CESAR BIANCHI
Ariel Salinas entra caminando con gran parsimonia, y eso que llega 15 minutos tarde. De jogging negro, championes de marca, capucha puesta y lentes negros, se mueve como en el living de su casa, pero está en los pasillos del estudio de televisión de canal 4. Tiene el pelo largo, pero no es carilindo. No es nada carilindo. Sin embargo, muchas fanáticas lo esperan en la puerta del canal y en el estudio principal cientos de adolescentes uruguayas gritan por él y su conjunto de cumbia villera: Los Pibes Chorros.
Tiene 29 años, es el cantante y tecladista del grupo pero nunca fue a clases de música. Sus padres le pagaron un curso de guitarra a una de sus hermanas y otra prefirió aprender a tocar el arpa, pero a él no le pagaron ningún curso. Autodidacta, desde los 6 años toca el teclado y desde los 12 que dice integrar conjuntos de cumbia. También trabajó en una papelería y en un frigorífico.
Vive en la zona sur de Buenos Aires, "en la villa". "Somos el primer y único grupo que todavía queda que realmente es de la villa (miseria). Nuestras letras hablan de nosotros mismos, de lo que vivimos en la villa", dice Salinas, creador de las polémicas letras que tanto irritaron al jefe de Gabinete del gobierno de Néstor Kirchner.
En el estudio, después de haber escuchado a Rascaman —uno de los pioneros de la "cumbia villera uruguaya"—, las "fans" de Pibes Chorros esperan el gran momento.
Natalia, Ximena, Stefani y Anita, todas de 14 años, son compañeras del liceo 41 de Cerrito de la Victoria, y vinieron a la segunda presentación del grupo. "¿Por qué me gusta? No sé... me gusta la música, las canciones, su forma de ser", dice la primera. "Tienen letras que son un disparate, pero son divertidas para bailar", aclara Anita.
A unos metros hay otro puñado de hinchas de la cumbia villera argentina. Cinthia de 18 años, Victoria y Jimena de 16 vinieron desde La Teja para ver a Los Pibes Chorros. "¡Obvio que nos gusta!", confirmó Victoria. Cinthia, que ondeaba una bandera de aliento al conjunto, dijo: "Otros grupos cantan canciones de amor, todo muy lindo, pero cuando tienen fama se olvidan de los fans. Ellos no; yo los vi hace dos años y siguen siendo igual de humildes".
En parte es verdad que Ariel Salinas "no se la cree". Estudió en el colegio privado parroquial Pío XII, y la secundaria la hizo en el colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, confiesa entre carcajadas. A pesar de la educación recibida, es "villero".
Dice que no ha robado pero tiene algún antecedente menor tras las rejas: "entradas y salidas cortas, por desacato o disturbios en la vía pública", confiesa. No habla por los demás. Con las drogas su relación también es tibia; consume "porros" de marihuana o "pinitos" ("más puros"), pero no le interesa probar cocaína.
Mientras Gutiérrez los anuncia por tevé, ellos están a punto de no tocar por un error técnico. Falta una conexión eléctrica y los artistas se niegan a hacer "playback", como hicieron las demás bandas invitadas. Finalmente, acceden.
El productor del programa televisivo les dice que tienen toda libertad para elegir los temas, pero que en lo posible "no se zarpen mucho, porque el público uruguayo es distinto al argentino". "Entonces no hago canciones de choreo (sic)", decide Salinas.
Dos minutos antes de terminar el programa, cantan "Los Pibes". "Hay que linda cabellera que tienes tú, lavatela con champú", dice el estribillo del primer tema. Es una de las letras "suaves" en todo el repertorio.
POLEMICA. El miércoles 4 el jefe de Gabinete de Argentina, Alberto Fernández, trazó un paralelismo entre la cumbia villera y la difusión de un "fenómeno de violencia delictiva". Fernández señaló a esa expresión musical como la "generadora de una ola de inseguridad", y al día siguiente relativizó sus dichos.
El gobernante insinuó que estos conjuntos pueden estar incurriendo en "apología del delito".
Con la visita del emblemático conjunto de cumbia villera Los Pibes Chorros a Uruguay este fin de semana (harán varios shows desde Montevideo hasta Rivera) la polémica se instaló también aquí.
Muchas letras de la cumbia villera hablan a favor de "la sustancia" o "la lata" —en alusión a la pasta base—, hablan mal de los policías, o bien describen despectivamente a chicas no muy afectas al aseo y deseosas de tener sexo rápido.
