ALICIA RIVERA | EL PAÍS DE MADRID
La grave avería que se produjo en unos imanes que forman el enorme anillo del acelerador de partículas más grande del mundo, que se acompañó además de una fuga de helio, mantendrá al millonario proyecto científico parado durante seis meses. "Sin lugar a dudas un golpe psicológico", reconoció Robert Aymar, director del CERN. "Sin embargo, estoy convencido de que superaremos este revés con el mismo rigor con el que hemos construido y puesto en marcha este gran acelerador", aseguró.
Los planes a corto plazo del nuevo gran acelerador de partículas LHC, situado junto a Ginebra, se han desbaratado por completo. Una avería grave registrada en unos imanes que forman el anillo de 27 kilómetros del acelerador, acompañada de una pérdida considerable de helio líquido (el refrigerante necesario para que funcione), exigirá al menos dos meses de trabajo para hacer las reparaciones, volver a enfriar el sector afectado y reanudar las operaciones.
El LHC es la mayor máquina científica jamás construida y el coste del proyecto asciende a 6.000 millones de euros.
El incidente se produjo el viernes de la pasada semana al mediodía y se detectó en el centro de control, pero debido al derrame de helio -que limita el oxígeno respirable- los técnicos e ingenieros no pudieron entrar en el túnel donde está el LHC para evaluar los daños hasta varias horas después. El acceso al túnel está prohibido cuando funciona el acelerador. La avería del viernes no supuso riesgo alguno para el personal del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), según informó esta institución.
La avería supone el tipo de percance más temido por los ingenieros y responsables del CERN en los últimos meses: cualquier fallo que obliga a calentar y volver a enfriar una parte del LHC provoca un retraso de varias semanas.
Tras la puesta en marcha exitosa del acelerador, el pasado día 10, cuando circularon los primeros haces de partículas (a baja energía), los responsables de la máquina siguieron con las operaciones de puesta a punto para lograr las primeras colisiones en pocos días. Esta semana se registraron problemas en un transformador del sistema de alimentación eléctrica, pero fueron solventados. El viernes se estaban haciendo las pruebas finales a alta energía -sin haces de partículas circulando, pero a cinco teraelectronvoltios- en uno de los sectores del acelerador, el denominado 3-4 (entre los detectores CMS y Alice). Se produjo una "importante pérdida de helio", acompañada de una fuerte subida de temperatura de imanes en el sector afectado, explicó el CERN. "Las investigaciones preliminares indican que la causa más probable del problema fue un fallo en la conexión eléctrica entre dos imanes, que probablemente se fundieron y provocaron daños mecánicos". El hecho de que el sector afectado fuera el último a probar y que los otros no hayan dado problemas, era la única nota optimista en el CERN. "Es como darle un caramelo a un niño y quitárselo antes de que empiece a saborearlo", comentaba el sábado una científica, haciendo alusión al éxito de los primeros haces y la decepción tras la avería.
Los grandes imanes del LHC son superconductores, es decir, que están hechos de materiales que no ofrecen resistencia al paso de la corriente. Pero tienen que funcionar a 270 grados bajo cero, o pierden su propiedad superconductora. Estos imanes son piezas clave del LHC -el primer gran acelerador superconductor del mundo- que guían los dos haces de partículas que van por un tubo de alto vacío. Si el LHC no exigiera bajísima temperatura para funcionar, la avería podría solucionarse en unos días, según el CERN.
Mensaje tranquilizador
A pesar de las fallas que determinaron que apenas a 10 días de su puesta en marcha, el Gran Colisionador de Hadrones suspenda sus tareas por seis meses, el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) confirmó que el próximo 21 de octubre igualmente se llevará a cabo la ceremonia oficial de inauguración del más grande acelerador de partículas del mundo.
El director general del CERN, Robert Aymar, decidió seguir adelante con la celebración, para la que cuenta con el apoyo de los veinte países miembros del Centro, en una iniciativa que es vista por los científicos como un mensaje tranquilizador, luego del atraso no esperado que ha sufrido el proyecto.
Por lo menos ocho jefes de Estado y de gobierno, entre los cuales está el presidente francés Nicolás Sarkozy, ya confirmaron su participación en un evento que tendrá mucho de protocolar pero poco de avance científico.