Por Ángel Arellano
Doctor en ciencia política, periodista y profesor de la Universidad Católica del Uruguay. Presidente de la Cámara Venezolano-Uruguaya.
En los regímenes autoritarios, el miedo es una herramienta de control tan poderosa como la represión. En Venezuela, donde el chavismo ha perfeccionado durante más de dos décadas un sistema de dominación basado en la censura, la persecución y la fragmentación social, el miedo ha sido el principal obstáculo para la construcción de una alternativa democrática. Sin embargo, en este contexto hostil, María Corina Machado ha logrado algo que trasciende lo electoral.
Machado no ha derrotado al régimen en términos institucionales. No ha ocupado la presidencia ni ha logrado que el chavismo abandone el poder. Pero ha conseguido algo más profundo: ha transformado la cultura política de la oposición venezolana, ha reconfigurado el vínculo entre liderazgo y ciudadanía, y ha sembrado una convicción colectiva de que el cambio es posible, incluso en las condiciones más adversas.
El aprendizaje de la lucha cívica
La trayectoria de María Corina Machado no puede entenderse únicamente en términos de acceso al poder o resultados electorales. Su liderazgo encarna un proceso más profundo: el aprendizaje colectivo de la lucha cívica en un contexto autoritario. En un país donde el Estado ha sido instrumentalizado para reprimir, dividir y desmovilizar a la ciudadanía, Machado ha contribuido a reconfigurar el vínculo entre sociedad y política, promoviendo una cultura democrática basada en la organización pacífica, la defensa del voto y la construcción de redes ciudadanas.
El mayor capital de esta dirigente al frente del movimiento opositor, es haber transformado el miedo —históricamente utilizado como herramienta de control— en convicción democrática. Este proceso ha implicado superar la desorganización política, internacionalizar la causa venezolana, incorporar a la diáspora como actor estratégico y mantener una relación directa y sostenida con la ciudadanía. La consolidación de una mayoría democrática no se ha dado por concesiones institucionales, sino por el fortalecimiento de una identidad cívica que desafía al autoritarismo desde la base social.
Superar el aislamiento
La trayectoria de Machado es inseparable del activismo independiente en Venezuela. Desde la fundación de Súmate en 2001, su apuesta ha sido por la organización ciudadana, la defensa del voto y la construcción de redes democráticas. A diferencia de otros liderazgos que han oscilado entre la negociación y la confrontación, Machado ha mantenido coherencia entre sus declaraciones y acciones: la salida del gobierno chavista debe ser producto de una movilización civil sostenida, no de pactos con quienes han destruido las instituciones.
Este enfoque ha sido clave para superar uno de los mayores desafíos de la oposición: el aislamiento. Durante años, el régimen logró dividir a los actores democráticos, sembrar desconfianza entre partidos, y desmovilizar a la sociedad mediante la frustración electoral. Machado, en cambio, ha insistido en la necesidad de reconstruir el tejido ciudadano desde abajo, con formación política, trabajo comunitario y articulación de liderazgos locales.
La internacionalización
Uno de los logros más significativos de Machado ha sido la internacionalización de la causa democrática venezolana. Su discurso claro, su coherencia estratégica y su capacidad de interlocución con actores globales han permitido que la lucha venezolana no quede confinada al ámbito nacional. Desde su intervención en la OEA en 2014 para denunciar la violación de los DDHH en las protestas, lo que le llevó a que la expulsaran del Parlamento y la inhabilitaran, hasta su reciente reconocimiento con el Premio Nobel de la Paz, Machado ha hecho de la resistencia civil venezolana un referente internacional.
Este proceso ha sido clave para contrarrestar la narrativa oficialista, que busca presentar la crisis venezolana como un conflicto interno o como resultado de sanciones externas. Machado ha demostrado que lo que ocurre en Venezuela es una lucha entre autoritarismo y democracia, y que merece el respaldo de la comunidad internacional.
La diáspora como fuerza política
Otro elemento clave en la estrategia de Machado ha sido la incorporación de la diáspora. Con más de ocho millones de venezolanos fuera del país, la emigración se ha convertido en una fuerza política y cultural de enorme relevancia. Lejos de ver la diáspora como una pérdida, Machado la ha integrado como parte del proyecto de reconstrucción nacional.
Durante las primarias opositoras de octubre de 2023, miles de venezolanos en el exterior participaron activamente, demostrando que el compromiso con el país no se extingue con la distancia. Esta conexión con la diáspora ha permitido ampliar el alcance del mensaje democrático, fortalecer redes de apoyo internacional y mantener viva la esperanza de retorno.
Cercanía: liderazgo horizontal
Uno de los rasgos más distintivos en la evolución del liderazgo de Machado ha sido su cercanía con la gente. En un país donde la política fue secuestrada por élites partidistas y militares, ella ha insistido en que la reconstrucción democrática solo será posible si se devuelve el protagonismo al ciudadano común. Su trabajo con jóvenes, organizaciones de base y plataformas de formación política ha contribuido a la resistencia de una cultura democrática que trasciende el momento electoral.
Machado no ha construido su liderazgo desde el poder, sino desde la calle. Ha recorrido el país, ha escuchado a las comunidades, ha enfrentado agresiones y amenazas sin abandonar su convicción. Esta conducta le permitió construir una mayoría indiscutible, que no se mide solo en votos, sino en confianza, en legitimidad y en capacidad de movilización.
Construcción de mayorías
La victoria de Machado en las primarias opositoras de 2023, con más del 92% de los votos, fue un hito histórico. No solo por el resultado, sino por lo que representa: la consolidación de una mayoría democrática que ha aprendido a resistir, a organizarse y a desafiar al poder sin armas. Esta mayoría no depende de concesiones del régimen, sino de la convicción ciudadana de que el cambio es inevitable.
Aunque el régimen ha intentado excluirla de las elecciones presidenciales, su liderazgo no ha sido debilitado. Al contrario, ha crecido. Su respaldo a Edmundo González en 2024, su capacidad de mantener la unidad opositora y su reconocimiento internacional han demostrado que el chavismo ya no controla el relato político. La narrativa del miedo ha sido sustituida por la narrativa de la esperanza.
Es cierto que María Corina Machado no ha vencido al régimen en términos formales. Sin embargo, es posible afirmar que ha vencido el miedo, y eso, lo dicen otras experiencias de resistencia y transición democrática, es el primer paso para cualquier transformación política profunda. Ha demostrado que la lucha cívica puede ser eficaz, que la organización ciudadana puede resistir la represión, y que la democracia puede renacer incluso en los contextos más oscuros.
Su liderazgo es hoy el reflejo de una sociedad que ha aprendido a no rendirse. Y aunque el camino hacia la libertad aún es largo, la construcción de una mayoría indiscutible, cercana, internacionalizada y decidida hace inevitable valorar la caída del sistema autoritario que domina Venezuela como una posibilidad realmente verosímil. Lo deseable, para el mundo democrático y para el pueblo venezolano dentro y fuera del territorio, es que esto ocurra más pronto que tarde. Esa mayoría verá florecer la democracia que ha sembrado con coraje, convicción y enormes sacrificios.