"Hacen una música que le gusta a muchísima gente. Ojo, que no hablo de calidad de la música", aclaró Omar Gutiérrez, conductor del programa "De Igual a Igual".
Gutiérrez no sabe el motivo pero ha visto que el género ha gustado en todos los estratos sociales y no hay fiesta que no tenga cumbia villera. "Quizás sea por el ritmo, que es pegadizo y contagioso, no sé", sostiene. El conductor dice que él tiene distintos géneros musicales en su programa, pero son más los de "pop latino" porque hay abundancia de conjuntos.
"Letras sobre drogas y delincuencia también las hay en el rock o mismo en el tango", dice Gutiérrez. Pablo Fraga, representante de los grupos uruguayos "Rascaman" y "La Monada", íconos del "villerismo", coincide con el animador de tevé. "El tango es del arrabal y tenía letras prohibidas, ‘Cocaine’ de Eric Clapton habla de las drogas, ni que hablar del reggae de Bob Marley o Peter Tosh...".
Fraga se muesta enojado con la polémica llegada de la vecina orilla. "Los gobernantes que se dediquen a los verdaderos problemas, que no son estos", dice. Reivindica la versión criolla de cumbia villera porque, dice, sus letras no son tan explícitas en alusión a la prostitución, las drogas o la delincuencia. "Las letras de mis grupos hablan de la joda, de la diversión en un baile", dice Fraga, encargado de escribir las letras.
"Si querés ir a una fiesta, vení y llevate esta, que te la apoyo por delante y por detrás", dice una canción de Rascaman. "Sos bien trola, sos mala, y le das a la chala (marihuana); sos bien trola, y en la esquina das la cola", canta en otra un uruguayo con la camiseta de Boca.
¿APOLOGIA? Según dijo un connotado abogado penalista a El País, "es muy probable" que algunas letras estén violando el artículo 148 del código penal, que pena con prisión de 3 a 24 meses a quien "hiciere, públicamente, apología de hechos calificados como delitos".
"Tal como actuó de oficio el juez (Pablo) Eguren en un clásico que terminó con golpes de puños entre los jugadores, que los llamó a declarar a la Justicia, un fiscal también puede actuar de oficio en este caso", dijo.
Para el también abogado Carlos Curbelo Tammaro, el tema no es tan sencillo. "Hay que ver si lo que quieren es hacer música, aunque con transgresión, o quieren incitar y levantar a las masas. La clave es la intencionalidad", dice.
Todo es cuestión de comprobar "si el delito tiene una barrera en el arte, y por tanto nada de lo artístico sería delictivo; o la teoría contraria es que si no es delictivo o pornográfico no se puede denominar arte". La discusión puede ser eterna, cree Curbelo.
"Si el chico o chica tiene valores firmes y está bien educado en la institución familia, podrá ir a escuchar esos grupos y no lo influirán en nada. Por el contrario, si un muchacho débil, con problemas en la casa, con padres golpeadores, alcohólicos o simplemente ausentes, seguramente ese tipo de música incidirá en su conducta", opinó en tanto Stella López, directora del Instituto Nacional del Menor (Iname).
A Fabián "Fata" Delgado, líder Los Fatales, no le gusta la cumbia villera. "Tiene la misma base rítmica que siempre tuvo la cumbia. Está claro que no hay que prohibirla, pero no me gusta que la escuchen adolescentes porque es la etapa donde se forman su gusto musical", dice. Cree que en Uruguay se trata de una "moda" que no llegará al 2005.
El sociólogo Antonio Pérez García, en cambio, se mostró asombrado por cómo esta música ha trascendido el ámbito marginal para llegar a todos los niveles. "Ellos hablan desde su lugar, cuentan sus vivencias. Si usted habla con una maestra de la periferia le contará que los padres de los alumnos se dedican a la prostitución y a la delincuencia. Lo curioso es ver cómo parte de la sociedad se alarma al escuchar a estos grupos", sostuvo.
Seguramente la polémica pueda zanjarse siguiendo la teoría de David Guerra (25), el encargado de cargar los instrumentos de "Los Pibes Chorros": "Esto es fácil, al que no le guste lo que hacemos, que no compre nuestros discos, y que cambie de canal. Y ya está".
Una moda que entró por Punta
"Hace diez años atrás no había un programa de televisión durante cinco años difundiendo un tipo de música donde, en gran medida y por muchos momentos, se termina elogiando la acción delictiva, como es todo este fenómeno de la cumbia villera y todo este movimiento cultural, entre comillas. Han cambiado muchas cosas en diez años en la Argentina y entre esas cosas también hay un fenómeno de violencia delictiva, que se ha difundido", dijo el jefe de Gabinete del gobierno argentino de Néstor Krichner, el miércoles pasado a Radio Mitre de Buenos Aires.
