Henry Kissinger al convertirse en el joven secretario de Estado del presidente Nixon en 1973, tras haber sido asesor en Seguridad Nacional, en su primera conferencia de prensa en la Casa Blanca ante decenas de expertos y ansiosos periodistas, arrancó así ; “espero que tengan preguntas para todas mis respuestas…”. En cada conferencia siempre dijo lo que le interesaba transmitir en vez de contestar directamente lo cuestionado. Si bien Kissinger nunca compitió electoralmente, (alemán y de marcado acento germánico) fue y sigue siendo un influyente personaje de la política americana e internacional. Prolífico escritor, no ha dejado de publicar dentro de esta temática, el último a los 100 años edad.
Pues justamente lo contrario a esta estrategia es lo que se vio en el reciente debate televisivo en Argentina entre Javier Milei, de Libertad Avanza y el representante del oficialismo, Sergio Massa, quien consiguió arrinconarlo eficazmente. Con su larga expertise política; intendente del Tigre (2009 2013), parte del anterior gobierno kirchnerista durante cierto tiempo y hoy ministro de Economía del peronista Alberto Fernández. Del cual ha hecho todo lo posible por despegarse, lo mismo que de Cristina K. Por algo, siempre se ha mostrado solo.
El candidato de Unión por la Patria, (así se llama camaleónicamente hoy, la mezcla de peronismo y su hijo putativo el kirchnerismo) en tono acusatorio hostigó al libertario sin atisbo de respiro, a contestar por sí o por no, a un resbaladizo listado. Un escenario en el cual el devenido inquisidor supo moverse con la soltura que le faltó a su adversario para contraatacar. No se sabe si por una errada autosuficiencia que lo llevó a no prepararse adecuadamente para la lucha que se avecinaba o si fue por seguir un plan de calma aconsejado en su entorno que no dio en el clavo y contribuyó a una imagen de amateurismo y falta de elaboración para devenir en conductor del país.
No siempre los debates presidenciales tienen una incidencia crucial en el electorado, pero cuando los pingos corren cabeza a cabeza los pasos en falso ante las cámaras se vuelven letales. Así ocurrió con Patricia Bullrich en el debate previo a partir del cual, la candidata quedó fuera de competencia. Más allá de lo que haya pesado el “Human Factor” (Graham Greene) dada la tremenda gripe que la afectó ese preciso día.
Es esta una elección sumamente particular, si se tiene en cuenta que uno de los competidores a la Presidencia de la República, a pesar de ser un avezado hombre de la política que ha demostrado saber navegar de un lado y otro de las corrientes, aunque trate de disimularlo es actual gobierno. Aun cuando habla, critica y promete, como si se tratase de un opositor ofreciendo el cambio que el país necesita y no el presente ministro de Economía. Se muestra ajeno a que Argentina esté rumbo a la hiperinflación. Prácticamente sin moneda, con falta de combustible como si no tuviera gran potencial energético, exportaciones estancadas (a no ser las personas talentosas y preparadas que huyen de un país sin horizonte), y altamente gravadas y desincentivadas. Con un aumento de la pobreza que llega al 40 %, empresas estatales con pérdidas anuales desorbitantes, inmenso deterioro del nivel educativo de la población, corrupción rampante a todo nivel y múltiples déficits sociales.
Mientras el otro contendiente ha ganado la adhesión de buena parte de la población en base a un perfil de energúmeno, con propuestas rupturistas que si bien es difícil que las pueda llevar a cabo, atraen al votante harto de los robos desde las alturas hasta el llano. De la impunidad de los acomodados y los poderosos, de la falta de posibilidades en una economía llena de trabas y del abuso con que se gasta el dinero público. Se calcula que Sergio Massa en beneficio de su campaña para llegar a la Casa Rosada ha gastado más del 1% del PBI. Para repartir plata, planes sociales de esos que crean un clientelismo infinito entre quienes no saben de otra cosa que vivir pobremente de las migajas que reciben del gobernante de turno. Asustados los prebendarios con el cuco de Milei, por medio de la campaña de miedo de perder los beneficios acostumbrados, si gana Milei.
Pero la opción del libertario no inspira mucha tranquilidad, tanto por su excéntrica personalidad, como por la campaña del miedo establecida. Mientras el personaje mismo, no deja de despertar interrogantes. Difícil la encrucijada de mañana los medio de sombras de un posible fraude. ¿Qué pasó con la Argentina, una de las 6 potencias del mundo de PBI per cápita, hasta 1930 y sus grandes presidentes?