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Balance de la Coalición Republicana

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Estamos iniciando las campañas electorales de los distintos partidos y vale la pena poner en perspectiva lo que ha sido el resultado de la Coalición Republicana (CR) como instrumento político al servicio del gobierno.

En primer lugar, importa recordar lo que mayoritariamente decían al respecto politólogos y dirigentes del Frente Amplio (FA) hace cuatro años. Por un lado, los analistas insistían en que por cualquier motivo más o menos grave la CR habría de romperse; que no había certeza alguna de que pudiera conducir con sentido de gobernabilidad al país; y que incluso se trataba de una coalición circunstancial sin basamento político común sólido. Por otro lado, desde el FA se atacaba a la coalición sobre todo por “cobijar extremistas” del estilo del bolsonarismo en Brasil, golpistas, militaristas, grupos nazis y antidemocráticos, junto a la rancia oligarquía neoliberal de los partidos tradicionales de manera de conducir, a los tumbos, políticas antipopulares y vendepatrias.

La realidad fue muy diferente a todos aquellos anunciados males. Por un lado, la CR se mantuvo intacta en su funcionamiento parlamentarista: una coalición que respaldó ministros en momentos claves y que siempre encontró mayorías para sacar adelante el programa acordado en noviembre de 2019. Además, no lo hizo en cualquier contexto, sino en uno de los más desafiantes de las últimas décadas: en plena pandemia, con consecuencias económicas y sociales gravísimas, urgidos por defender a los más débiles de la sociedad y por mantener prendidos los motores productivos de manera de poder salir adelante todos juntos y lo más rápido posible. Huelga decir, claro está, que la zurda y mayoritaria camarilla de politólogos y analistas nunca reconoció haberse equivocado en sus pronósticos de malos augurios para la CR, y que tampoco jamás aceptó el enorme éxito de una CR que aprendió a funcionar en un mar político tan embravecido.

Por otro lado, la CR mostró un sentido democrático absolutamente probado en nuestras mejores tradiciones partidarias. En efecto, la ley de urgente consideración, por ejemplo, analizada en tiempo y forma por el Parlamento -al punto que su redacción final terminó siendo muy distinta al proyecto enviado por el Ejecutivo- fue atacada por la izquierda. Se fue a un plebiscito en marzo de 2022. Hubo todas las garantías para la oposición, que pudo libremente llevar adelante su campaña de mentiras y calumnias. Y resultó un rotundo fracaso zurdo.

Luego, la CR jamás puso en tela de juicio la representación del FA en los distintos estamentos del Estado. Permitió, como corresponde, el libre juego político en el Parlamento. Y garantizó la total independencia del Poder Judicial, al punto que, por ejemplo, un custodio del presidente de la República terminó preso, y que las acciones de distintos ministros de gobierno fueron escudriñadas varias veces para encontrar en ellas responsabilidades penales (y ninguna formalización se efectuó).

En segundo lugar, la CR mostró resultados de gobierno que deben ser destacados como muy relevantes. La reforma educativa, por ejemplo, incluso en partes plebiscitada por el pueblo en marzo de 2022, está empezando a dar frutos positivos, como es el caso de una mejora en los índices de finalización de enseñanza secundaria en la población joven. También, la CR mostró el coraje que nunca tuvo el FA en 15 años para reformar a fondo la seguridad social, de manera gradual y sin afectar a los actuales pasivos, para dar así viabilidad financiera a todo el sistema y asegurar que las jubilaciones y pensiones futuras podrán seguir pagándose.

Finalmente, hay resultados económicos que importan ser destacados cuando los especialistas tan proclives al FA disimulan tanto lo que en verdad está ocurriendo: inflación más baja en lustros; recuperación de salarios reales, luego de haber sufrido la pandemia y como ningún otro país de la región logró; años récords de exportaciones; baja de desempleo y suba de la cantidad de gente con empleo, a niveles históricos; baja de la informalidad en el trabajo; menor riesgo país de la región; mejora en el clima de negocios y en el nivel de consumo con, por ejemplo, ventas récords de automóviles nuevos; y niveles de inversiones en infraestructura pública que promueven las inversiones productivas privadas como no se veían en décadas.

El balance de la CR ha sido exitoso, tanto como instrumento de gobernabilidad política como en sus resultados de gestión. Importa tenerlo claro en este año de elecciones.

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