaron por su ausencia.

A la hora de intentar avanzar en el libre comercio, otro valor caro a la civilización Occidental, Europa una y otra vez nos desplanta, como también lo hace Estados Unidos, mientras China manifiesta que quiere avanzar en esa dirección con pasos concretos. Por cierto que debemos reconocer nuestros propios problemas dentro del Mercosur, donde debemos soportar que hasta el último día de su nefasto desgobierno Alberto Fernández ponga trabas a avanzar en cualquier tipo de acuerdo como consecuencia de la defensa de lobbies industriales feudales y anacrónicos, pero la moderna Francia de Macron también responde a los intereses de grupos de presión contrarios al interés general de sus propios países.

Lo cierto es que Uruguay necesita más comercio imperiosamente y con China podemos avanzar y con nuestros amigos de Occidente no. Es un error estratégico grosero tanto de Europa como de Estados Unidos dejarle el enorme cachón geopolítico que le están dejando a China. Vale decir, es de esos casos en que, evidentemente, los costos que se pagarán serán sensiblemente más altos en unos años que haber actuado de acuerdo a sus reales intereses en el presente, pero tal vez ya sea tarde.

Es evidente que Uruguay preferiría profundizar sus vínculos con el viejo continente y con el faro de la Libertad que supo ser Estados Unidos, pero ambos han resignado su rol global para responder a mezquinos intereses de grupos de presión de corto plazo. Por cierto que también faltan los grandes líderes del pasado; no hay un Charles de Gaulle en París ni un Ronald Reagan en Washington. En cualquier caso, queda la sensación de que por un buen tiempo nada podemos esperar por ese lado. Mientras tanto, Uruguay puede y debe avanzar en su relación con China, lograr todo aquello que se pueda en materia comercial, sin comprometer posiciones políticas, lo que fue reconocido por el propio Xi Jinping. Nosotros debemos procurar el mejor interés nacional, aceptando la realidad y manteniendo nuestros principios.

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