Mario Coppetti | Montevideo
@|Por estos días se está comenzando a peatonalizar la muy conocida calle Colón, otrora una muy concurrida y tradicional paseo de compras en otras épocas.
El paso del tiempo hizo que poco a poco fueran desapareciendo comercios de distinta índole, entre otras razones por la aparición paulatina de las grandes superficies y nuevos y renovados polos en donde se puede conseguir de todo, tal es el caso del barrio La Comercial, el popular barrio “de los judíos”.
Eso significó locales vacíos, propiedades que se volvieron ruinosas, pudiéndose encontrar a la fecha algún que otro local de venta de ropa, de gastronomía y ferretería.
Aparte de ello, se pudo ver que de esos locales se pudo sacar provecho convirtiéndolos en viviendas, aprovechando que muchos cuentan con espacio locativo suficiente para adaptarlos a dicho cometido.
Con estas obras que comienzan se argumenta que ello va a significar que los transeúntes puedan caminar con mayor seguridad; lo cierto es que Colón no es de las más usadas si de recorrer se trata, sea porque no resulta atractiva, sea porque únicamente pasan algunas líneas de ómnibus y la gente que desciende en las paradas emprende hacia otros lados.
Por otra parte, en mi modesto saber y entender, se debería primero que nada buscar la forma de revitalizar y dar nueva imagen a cuánta construcción con valor patrimonial e histórico se encuentra a lo largo y ancho de la citada vía.
Quizás rebajando impuestos por un cierto período a aquellos que apuesten a la renovación y a la inversión, con proyectos sustentables y amigables con el medio ambiente; creando proyectos habitables, culturales y porqué no apostar también a comerciales, ya que la calle Colón tiene una historia propia que la hace diferente y única del resto de las otras calles de Ciudad Vieja.
Si esta peatonalización que está comenzando lleva a lo anteriormente expresado entonces será bienvenida pero, de lo contrario, será una obra más que conduce a algo que no tendrá sentido práctico, además del gasto que supone para las arcas de la Intendencia.
Esperemos que una cosa conduzca a la otra y que de una vez por todas comience a latir de verdad Ciudad Vieja.