La ley de reforma de la seguridad social ha agitado a la politiquería doméstica. Con la ilógica lógica que anima al rompecabezas frentista, las organizaciones de intereses contrapuestas que ocupan su vanguardia han resuelto al respecto seguir caminos encontrados para destruir la realidad política, económica y social nacional.
Los comunistas -de Lenin, Stalin y Fidel- son notoriamente vanguardia en la promoción de un plebiscito contra la ley citada. Y políticamente han formado cerrado bloque en apoyo de la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse. La que -con perdón por el uso del lenguaje inclusivo que es idioma formal del municipio- debe recordarse ha resuelto estar a lo que su fuerza, “fuerce”, política, “politique”, resuelva. En viejo y querido castellano cabe aconsejarle espere sentada porque la dirección del Frente Amplio es partidaria de dejar irresponsablemente en libertad de acción a sus simpatizantes.
Los tupamaros por su parte -seguidores de la línea de “como te digo una cosa, te digo la otra”, admiradores del -¿presidente argentino?- Alberto Fernández al que califican como “un clase A”, guiados por el intendente canario y precandidato presidencial Yamandu Orsi, han resuelto -por su parte- no acompañar la propuesta comunista. Hacen bien en no hacer juego a sus rivales internos. Ya que la iniciativa comunista ataca los fundamentos de la Constitución y la legalidad vigentes y aspira a hacer tabla rasa -de aprobarse plebiscitariamente- con las mejores realidades institucionales de la Nación.
Si se juntan las firmas -lo que posiblemente ocurra- la materia será central en el debate público desde ahora hasta las próximas elecciones nacionales. Dejando de lado a la cumbre del desastre -el robo de los fondos de las AFAP a sus dueños- citaremos a otras dos de las facetas más aberrantes del esperpento plebiscitario soviético. La primera es meterse a reformar la Constitución nacional, garantía de las libertades públicas y la organización del estado democrático.
Con un tema que hace a las posibilidades de la política económica y financiera del Estado, que depende de las posibilidades que tiene en cada momento histórico, ya sea de carencia o de bonanza.
Como ocurre con la vida particular de cada ciudadano que ajusta los gastos a su bolsillo. Ello explica por qué las normas constitucionales establecen la iniciativa privativa del Poder Ejecutiva en seguridad social, protegiendo al tema de los demagogos tentados por el universo humano y de votantes al que comprende. Llevar una propuesta así a plebiscito es tirar la red para pescar incautos de cara a las próximas elecciones nacionales.
Lo segundo hace al establecimiento de un salario mínimo nacional para cada pasivo por Constitución. En realidad es esta una propuesta avara. En efecto: ¿por qué no nos aseguran 150 mil pesos mensuales a todos los uruguayos mayores de edad y bolsas de chocolates, caramelos y juguetes permanentes para los menores de edad? Y todos los demás beneficios que vengan en gana. Y ya no se trabaja más. Solo para pasar por caja y cobrar ¿Quién paga? El Pit-Cnt sabe...
Uruguay es internacionalmente el país que tiene las mejores condiciones de vida del continente latinoamericano. Es lo que duele a la agitación y la demagogia bolivariana.