Las esquirlas del estallido provocado por el inesperado triunfo del candidato libertario Javier Milei en las elecciones primarias del domingo pasado continúan esparciéndose por Argentina. En un contexto de creciente incertidumbre política que ahora se agrega a la extrema fragilidad de la economía.
En la semana posterior a los comicios los dólares paralelos saltaron más del 20% y se desató una ola de remarcaciones de precios que amenaza con impulsar los índices de inflación de agosto y septiembre a niveles por encima del 13% mensual.
“El consenso del mercado esperaba un escenario en que la disputa principal se librara entre el oficialismo y Juntos por el Cambio, pero entró un tercer actor y eso incrementó el nivel de incertidumbre. Milei plantea que quiere destrozar el peso para dolarizar la economía, con lo que es natural que todos quieran sacarse los pesos de encima lo más rápidamente posible. Ese escenario terminará de complicar aún más a la inflación y a la brecha cambiaria en las próximas semanas”, dijo a El País el economista Sebastián Menescaldi, director asociado de la consultora EcoGo, en Buenos Aires.
Si bien las perspectivas para las elecciones generales del 22 de octubre son todavía inciertas dado que el resultado de las primarias evidenció paridad entre las tres principales fuerzas políticas, la irrupción de Milei hasta convertirse en el candidato más votado (30,04%) no estaba incluida en el escenario base de analistas e inversores. El hartazgo social provocado por más de una década de elevada inflación y caída de los salarios derivó en que buena parte de la sociedad buscara alternativas disruptivas en las urnas.
Ese giro, que busca reemplazar de raíz el rumbo económico recorrido en los últimos años, no solo surge en forma nítida con el ascenso de Milei, sino también con el claro triunfo de Patricia Bullrich (16,98%) sobre Horacio Rodríguez Larreta (11,29%) en la interna de la coalición opositora Juntos por el Cambio.
No obstante, aún con candidatos triunfantes que expresan posturas pro-mercado, las dudas persisten dado que las reformas prometidas requerirán de una sólida mayoría no solo parlamentaria, sino también social para ser implementadas.
“Por más que Milei tenga ideas pro mercado, esas reformas hay que poder llevarlas a cabo, y eso está en duda. Además, no queda tan claro cuál será la secuencia en que serían implementadas esas reformas, más aún teniendo en cuenta el poco respaldo parlamentario que tendría Milei en caso de ganar la presidencia”, dijo a El País el economista Jorge Neyro, en Buenos Aires.
Si Milei repitiera en octubre la performance que registró en las primarias, La Libertad Avanza –el partido que lidera- pasaría a contar en diciembre con 40 diputados sobre un total de 257, y con 8 senadores sobre un total de 72. A las dudas por esa escasa representación parlamentaria se suma la nula experiencia de Milei en la gestión pública.
Esas condiciones despiertan incógnitas sobre la futura gobernabilidad, incertidumbres que quedaron reflejadas en la fuerte alza de los dólares paralelos y en el derrumbe de los bonos argentinos registrados en los tres primeros días de operaciones tras la elección primaria.
Devaluación sin plan
Los dilemas políticos se superponen al tembladeral económico. En un contexto de extrema escasez que llevaron a las reservas netas -aquellas que surgen de la diferencia entre los activos del Banco Central y sus pasivos a corto plazo- a un record negativo superior a los US$ 10.000 millones, el día posterior a las elecciones el gobierno convalidó una devaluación en torno al 22% del tipo de cambio mayorista. Todo indica que esa depreciación ya había sido acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como moneda de cambio para que el organismo destrabe un desembolso pendiente por US$ 7.500 millones. Esos recursos serán utilizados por el gobierno para evitar un default con el propio FMI y para insuflarle algo de oxígeno al stock de reservas.
“Dada la situación, el gobierno se lanzó a la tabla de salvación del FMI. Faltan dólares y la única manera de obtenerlos en este contexto es a partir de un entendimiento con el Fondo. Para eso, el gobierno tomó la medicina amarga de la devaluación y debió aceptar una inflación que ya estimamos en 13% tanto para agosto como para septiembre”, dijo Menescaldi.
En su doble rol de ministro de Economía y de candidato presidencial por el oficialismo, Sergio Massa había rechazado en forma categórica durante los últimos meses la posibilidad de convalidar una devaluación abrupta del peso. Sin embargo, la realidad económica pudo más que las promesas electorales.
El problema es que el ajuste cambiario parece llegar en el peor momento para un gobierno shockeado tras el peor resultado histórico obtenido por el peronismo en una elección nacional. De hecho, la devaluación ni siquiera fue anunciada oficialmente por Massa y, peor aún, la medida asoma aislada, sin un plan económico consistente por detrás.
Ese escenario disparó en los últimos días un brusco salto de los precios, con remarcaciones que superaron el 20%. En algunos rubros se percibe incluso faltantes de productos ante los interrogantes sobre cuál será el costo de reposición. En medio del desconcierto, el gobierno llegó a amenazar con el cierre de las exportaciones de carne mientras negociaba con los frigoríficos un tope a los aumentos en algunos cortes. Esa medida finalmente no fue adoptada, aunque podría volver a ponerse sobre la mesa si la situación se desbordara en las próximas semanas.
El acuerdo alcanzado en 2022 para la refinanciación de la deuda de US$ 45.000 millones contraída en 2018 con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es, sin duda, uno de los escollos que Massa tiene en su gestión y esta semana viajará a Washington, en coincidencia con la reunión del directorio del organismo, que debe aprobar un desembolso de unos US$ 8.000 millones. Argentina necesita los desembolsos para pagar los vencimientos al FMI, por lo que la demora hizo que el país negociara créditos puente con el Banco de Desarrollo de América Latina-CAF y con China, a través de un ‘swap’ de yuanes.
Argentina otra vez se asoma al abismo económico, ¿zafará?
Como tantas otras veces a lo largo de su historia, Argentina se asoma al abismo económico. En los próximos dos meses que restan hasta las elecciones generales, el país deberá enfrentar un escenario altamente inestable provocado por un gobierno debilitado y un candidato favorito con planteos radicalizados que multiplican las dudas.
“El mercado apunta a la forma en que Milei quiere llevar adelante la dolarización de la economía. La licuación de los pesos para hacer posible ese proceso puede llevar a la hiperinflación, y eso aumenta la incertidumbre. A eso se suman las dudas sobre la gobernabilidad dado que si bien Milei podría llegar a gobernar con acuerdos, está plantado en una situación tan extrema que esos acuerdos hoy no se ven posibles”, señaló Menescaldi.
“Frente a eso hay un gobierno que postergó las correcciones y ahora debe hacerlas con mucho menos poder. Se vienen semanas muy movidas que se extenderán por lo menos hasta noviembre dado que probablemente haya un ballotage”, agregó el economista.
En este ámbito, Massa mantendrá su doble rol:candidato a presidente y ministro de Economía. “Yo, cuando estoy al frente de la tormenta, agarro el timón y no lo suelto”, dijo el miércoles en una entrevista, la primera aparición pública tras la noche electoral del titular del Palacio de Hacienda, cual ‘capitán’ del barco en medio del temporal más complejo que afronta Argentina, la situación socioeconómica.
El ministro anunció en el canal TN que se mantiene en el cargo hasta el 10 de diciembre, cuando termina el mandato del presidente, Alberto Fernández, porque “lo peor que podría hacer” es irse, ya que “haría mucho daño a la estabilidad económica argentina”.
Con información de EFE.