Autos, motos y peatones

Se produjo el primer accidente, por fortuna menor, en la flamante ciclovía que recorre el medio de la calzada de la avenida 18 de Julio.

El caso llamó la atención (aunque si se piensa un poco, no debió sorprender), porque en un accidente donde el ciclista tuvo lastimaduras leves al golpearse con un auto, los reales responsables de lo ocurrido fueron tres peatones que cruzaron por donde no debían.

Esto demuestra que el tema del tránsito es más complicado de lo que parece. Habría que ver si los argumentos de quienes objetaron la ubicación de la ciclovía (aunque no a que hubiera una) al final se corroboran.

Los peatones estaban cruzando a mitad de cuadra, entre Ejido y Germán Barbato. Al intentar eludirlos, el ciclista salió de la ciclovía y se golpeó con un auto que pasaba por su propia senda.

La objeción de algunos expertos es que justamente por andar en el medio de la avenida (donde no hay un cantero) crecen las probabilidades de que un leve desequilibrio lleve a golpes con vehículos, incluso autobuses, que circulan muy cerca de la ciclovía.

En este episodio, más allá de cómo sea evaluada la ciclovía, la imprudencia que causó el incidente estuvo en manos de los peatones.

Si se observa bien cómo se comportan autos, motos, bicicletas y peatones, esto no debería sorprender. La imprudencia está muy extendida y si bien es lo fácil, la primera reacción de cada situación es echarle la culpa a quien maneja un automóvil, la responsabilidad de motociclistas, ciclistas y peatones es enorme y muchas veces, la verdadera causa de algunos accidentes.

Ya sabemos cómo se mueven por las calles muchos motociclistas. Están en una senda y, al segundo, se pasaron a otra. Van a adelantarse por la derecha pero en un instante cambian de idea y se corren a la izquierda. Quien maneja los ve a un lado en su espejo retrovisor, los pierde y en décimas de segundos aparecen por el otro lado. No hay conductor que tenga los reflejos para acomodarse con rapidez a tantas bruscas e inesperadas maniobras.

Si bien cada vez son más los ciclistas que usan las ciclovías, puede resultar muy irritante ver a tantos otros que se niegan a usarlas teniéndolas a mano. Es frecuente ver esa conducta en Bulevar Artigas, donde la Intendencia hace poco tiempo hizo a nuevo esas vías en cada una de las aceras, desde el tramo que va del Nuevo Centro a la bahía. Impresiona tanta inconsciencia, aunque por fortuna, también están los que hacen buen uso de ella.

Sería oportuno que los inspectores, quienes parecen hacerse ver solo en ciertas temporadas, se abocaran por un tiempo a este único aspecto.

Los peatones no se quedan atrás. Se enojan, con toda razón, cuando un auto no respeta una cebra que le da prioridad y derecho a cruzar. Pero se enojan también cuando un auto frena de golpe o les hace un finito cuando cruzan irresponsablemente a mitad de cuadra en un avenida transitada. Absurdo y desconcertante (y más frecuente de lo que parece) es cuando el peatón se lanza a cruzar por detrás de un vehículo, en el momento que este está maniobrando para estacionar. Muchas veces, tales insensateces se hacen en lugares donde a pocos metros hay un semáforo o una cebra.

Por ahorrarse unos metros de caminata, se cometen imprudencias que ponen en peligro no solo la propia vida, sino también la de otros.

Este es un nudo crucial para entender la esencia misma del tránsito y sus tremendos peligros. A diferencia de otras situaciones, donde solo el imprudente paga por aquello que hizo mal y no involucra a terceros, eso no ocurre en la calle. Un motociclista que hace una riesgosa maniobra que le sale mal puede resultar ileso, pero no el pasajero del taxi contra el que chocó. Cuántas veces hemos visto accidentes en los que el vehículo súbitamente se sube a la vereda y mata a gente que estaba en la parada de ómnibus. Lo último que esperaba era terminar de esa manera. Y cuántas veces, por esquivar un peatón que cruzó mal, se genera un choque en cadena, con muertos y heridos, aunque el único que emerge sin un rasguño es el peatón que causó esa dramática conmoción.

Lo sucedido en la ciclovía debería llamar a la reflexión a todos los que, de alguna manera u otra, andamos por la calle. También las autoridades municipales deberían hacer una campaña, con vigilancia y eventualmente sanciones, para que todos, realmente todos, asuman que si no conducen con cuidado y no acatan las reglas (que valen, insistimos, para todos), los accidentes, moderados o fatales, seguirán ocurriendo.

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