Enrique Beltrán
Una vez que asumieron el gobierno, una de las preocupaciones casi obsesivas que asomó, no bien se hicieron cargo de la tarea, fue la de dar las espaldas a nuestro pasado, tal vez, porque en poco estimaban tanto la forja de la nacionalidad como la de sus libertades. Ni siquiera rescataron la noble figura de Emilio Frugoni, figura rectora y ejemplar del socialismo incipiente.
Una de las primeras medidas que tomaron, no bien llegaron al poder, primero en la intendencia capitalina, después en el gobierno nacional, fue dejar en el camino símbolos y recuerdos del ayer, que habían sido venerados por generaciones, para así enaltecer aquellos nuevos que los habrían de sustituir. Deseaban que fuesen pequeños pregones de que nuestra historia recién empezaba solo con ellos. Así, por ejemplo, cuando ganaron la intendencia capitalina, pronto procedieron a cambiar su escudo tradicional por uno nuevo, donde había un edificio con una leyenda que rezaba "Mi casa". Fue solo la de su partido y de su burocracia. Ese mismo apuro por desenganchar con el pasado, alcanzó un apremio mayor y más generalizado cuando llegaron al Gobierno. Además de cambiar rápidamente sus emblemas tradicionales como el de la bandera nacional por el de un sol naciente, terminaron por emprenderla contra las fechas patrias, que señalaban la culminación de las luchas del país para ganar su independencia de nación soberana. Aquellas fechas que eran consecuencia de la gesta por la independencia, como las del 25 de agosto y la del 18 de julio, que suponían evocación, respeto y gratitud, fueron convertidas en simples feriados laborables con pocos recuerdos que se avivaran. Algo así que como meros días de vacaciones. El solo nacimiento de Artigas quedó de único feriado patrio de significación. Como si fueran conflictivas aquellas fechas patrias, y no el fruto de esfuerzos y sacrificios que en buena parte se compartieron y luego se continuaron.
Me pareció cuestionable esa opción presidencial que eliminaba sin razón fechas profundamente arraigadas en el sentir y en la historia de la nación. No advertí entonces más propósito que el de procurar concentrar en una fecha toda la solemnidad de la evocación patria. Ni reparé entonces que aquella borratina implicaba la de los protagonistas de esa gesta, que también lo fueron de las colectividades partidarias que nacieron con el propio país.
Me ha venido la duda después si todo aquello no se inscribía en ese reiterado afán de borrar o de vituperar el pasado porque había sido forjado por esas grandes corrientes tradicionales que empezaron a perfilarse con la alborada de la patria. La excepción pareció ser la figura de Artigas. No había estado en el país en que aquellas nacieron. Siempre estuvo por encima de nuestros enfrentamientos políticos, por lo que su figura es símbolo de encuentro, de respeto, de emoción colectiva. Pe-ro esa única conmemoración del 19 de junio va acompañada, y casi desplazada por el "Nunca Más" que de un alcance amplio, como inicialmente se propuso, se mutiló y se hizo flechado y politizado. Me temo que tanto la fecha elegida como única fiesta patria, como el proyectado traslado de los restos del Mausoleo, sin razón valedera, ni consulta alguna, en pleno clima electoral y casi al fin del quinquenio del mandato, más el tergiversado lema, todo ello se aproxime peligrosamente a una explotación partidista y encogida de la figura del prócer, que es objeto de veneración nacional.
La memoria del héroe ¿recibirá todo ello como un homenaje, o lo sentirá como un agravio?