INVESTIGACIÓN 

A este ritmo, en Uruguay mujeres y hombres ganarán lo mismo recién en 2086, dice estudio

“El ritmo con el que se tiende a cerrar la brecha es bien al estilo uruguayo… lento”, ironiza Magdalena Furtado, representante de ONU Mujeres en Uruguay.

Casi una de cada cinco mujeres uruguayas de entre 20 y 24 años estudian y trabajan. Foto: Shutterstock
La maternidad también es castigada salarialmente. Foto: Shutterstock

Ser mujer y madre es un doble castigo. Al menos eso es lo que expresa el mercado laboral uruguayo cada vez que remunera a ellas por el desempeño de tareas similares a sus pares hombres. Y a este ritmo deberán pasar décadas para que los salarios se equiparen. O, como gustan llamar los técnicos, deberá pasar más de una generación para el fin de la brecha.

Entre los gritos de "tocan a una, tocan a todas", el reclamo de equidad salarial resuena con más fuerza cada marcha del 8 de marzo. Pero en los bolsillos parece reflejarse una sorda respuesta: habiendo transcurrido la quinta parte del siglo XXI, ellas ganan al mes 25% menos que sus pares varones.

Un estudio liderado por Cepal y ONU Mujeres muestra que, calcule como se calcule, la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha ido achicando en los últimos 30 años. Pero lo viene haciendo tan lento que la brecha persiste. Tanto que, al ritmo de la última década, recién en el año 2086 habría una idéntica remuneración para similar tarea.

“El ritmo con el que se tiende a cerrar la brecha es bien al estilo uruguayo… lento”, ironiza Magdalena Furtado, representante de ONU Mujeres en Uruguay. En 1990 ellas ganaban al mes, en promedio, $ 14.324 menos que los hombres (a valores constantes de 2018). En 2018, según la Encuesta Continua de Hogares, las mujeres obtenían $ 9.658 menos que sus pares varones.

Pero esta caída de la brecha no fue siempre igual. “Se controlen variables o no, la gráfica muestra que hubo una caída en los 90, una meseta a mediados de la primera década de los 2000 y luego otra caída”, explica Verónica Amarante de Cepal. Y eso que en el mercado laboral “solo se contabiliza a las mujeres que tienen una remuneración por su trabajo y no al total de la población femenina, por lo que la distancia entre ellos y ellas podría ser mayor”.

En el sector público, allí donde se entra por concurso y existe un sistema de escalafones, la brecha es menor. Tanto menor que, si se mide por hora, las mujeres han llegado a ganar $ 20 más que los hombres. ¿Por qué? “Las mujeres tienen una alta calificación y, en el sector público, ellas tienen un nivel educativo alcanzado más alto lo que les permite otros accesos laborales”, señala Amarante.

Pero en el mundo de los asalariados privados, en cambio, por esa misma hora de trabajo ellas ganan $ 24 menos (y menos de $ 10.900 al mes).

“La inserción laboral de las mujeres fue uno de los grandes sucesos del siglo XX, pero aún hoy, en el siglo XXI, persisten las brechas de ingresos y de tipo de empleo”. Así lo entiende el ministro de Trabajo, Pablo Mieres.

Uno de los problemas para el recorte de esa brecha, dijo el jerarca durante la presentación del informe, es que “ellas no solo ganan menos, sino que tienen menos horas laborales remuneradas (lo que, aclararon los ponentes, no significa que trabajen menos)”.

La maternidad

 Si bien la desigualdad de ingresos podría tener muchas causas —desde la discriminación del empleador, las diferencias culturales y la segregación—, el estudio de Cepal y ONU Mujeres incorpora la primera evidencia en Uruguay sobre la penalización que supone la maternidad.

La economista Martina Querejeta estudió las bases de datos del Banco de Previsión Social a lo largo de las últimas décadas y descubrió que luego de diez años de tener el primer hijo, las mujeres experimentan una reducción del 42% de su salario mensual en comparación con mujeres con características similares que no tuvieron hijos.

Ese castigo salarial se explica, según la investigación, porque las madres trabajan un 60% menos que las mujeres que no tuvieron hijos (en horas). La otra parte se explica por ingresos por hora menores que las mujeres similares a ellas, pero sin hijos (25% menos).

La vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, señaló que esta penalización supone “una clara discriminación”. En este sentido, reflexionó: “Cuando se habla del avance auténtico de los derechos, esta (penalización) también debe tenerse en cuenta”.

Mieres, en una misma línea argumental, complementó: “En un país que tiene la tasa de fecundidad tan baja, es imperdonable que la maternidad sea tan penalizada”.

Según el ministro de Trabajo, llegó la hora de que Uruguay incorpore informes públicos (como hacen Canadá o Reino Unido) en que se muestre el recorte o ensanchamiento de la brecha de género… algo así como “un sello de calidad empresarial”.

La mala noticia, en el contexto de una pandemia, es que según la secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena, “el desempleo va a afectar a toda la región, pero más fuerte a las mujeres”. Más de la mitad de las áreas laborales en las que ellas se desempeñan, “son las más afectadas por COVID-19”.

Por eso el ministro Mieres concluyó: “Es importante que se incluyan las pautas de género en las rondas salariales y que el cuidado sea compartido”.

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