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Reapareció Ernesto Talvi con un “enfoque alternativo” al “relato dominante” que se da en la región

En un análisis para el Real Instituto Elcano de Madrid, el excanciller compartió su visión político-económica sobre América Latina.

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Ernesto Talvi
Ernesto Talvi.
Foto: Gerardo Pérez

Redacción El País
El excanciller y exlíder del sector Ciudadanos del Partido Colorado, Ernesto Talvi, reapareció públicamente con un análisis político-económico sobre Latinoamérica, compartido con José Pablo Martínez para el Real Instituto Elcano de Madrid, donde es investigador senior asociado.

“El relato dominante sugiere que el estancamiento económico de la última década llevó a un desencanto con la democracia, una desafección con los partidos establecidos y con la elite política tradicional, a frecuentes movilizaciones de protesta, al voto de castigo, a la fragmentación y polarización del sistema político, y a una frágil gobernabilidad”, comienza el análisis de Talvi y Martínez titulado: “¿Es América Latina un “desastre” político? Un enfoque alternativo”.

“La evidencia parece confirmar este relato. Y, sin embargo, es una visión parcial de la realidad”, sostienen.

Talvi y Martínez recuerdan que “casi una década después del final del boom 2004-2013, cuando la región creció a una tasa promedio de casi un 5% anual, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita se ha mantenido estancado. Un pobre desempeño económico que superó las previsiones más pesimistas y antecedió a la pandemia”.

Las expectativas de los latinoamericanos eran bien diferentes para esta década, conforme a lo que habían vivido hasta 2013. Entonces, ese divorcio entre expectativa y realidad, generó un “descontento generalizado” y un “voto castigo”, explican.

Talvi y Martínez señalan que “de las 19 elecciones presidenciales sin sospechas de fraude realizadas entre 2018 y 2022, 13 fueron ganadas por la oposición al gobierno de turno. Esto contrasta con lo ocurrido durante el boom, cuando los oficialismos en su mayoría eran reelectos. El kirchnerismo en Argentina, el Partido de los Trabajadores en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, el MAS de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Álvaro Uribe en Colombia y, con un interregno, Michelle Bachelet en Chile”.

El voto de castigo explica el giro a la izquierda experimentado en la región desde 2018. La mayoría de los países más grandes, tras cuatro años de estancamiento, estaban gobernados por la derecha: Michel Temer en Brasil, Enrique Peña Nieto en México, Iván Duque en Colombia, Mauricio Macri en Argentina, Martín Vizcarra (sucesor de Pedro Pablo Kuczynski) en Perú y Sebastián Piñera en Chile. Allí donde gobernaba la izquierda, como Ecuador en 2018 y Uruguay en 2019, resultaron electos gobiernos de derecha o centroderecha”, agregan.

Para Talvi y Martínez, “además de expresar su malestar mediante protestas masivas, los electores buscan propuestas alternativas a las tradicionales y el voto emigra hacia nuevas opciones electorales, a izquierda y derecha”.

Ponen como ejemplos de “este fenómeno” a “Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador, Gabriel Boric y Alejandro Kast en Chile, Rodolfo Hernández y Gustavo Petro en Colombia, Pedro Castillo en Perú y Javier Milei en Argentina. Todos ellos tienen un discurso antisistema y, en algunos casos, un talante autoritario y un marcado desdén por las instituciones de la democracia liberal”.

Como “esta huida desde los partidos establecidos se hace desde el centro hacia los extremos, su consecuencia inevitable es polarizar el sistema po-lítico y la sociedad, lo que a su vez se transforma en un aumento de la distancia política e ideológica entre los bloques con posibilidades de alternancia en el gobierno”, afirman Talvi y Martínez.

“Si se entiende la gobernabilidad como la capacidad del Estado para gobernar de manera eficaz y legítima, la excesiva fragmentación y la polarización, unidas a los movimientos de protesta social, la socavan desde su propia base”, añaden.

Entonces, “la combinación de estancamiento económico, elevado endeudamiento, descontento social y frágil gobernabilidad, ha conducido a un deterioro de la calidad crediticia y del clima de inversión” por lo que “en definitiva, el relato predominante parece estar avalado por los datos”, indican.

“Sin embargo, un relato alternativo también es posible”, aseguran.

Por ello, “los retrocesos políticos observados en América Latina no solo se enmarcan en tendencias globales similares, sino también tienen un marcado componente cíclico relacionado con el ciclo económico”, dicen Talvi y Martínez.

“A pesar del retroceso de los últimos años, América Latina sigue siendo la región emergente más democrática del mundo. El 74% de los países lo son y el 90% de la población vive en ellos”, agregan.

Según Talvi y Martínez “la naturaleza global y cíclica de los retrocesos políticos, la prevalencia de la democracia, un núcleo duro y mayoritario de apoyo a la democracia, y un núcleo duro y mayoritario de votantes autoidentificados con el centro sugieren que los retrocesos de los últimos años podrían revertirse al compás de los cambios en el contexto global y cuando la economía de la región se recupere”.

En ese sentido, “no se puede excluir la posibilidad de que América Latina entre en una fase expansiva en los próximos años” (ver aparte), expresan los autores.

VISIÓN

Una gran oportunidad para esta región

Talvi y Martínez explican que “en los últimos 50 años, tasas de crecimiento superiores al 3% anual solo se observaron en períodos en donde se conjugaron uno de los dos factores o ambos a la vez: elevados precios de las materias primas y fuertes afluencias de capital”, algo que empezó a verse en forma incipiente tras la invasión de Rusia a Ucrania y desde que la inflación empezó a ceder en Estados Unidos. Por eso creen que no se puede excluir la posibilidad de que América Latina entre en una fase expansiva en los próximos años.

“Tampoco se puede excluir que el nuevo escenario geopolítico configurado tras la invasión de Ucrania potencie la riqueza del continente (tierras fértiles, sol, viento y agua, y la capacidad de producir energía limpia, abundante y barata) y permita a los países de la región dar un salto cualitativo en la sofisticación y complejidad de su matriz productiva, para crecer sostenidamente a un ritmo más elevado y emanciparse de la dependencia externa como el único motor de crecimiento”, agregan.

Talvi y Martínez concluyen que “para aprovechar esta oportunidad, como ocurre siempre en situaciones que plantean desafíos complejos, se requerirá una gran dosis de liderazgo político, democrático, internacionalista, pragmático e inteligente” y que “más allá del ruido y de las excepciones que confirman la regla, no escasean en América Latina líderes de estas características, a ambos lados del espectro político”.

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