En la zona de la Playa del Rivero de Punta del Diablo aparecieron esta temporada decenas de conjuntos de cabañas prontas para alquilar o en las que se realizan los últimos retoques. Frente al hostel Diablo Tranquilo, entre el polvo de la calle, destaca el verdor de unas cabañas con techos cubiertos de césped. La técnica es antigua, y muy utilizada por ejemplo en países de Escandinavia. Pero para Punta del Diablo son toda una novedad.
"Queríamos mantener los materiales del lugar, que quedara integrado, por eso usamos madera y techo verde", contó Virginia Cabrera, que junto con Alejandro Fernández invirtió y diseñó el complejo de cuatro cabañas que espera tener pronto para alquilar en febrero.
Cabrera estudia arquitectura y en la Facultad le recomendaron esta técnica bioclimática. La conocía por los libros, pero es la primera vez que experimenta sus ventajas. "Térmicamente funciona muy bien: hace 38 grados afuera y adentro está fresco, y por la noche mantiene el calor. Termina siendo económico y funcional, estamos muy conformes con el resultado", contó. Las cabañas están construidas sobre palafitos en la arena y tienen "baños secos".
El techo lleva impermeabilización, una membrana geotextil que soporta las raíces, y varias capas de arena y pedregullo. Sobre ellas plantaron césped, pero en el futuro piensan plantar lavanda y jugar con los aromas y los colores, dijo Cabrera. "El césped es el de aquí, que ya sabemos que funciona bien con la sal y los vientos. La gente que pasa pregunta cómo se riega: lo mejor es que se mantiene solo, con la bruma y las capas que mantienen la humedad", explicó.
EcolÓgico y funcional
En los países escandinavos se han usado tradicionalmente techos de pasto, principalmente para mejorar la climatización de las viviendas. Esto implica un ahorro de energía, por lo que la técnica ha sido impulsada en varios países de Europa y en Estados Unidos. En el futuro edificio de la academia de ciencias de California se proyecta realizar un techo verde de casi una hectárea de vegetación nativa, y la central del Banco Santander de Madrid, tiene un techo verde de más de 100.000 metros cuadrados.