El jueves 5, cuando el ministro del Interior argentino, Aníbal Fernández, recibía al conductor televisivo de música tropical Daniel "Tota" Santillán en Casa Rosada, el propio Kirchner irrumpió en el salón y afirmó: "Yo banco la cumbia villera... ¿Quién no vio (alguna vez) ‘Pasión de Sábado’?"
"Los políticos nos pegan porque hay que hallar un culpable cuando las cosas no se hacen bien en el gobierno, y fueron a la música. Lo que está de moda es la cumbia villera y nosotros somos un ícono del género, entonces la ligamos", dice Ariel Salinas, el cantante de "Los Pibes Chorros".
OPINIONES. Yohan Kozub se reivindica como quien trajo el formato "cumbia villera" a Uruguay. Dice que la incorporó en el verano del 2000 en la disco Vantix de Punta del Este. Hoy es el manager de Pibes Chorros, Yerba Brava y Supermerk2. Dice que desde el principio fue un fenómeno y que los distintos exponentes del género actuaron en los programas de Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli.
"No es cierto que incite a la violencia y las drogas. Los problemas vienen del desempleo, la educación y la salud", dice Kozub, en coincidencia con el "manager" de La Monada y Rascaman, Pablo Fraga.
Los Pibes Chorros tocaron el viernes en las discotecas "Fabric", "Coyote" y luego viajaron a Pan de Azúcar; anoche estuvieron en "Keops" de Marindia, "Jaque Mate", "Sueños" de Minas, "Bald Patch" de Florida y terminaron en el "Interbailable" de la capital. Hoy el grupo viajará hasta Rivera para presentarse en "Los Bulevares". Suelen cobrar una tarifa del orden de los U$S 1.500 ($ 45.000) por un show de 30 minutos. Rascaman y La Monada —versión uruguaya de la cumbia villera— tienen un cachet bastante menor: entre $ 7.000 y $ 10.000 por presentación.
El continuo ejercicio de fascinar a la alta cultura
En el Río de la Plata la cumbia y sus derivaciones han tenido poco que ver con el ritmo colombiano del que toma su nombre. Como ya lo hizo la plena o cumbia uruguaya, la cumbia villera transformó gradualmente en un producto exportable y en un capital cultural a lo que hace pocos años no era más que una subcultura devaluada para la sociedad en general.
La cumbia villera revela el vocabulario y la visión del mundo de los habitantes de las zonas marginales del Gran Buenos Aires: son constantes temas como el descrédito del sistema político, la realidad social de las villas, la apología del delito y de las drogas "fuertes", o la incitación a la violencia contra la policía.
Ya en el 2001 el Comfer argentino (Comité Federal de Radiodifusión) se preocupaba porque el nuevo género "encuentra su origen en las zonas marginales del Gran Buenos Aires, siendo muchos de sus intérpretes, habitantes de los barrios de emergencia de las zonas de Tigre, San Fernando y Pacheco" y temía que fueran una mala influencia para el público adolescente.
Pronto el Comfer emitió sus pautas para la evaluación de los contenidos de la cumbia villera. Como suele suceder, los grupos encontraron rápidamente palabras menos conocidas para referirse a los mismos significados.
En los 90 la movida tropical argentina, como casi todo en el país que Menem llamaba "la Argentina del primer mundo", fue explosiva. Surgieron Pocho "La Pantera", Riki Maravilla o Gladis "La bomba tucumana". Después Gilda y grupo Sombras llevarían la música tropical a todos los estratos sociales.
Hacia el año 2000 se instala la "cumbia de barrio". Este género evolucionó en la cumbia villera, donde la banda Flor de Piedra alude con su nombre a los cristales de cocaína y su segundo disco se llamó "Más duros que nunca". Del creador de Flor de Piedra, Damas Gratis instaló en los medios el debate sobre la cultura marginada. Es en este contexto donde los Pibes Chorros irrumpen "para toda la vagancia" (aunque canten en Punta Gorda...).
La llegada de materiales culturales provenientes de sectores marginales en las culturas nacionales y regionales no son fenómenos nuevos. Desde el tango a la cumbia, pasando por la revolución punk, los de más abajo han venido fascinando a la alta cultura con oleadas de creatividad desbocada.