Para llevarse bien suegros y yernos

| Existen maneras de construir una relación sana | Un buen yerno es un hijo más y un mal yerno una hija menos

ANA MARÍA ABEL

LIC. CIENCIAS FAMILIARES

Los versos de Serrat "sé que no soy un buen yerno, soy casi un beso del infierno pero un beso al fin señora" encabezan estas disquisiciones sobre "un hijo más". Así es considerado el yerno en muchas familias. Serrat se dirige a la suegra quien por lo general suele ver al novio de la nena con otros ojos que su marido.

En la práctica se confirma aquel dicho popular: "un buen yerno, un hijo más; un mal yerno, una hija menos". Algunas actitudes del novio colaboran en ser considerado un buen partido: evitar los bocinazos insistentes al ir a buscar a la chica, bajar del auto, tocar timbre y anunciase. Eso suma puntos. También el comentario de que la traerá de vuelta "lo más temprano posible" aunque el futuro suegro sabe que antes cantará el gallo que la niña de sus ojos haya regresado al hogar. Otra receta cuasi infalible es mostrarse tal como uno es sin pretender impresionar como yerno perfecto.

Una vez casados, las prioridades cambian: comienzan obligaciones familiares en las que se comparten comidas y fiestas. La aceptación de ciertos ritos puede irse moldeando de a poco si el yerno es prudente y lo hace de acuerdo con su mujer: un marido que procura un trato cordial con la familia de su esposa -lo cual no significa permitir situaciones que puedan afectar el proyecto de vida de la joven familia- sigue sumando puntos. Herramientas eficaces para construir una relación sana son la amabilidad sin afectaciones, la gratitud y la paciencia. Llegado el caso de tener que frenar intromisiones indebidas y establecer ciertas reglas entre las dos familias, es recomendable que, quien hable con sus padres y hermanos, sea la mujer. El diálogo sincero de estos temas entre la pareja previene muchos malos entendidos y facilita la forma más correcta de actuar. Es de justicia con el cónyuge evitar los enfrentamientos graves para no poner al otro en la difícil situación de estar entre dos amores: el conyugal y el filial o fraterno. Una relación fluida y natural entre las dos familias supone además huir de las comparaciones: ninguna es mejor que la otra. Simplemente tienen tradiciones y costumbres diferentes pero coinciden en desear y querer la felicidad de la misma mujer. Tan normal es que haya diferencias, como lógico el procurar que nunca llegue el agua al río. Si alguna vez sucediera, lo más eficaz es dejar pasar el momento de bronca y actuar una vez recobrada la serenidad: un mismo hecho cobra matices distintos a las dos horas o a los dos días. Estos pilares de una buena relación facilitan que, con el tiempo, pueda pasarse de ser un posible beso del infierno a un hijo más.

Alternativas a la televisión

Los niños se divierten y aprenden armando rompecabezas. Simultáneamente desarrollan habilidades y funciones del cerebro como deducir, razonar, analizar, ordenar y también habilidades lógicas y de coordinación de la mano y la vista.

Limitar horas y seleccionar programas

La televisión no es un juguete ni una niñera: no tiene para los hijos el valor educativo que tiene el juego. La tele no tiene corazón ni es inteligente de por sí: puede formar o deformar ambos. Suprimirla no es una solución válida, sí el limitar las horas y seleccionar los programas.

Perforar el cuerpo humano no es seguro

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