Luego de 4 años el Uruguay tiene el mismo déficit fiscal que el 2019 y además los uruguayos y uruguayas estamos más endeudados, hay más niños y niñas pobres. Tampoco los uruguayos somos más libres”.
La frase corresponde al senador Daniel Caggiani, del MPP, una figura que, pese a un contumaz antisemitismo, es el principal referente del candidato Yamandú Orsi en materia de política exterior. Bueno, Orsi se ha declarado “fan” del expresidente argentino Alberto Fernández, por lo cual, nada puede sorprender.
Pero, dentro de filas de la oposición, no solo Caggiani se ha mostrado preocupado por el déficit fiscal actual. En una muestra de coordinación que el oficialismo bien podría envidiar, han sido varios los dirigentes, y operadores mediáticos que han puesto este tema sobre la mesa. Lo que no hay que envidiarles en absoluto, es la coherencia.
Es verdad que 4 años después de haber llegado el gobierno, las cifras del déficit que muestran las cuentas públicas no dejan a nadie contento en el oficialismo. Pero hay una diferencia central con lo ocurrido antes.
Para empezar, este gobierno tuvo que enfrentar una pandemia de dos años, por si alguno ha perdido la memoria. Una pandemia que costó al Estado más de 4 mil millones de dólares en gastos imprevisibles. Y que afrontó no solo sin aumentar impuestos, sino que logrando bajarlos.
¿Qué pandemia tuvo que enfrentar el Frente Amplio que en 2019 dejó el gobierno con el mismo déficit actual? ¿Podría explicarlo Caggiani?
Este gobierno también tuvo que enfrentar una sequía que fue la peor en un siglo. No solo la enfrentó sin subir impuestos, ni tarifas, sino asumiendo gastos ridículos fogoneados por la misma oposición que ahora reclama. Y lo hizo sin culpar al cambio climático ni ninguna de esas zonceras típicas de una candidata opositora a la que cada vez que llueven 50 mm, la capital se le convierte en Venecia.
¿Qué sequía tuvo que enfrentar el Frente Amplio para dejar el país con el déficit que lo dejó en 2019?
Ahora bien, si las cifras de déficit son las que son hoy, no hay que ser muy imaginativo para imaginarse lo que serían si el gobierno hubiera seguido las demandas de Caggiani, Bergara, y la claque de legisladores del Frente Amplio que durante la pandemia clamaban por cerrar la economía a cal y canto, encerrar a la gente con la policía en sus casas, y a cambio repartir un sueldo miserable a cada persona por no hacer nada. Le llamaban pomposamente “ingreso universal”.
Y no hay que ser muy imaginativo porque las consecuencias de esas medidas las estamos viendo acá al lado por estas horas. Aunque, para ser honestos, no todo lo que pasa hoy en Argentina es culpa de la cuarentena forzosa más larga del mundo, impuesta por el “clase A” de la política, a quien algunos pedían que nos adoptara.
También es consecuencia del encierro comercial, de los impuestos a las exportaciones que han diezmado la producción agropecuaria, del castigo permanente a los sectores productivos y empresariales para financiar planes de beneficencia social, pe-se a lo cual la pobreza no ha dejado de aumentar. ¿Se acuerda de quienes pedían cosas parecidas en nuestro país? ¡Sí! Caggiani y su troupe de alegres impulsores del resentimiento social como política pública.
Pero hay otro recuerdo que vale la pena traer del armario. Y es cuando, a días de asumir el ministerio de Economía Azucena Arbeleche, las calificadoras de crédito analizaban retirarnos el grado inversor debido a los desquicios hechos en el último gobierno de Vázquez por la elite de economistas sesentones que hoy la critican. Y que se burlaban cuando Arbeleche dijo que les había pedido un plazo para ordenar las cuentas.
Eso ocurrió, y desde entonces hemos mejorado en nuestro grado crediticio en todas las consultoras. No solo eso, sino que Arbeleche ha sido destacada como la mejor ministra de Economía de la región, ante el refunfuñe de esa camada de economistas sesentones y su grupito de periodistas amanuenses, cuyo machirulismo (aprovechando las innovaciones de la RAE) no consiguen disimular.
Buena parte del problema actual al comparar el déficit fiscal con el PBI tiene que ver con que el año pasado la sequía golpeó muy fuerte las exportaciones agropecuarias. Cosa que en volumen este año se solucionará, aunque no así con los precios.
Pero en datos económicos en general, como en los familiares, para tranquilidad de Caggiani, la cosa está mucho mejor que en 2019, como le puede contar cualquier empresario y asalariado de este país. Ni que hablar en materia de libertad.