A un año de las elecciones

Mañana faltarán 52 semanas exactas para las elecciones generales de 2024 que definirán la composición del Parlamento y, si correspondiere, quiénes serán los dos candidatos presidenciales que pasarán al balotaje del último domingo de noviembre. Ciertamente, un año es una eternidad en política. Pero en Uruguay se constatan fuertes líneas de definiciones partidarias que dejan en claro que hay grandes interrogantes que, hoy, ya tenemos en muy buena parte resueltas. Además, se trata de una buena noticia, ya que parte de la estabilidad de una democracia institucionalmente fuerte como la nuestra es la previsibilidad de sus variables claves.

La primera gran definición que sabemos ocurrirá es que la elección se resolverá en una lógica binaria. Aquí no hay espacio para que surjan candidatos de la nada, sin apoyos partidarios, y que terminen siendo electos con propuestas populistas que son muy fáciles de ser prometidas pero muy difíciles para llevar a la práctica. En efecto, la lógica binaria instalada es que o bien el presidente de la República saldrá de la coalición de izquierdas formada por el Frente Amplio (FA), o bien saldrá de quienes han gobernado desde 2020, es decir de la Coalición Republica- na (CR).

La segunda definición, que llega de la mano de la primera, es que hay dos rumbos marcados y diferentes a ser emprendidos a partir de 2025. Pocas veces eso ha quedado más claro que en estos años de gobierno de la CR, ya que en temas fundamentales el oficialismo ha seguido un camino y la oposición del FA ha marcado uno bien distinto.

Ocurrió con las salidas económicas, sanitarias y sociales para enfrentar la pandemia; con la inserción internacional del Uruguay y el peso del Mercosur; con la reforma impositiva que se logró implementar a pesar del viento internacional adverso; con la reforma de la seguridad social, a la que se opuso con vigor la izquierda; con la reforma educativa, que ya está empezando a dar sus primeros resultados; y con la conducción general de la economía, que fue ferozmente criticada por la oposición pero que logró mejorar el salario real, bajar la pobreza, bajar la inflación a cifras históricas, contener el gasto público a pesar de enormes golpes externos negativos, y seguir siendo un destino atractivo para las inversiones internacionales, en base a nuestra seriedad institucional y a un esfuerzo notorio y sustantivo en cuanto a inversiones públicas de infraestructura que promueven con externalidades positivas las decisiones empresariales de proyecciones económicas locales.

La tercera definición se verifica dentro de la CR. Por un lado, por estructura partidaria y peso territorial, el Partido Nacional (PN) seguirá siendo el partido electoralmente más relevante de esa coalición. Por otro lado, por los distintos perfiles complementarios de los partidos socios de gobierno, es claro que la perspectiva de triunfo oficialista precisa de un mayor involucramiento y protagonismo de colorados, cabildantes y Partido Independiente en la campaña que se abrirá el año que viene. Con todo, se mantiene una incógnita fuerte en cuanto a la relación de fuerzas partidarias internas en la CR: si bien el lugar del PN resulta prácticamente inamovible para 2024, no hay por qué suponer que la proporción de votos entre los partidos sea la misma que la que se dio en octubre de 2019.

La cuarta certeza hace a la propuesta que presentará el FA. Por supuesto que la campaña de 2024 será fundamental para definir los candidatos concretos, el programa de gobierno, y los perfiles favoritos dentro de la izquierda. Pero, al mismo tiempo, hace ya muchos años que se sabe que los comunistas y sus aliados por un lado, y los tupamaros y los suyos por el otro, son los dos grandes polos que dominan electoralmente a la coalición. A falta de un año no hay motivo alguno para pensar que eso no será así en octubre de 2024, ya que cada uno de esos dos polos conservan enorme vigencia interna y son los que organizan la vida proselitista dentro del FA.

Finalmente hay un dato clave que también conocemos hoy y que no cambiará para 2024: se trata de los alineamientos internacionales de cada una de las coaliciones que pueden llegar al poder a partir de 2025. El FA, en efecto, cuenta entre sus aliados a los movimientos y partidos populistas de izquierda del continente. La CR, por el contrario, adhiere sin fisuras al campo de las democracias representativas en el mundo entero. Así, pues, están las cosas a un año de las elecciones. Las campañas y el pueblo votando dirán lo que falta saber.

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