Argentina elige

El domingo, finalmente, los hermanos argentinos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente. Sin medias tintas, solo existen dos opciones en el menú, el candidato oficialista y ministro de economía Sergio Massa o el candidato libertario Javier Milei. No es una elección para tibios, uno representa lo peor de un gobierno corrupto que ha empobrecido tremendamente a la República Argentina y el otro con sus propuestas rupturistas representa un salto al vacío esencialmente imprevisible. Como lo definió recientemente el economista Alfonso Prat-Gay estamos ante una película de terror o una de suspenso.

La campaña, como suele ocurrir, se ha vuelto larga, pese a que no le faltaron giros inesperados y sorpresas. Sin dudas la principal novedad ha sido la irrupción de Javier Milei y su partido La Libertad Avanza, pero también terminó resultando sorpresivo que el candidato más votado en las elecciones nacionales del mes pasado fuera un ministro de Economía con resultados nefastos a lo largo de un gestión. Desde que Massa asumió el Ministerio de Economía la inflación se disparó, hay dos millones de nuevos pobres, faltan insumos en los hospitales, se ha roto la cadena de pagos y faltan bienes básicos en las góndolas, entre otras calamidades. Adicionalmente, violando la ley electoral argentina con la vista gorda del ente electoral, ha dilapidado recursos públicos que el erario público no tiene, en nuevos planes, aumentos y disminución de impuestos en la campaña más cara, demagógica y corrupta que recuerde la historia de nuestro continente, lo que ya es mucho decir.

Sergio Massa es, más allá de toda duda razonable, un candidato invotable para cualquier persona que le tenga algún cariño a su país. Su triunfo sería el de la peor política, el gobierno enredado en negocios prebendarios, listas cargadas de jerarcas ricos por negociados oscuros y los aliados de las dictaduras latinoamericanas. A eso se suma que dependerá crucialmente para gobernar de Cristina Kirchner y toda la satrapía kirchnerista que tiene el grueso de los cargos parlamentarios del peronismo, por lo que estará atado de pies y manos a los dictados de la política más nefasta de la historia reciente de la Argentina.

Seguramente el panorama hubiera sido más claro si la alternativa fuera Juntos por el Cambio, pero la gente en las urnas decidió otra cosa y “vox populi vox Dei”. Por cierto que el balotaje que quedó planteado no solo implicó una derrota del partido del expresidente Macri, sino que posiblemente haya desencadenado su desintegración. Los duros ataques entre el expresidente y el gobernador Morales, entre otros, demuestran que no hay marcha atrás entre aquellos que decidieron optar por Milei y los que pactaron con Massa a cambio de nuevas prebendas.

Es innegable que Milei representa un futuro incierto, pero lo es en un escenario a corto plazo desastroso para la Argentina gane quien gane. No solo la inflación está llegando con los últimos datos mensuales a una anualizable al 300% sino que el desfalco fiscal de Massa en estos últimos dos meses ha-ce casi imparable una hiperinflación para el año próximo. Vale decir, el escenario será caótico en cualquier caso y eso es algo para lo que todos, argentinos y todos los países que tenemos relación con ese país, debemos estar alertas.

Quizá, como escribió recientemente el director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad del país vecino, Alejandro Bongiovanni, la única alternativa posible sea votar por Milei a pesar de Milei. La segunda vuelta no es para votar lo que a cada uno le gusta, sino lo menos malo y sabemos que Sergio Massa es muy malo. Aunque podamos presumir que Milei también lo es, en definitiva y lamentablemente, siguiendo la comparación de Prat-Gay si hay que elegir entre una película de terror y una de suspenso, tenemos claro que la de terror termina mal y la de suspenso lo presumimos, pero no estamos seguros.

Es indudablemente una elección extraordinariamente compleja la que enfrentan los argentinos y sinceramente no quisiéramos estar en su lugar. Su futuro de corto plazo es tenebroso pero quizá pueda haber algo de luz al final del túnel. Si el futuro presidente logra un mínimo de orden, la economía argentina podrá crecer con fuerza y comenzarán a mejorar los indicadores que hoy lucen tan mal. Suena fácil pero no lo es. En cualquier caso, la recomendación para los hermanos argentinos ante esta disyuntiva es que si son creyentes, recen y si no lo son, crucen los dedos.

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