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Convivencia emocional: el niño motivado y la actitud sus padres

Hay que intentar crear en los niños la predisposición por hacer algo nuevo.

Con los hijos

La psicóloga Fanny Berger señala que las expectativas, exigencias y sobreprotección con respecto a los hijos pueden interrumpir el desarrollo de la motivación en lugar de fomentar el aprendizaje.

Hay que intentar crear en los niños la predisposición por hacer algo nuevo.

La motivación anima a una persona a realizar determinadas actividades. Nadie nace motivado o desmotivado, sino que la motivación se empieza a desarrollar en los primeros años de vida en el vínculo padres-hijos.

Es el impulso mental y afectivo que te da la fuerza necesaria para iniciar la ejecución de una acción y alcanzar un determinado fin. La motivación es energía, es un empuje que siente la persona para hacer algo, para lograr objetivos o realizar tareas necesarias para vivir.

Existen dos tipos de motivación: intrínseca y extrínseca. La motivación intrínseca nace del interior de cada persona y es independiente a cualquier tipo de estímulo externo. A diferencia de la motivación extrínseca, que son acciones que llevas a cabo para conseguir una recompensa externa. La primera es aquella que posee el propio sujeto, que nace de su interés y disfrute por aprender o realizar algo. Es importante en el desarrollo emocional, social y en el proceso de aprendizaje. La segunda es hacer algo para ganar una recompensa o evitar un castigo. Por ejemplo un alumno que no le gusta las ciencias pero estudia para salvar el año, es extrínseca.

A otro estudiante le gusta dicha temática y estudia porque vibra con las ciencias. Su motivación es intrínseca. Se necesitan ambas en situaciones distintas.

Como ayudar a motivar hijos

Primero observa a tu hijo con sus talentos y sus limitaciones. Es importante no que no tengas expectativas con respecto a él. El peligro de las expectativos es que no se cumplen y producen frustración tanto a hijos como a los padres. Los niños sienten cuando no colman los deseos de sus padres y desarrollan baja autoestima, sienten que no tienen valor como personas pues observan las reacciones de sus padres. La expectativa es como una sombra que obnubila los propios talentos del niño.

Segundo, alienta los intentos de tus hijos sin importar los resultados. Vale decir premiar el camino, la tenacidad, la perseverancia y no focalizarnos en el resultado. Los padres deben evitar premiar todo, solo lo merecido para evitar la dependencia al elogio del otro.

En una sociedad narcisista donde se busca la perfección muchos padres piensan que premiando todo, sus hijos llegarán a cumplir sus metas. Lo contrario, se acostumbrarán al elogio y cuando no lo reciban sucumbirán.

En el desarrollo de la motivación de los niños es muy importante diferenciar entre alentar y elogiar. La primera implica reconocer los esfuerzos, el camino recorrido, no nos centrarnos solo en los resultados u objetivos fijados. En cambio, el segundo se refiere a los triunfos, cuando alcanza los objetivos. Tiene que hacer un equilibrio entre ambos. Es positivo alentar a nuestros hijos y elogiarlos cuando realmente se lo merecen. El aliento es importante porque premia la perseveración y estimula la posibilidad de mejorar. En cambio, el elogio es usado para motivar pero solo es adaptativo si se lo merece. Vemos muchos niños y jóvenes que al no recibir calificaciones deseadas se frustran y desisten de sus metas. A veces se necesita muchas tentativas en la cuales se aprenda para llegar a lo deseado. El fantasma es la exigencia de obtener logros y cumplir objetivos.

Tercero, dejarlo hacer lo que ya puede realizar por sus propios medios. No hacer por él, aunque cometa errores o le tome tiempo. Observamos padres que no dejan que sus hijos experimenten la satisfacción de realizar tareas. Esto los debita emocionalmente y crecen sin confianza en ellos mismos. La sobreprotección es el fantasma que oscurece la confianza del niño pues no descubre sus propios recursos.

Cuarto. Los padres son guías que muestran el camino a seguir. Esto significa que siempre se puede mejorar aprendiendo de los errores si los transformamos en aprendizajes. La actitud de los padres ante las equivocaciones de los pequeños es clave. Siempre el adulto tiene que respetar y aceptar al niño, tal cual es, no como se lo imaginaron que sería. Es importante dirigirse a él con un tono amoroso y respetuoso para señalar los caminos que tu hijo puede recorrer con tu supervisión. La confianza en uno mismo necesita de experiencias positivas. El foco es la posibilidad de reparar, de aprender, de mejorar. Esta actitud brinda autoconfianza y aceptación de uno mismo que es el primer paso para sentirnos bien. Observamos padres que ante las equivocaciones de sus hijos se frustran hasta enojarse intensamente y el niño siente que no tiene valor como persona. Los pensamientos negativos con respecto a él obnubilan la confianza en tu hijo.

En resumen: prestá atención a tus expectativas, exigencias y sobreprotección con respecto a tus hijos pues estas variables pueden interrumpir el desarrollo de la motivación. En cambio, si le mostrás como puede mejorar sus conductas, podrá conseguir resultados mejores que le desarrollarán su propia motivación.

CONOCÉ A NUESTRA COLUMNISTA
Fanny Berger
Fanny Berger

Es psicoterapeuta gestáltica. Se dedica niños, adolescentes y adultos, y trabaja en el apoyo de padres. Implementó “terapia de alcance breve”, que en cinco sesiones trata temas concretos. Es conferencista y escribió varios libros.

Podés contactarla en su web, página de facebook o a través del teléfono celular 099 289 282.

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