Deschaves imperiales

La capacidad de asombro, por los desplantes y deschaves del Emperador de Caracas, no está colmada. Este militar venezolano con antecedentes golpistas, embuchado de petróleo, abultado por tamaño y por chequeras, poseído de un destino mesiánico en el Continente, agrega a diario una perla más de torpeza y chabacanería producto de su falta de educación mezclada con una ambición sin límites a un collar que no termina de cerrar. Uno de los errores más grandes que se ha cometido por los gobiernos de los cuatro países miembros plenos de Mercosur ha sido aceptarlo como tal, aunque para ello falten formalidades y nada menos que la firma de la cláusula democrática. Como mercosuriano integral, hace poco tuvo dos reuniones consecutivas. Primero con Morales, Vázquez y Duarte proyectando un gasoducto desde Bolivia a Paraguay y Uruguay con la condición puesta por el Presidente uruguayo -que va aprendiendo a los golpes aquello de "dime con quién andas y te diré quien eres" aunque todavía faltan varios porrazos- que las cañerías no pasen por territorio argentino. Luego, diciendo que se sentía parte del trío de mosqueteros de Alejandro Dumas, con Lula y con Kirchner, para recibir las reprimendas del caso e iniciar entonces conversaciones con los grandotes para ampliar el gasoducto en una obra faraónica que abarcaría desde Venezuela a Tierra del Fuego.

A este cúmulo de extravagancias e incoherencias, le ha agregado en los últimos días un toque de virulencia inaudita, impropio de un gobernante democrático, cuando se despachó en términos soeces contra uno de los candidatos a la Presidencia de Perú. No se puede hablar de un intento de nada, porque el deschave es un hecho consumado: lo que hizo debe calificarse como un insulto al pueblo peruano que no tiene por qué admitir influencias de nadie en su decisión soberana, y menos todavía de este agrandado en trance de Rey Midas.

Al contrario, si en algo pudiera gravitar semejante exceso, debería ser justamente para producir un efecto contrario al pretendido. No revela méritos por cierto la candidatura de Ollanta Humala con la ordinariez de este apoyo. Y si a Toledo se le mira como un Presidente opaco e intrascendente a pesar de los progresos de la economía en su país bajo su mandato, pasará a la historia por lo menos por la dignidad de su respuesta a la insolencia, ordenando el retiro de su embajador en Venezuela.

Lamentablemente nos estamos acostumbrando en nuestro Continente a tolerar la intromisión de gobernantes en países que no son los suyos. Nadie ignora aquí que Fidel Castro entrenó a guerrilleros uruguayos para alzarse contra las Instituciones, y sin embargo ahí estamos con los arrumacos de ministras y viceministras que viajan a La Habana y vuelven encantadas por lo menos de lo que les cuentan o de lo que les muestran, que es lo que les quieren mostrar. Hablar de Kirchner ya es reiterativo, pues no solo facilitó que la mitad más muy poco de los uruguayos le ganara a otra mitad menos muy poco, las elecciones en primera vuelta sino que en pago de los favores recibidos introdujo su perfil apolíneo, mirando fijo en problemas que son sólo nuestros como las relaciones con los inversores extranjeros.

Y ahora, nos acecha el peligro de otro triángulo de las Bermudas con la triple alianza de Chávez, Fidel y Evo. Huele mal, viene de nalga...

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