Para prevenir raquitismo

Cuando comienzan los primeros fríos y se acortan las horas de sol, aumenta el riesgo de desmineralización ósea en los lactantes. Dolores Torrado recomienda tomar medidas de prevención como forma de evitar enfermedades como el raquitismo.

DRA. DOLORES TORRADO | PEDIATRA UCM

Cuando comienzan a acortarse los días, como ocurre en el otoño, es bueno considerar los requerimientos mínimos de exposición solar que son necesarios para poder absorber vitamina D. Esta es una necesidad especial de los lactantes para que puedan fijar calcio en sus huesos, porque si no se satisfacen esos requerimientos se puede dar lugar a una enfermedad denominada "raquitismo". Se observa en los niños durante su fase de crecimiento y consiste en una mineralización insuficiente de sus huesos. La etiología habitual del raquitismo es la falta de vitamina D.

Ocurre por falta de exposición de la piel a los rayos ultravioletas, o debido a una carencia de la vitamina en la ingesta. Las manifestaciones de la enfermedad apreciadas radiológicamente como una desmineralización, en los inicios, se localiza en la extremidad de los huesos largos (epífisis), y más tarde en las zonas centrales (diáfisis). Cuando el hueso ya está desarrollado puede existir también una deficiente mineralización del mismo.

En la infancia, la causa predominante del raquitismo no es tanto la carencia de la vitamina D por deficiencias en su ingestión sino en su absorción. Esta deficiente absorción se relaciona con la insuficiente exposición del niño a los rayos ultravioletas. La enfermedad alcanza su mayor incidencia en los niños que nacen durante el otoño. En ellos resulta prioritario prevenir la enfermedad administrándoles un suplemento de vitamina D.

Vitamina D. En los países desarrollados prácticamente se erradicó el déficit de vitamina D ingerido, mediante el aporte que se realiza con los alimentos que recibe el lactante menor al año durante los meses de invierno. Sin embargo, esta carencia aún puede observarse en niños de raza negra (que tienen mayores requerimientos), sobre todo si no reciben el suplemento vitamínico en cantidad suficiente. Esta carencia relativa de vitamina D también puede apreciarse en el caso de los recién nacidos con bajo peso, debido a que tienen un crecimiento óseo más acelerado.

Un tercer mecanismo de deficiencia de vitamina D tiene lugar en niños que padecen otra enfermedad asociada que les dificulta tanto la absorción intestinal de vitamina D como de calcio. Esto ocurre, por ejemplo, en niños que padecen enfermedad celíaca o fibrosis quística, que determinan el déficit de absorción.

Existen dos formas de vitamina D: la D2 (o calciferol) y la D3 que es comercializada en el mercado en una forma sintética. La importancia de la vitamina D para la mineralización ósea se relaciona con su acción fisiológica a nivel del calcio en distintos niveles: facilita la absorción intestinal de calcio y de fósforo; estimula la reabsorción de ambas sustancias a nivel del riñón, y ejerce un efecto directo a nivel del hueso determinando la fijación del calcio y el fósforo a su estructura.

Por otro lado, la acción de la vitamina D está coordinada y regulada por la hormona paratiroidea y la calcitonina, que intervienen en mantener constantes los niveles del calcio y el fósforo en el organismo.

La dieta de los lactantes suele contener pequeñas cantidades de vitamina D que se encuentra presente, por ejemplo, en la leche de vaca que contiene 0,1 a 1 mcg %. Los preparados lácteos que actualmente se utilizan cuentan con fórmulas enriquecidas con suplementos de la vitamina. Lo mismo ocurre con la leche de vaca que hoy en día se comercializa en el mercado. Debe recordarse que los cereales, las verduras y las frutas casi no contienen vitamina D.

Clínica El raquitismo produce alteraciones que a menudo se presentan luego de varios meses de carencia de vitamina D. Las manifestaciones propias del denominado "raquitismo florido" sólo se ven al final del primer año de vida, y durante el segundo.

Uno de los signos más tempranos es el que se traduce por el llamado "craneotabes": el adelgazamiento de la tabla externa de los huesos del cráneo, y que se percibe al presionar el occipucio o los huesos parietales. En recién nacidos prematuros la aparición del craneotabes puede ocurrir antes. El llamado "rosario costal" es otro signo característico que consiste en el aumento de las uniones condro-costales (unión de las costillas y el esternón). Más tarde aparecen engrosamientos de muñecas y tobillos. El aumento de la sudoración del niño es otro de los signos característicos. El ablandamiento del cráneo, en ocasiones, da lugar a deformidades con asimetrías que pueden quedar permanentes.

La fontanela anterior aparece con mayor tamaño de lo normal, pudiendo retrasarse su cierre hasta el segundo año de vida. La erupción dentaria puede retrasarse por el mismo déficit mineral. El aumento de las articulaciones condro-costales puede proyectar el esternón hacia delante para dar el aspecto del llamado "tórax en paloma", con una depresión a lo largo de su borde inferior denominada "surco de Harrinson". Las deformaciones a nivel de la pelvis pueden dejar en la mujer secuelas que dificulten sus futuros partos. El reblandecimiento de los huesos largos de los miembros inferiores, fémur, tibia y peroné, hace que las piernas aparezcan arqueadas con consiguientes retrasos para que el niño se ponga de pie y camine. Pueden observarse fracturas óseas y deformación en la columna vertebral. Los músculos abdominales, menos desarrollados e hipotónicos, dan al abdomen un aspecto más voluminoso.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar