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Ideas uruguayas impulsan el despegue de Internet de las Cosas

Tecnológicas locales desarrollan proyectos de objetos conectados en domótica, salud y electrónica con foco en el mercado local y extranjero; costos y cuidado de la privacidad son barreras a superar.

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Dispositivos conectados

El futuro ya llegó. Hogares que se calefaccionan e iluminan automáticamente, cafeteras que avisan cuánto café queda, sensores que alertan si una persona tomó sus remedios, todo manejado y seguido a distancia y en tiempo real. Para esto no se requiere más que un dedo y un teléfono conectado a Internet. Es la magia —o la ingeniería, mejor dicho— de la Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés).

El concepto refiere a la interconexión de objetos a la red, una tecnología que se encamina a convertirse en un commodity con aplicación masiva en electrodomésticos, pero además en diversas industrias y servicios, como ocurre hoy con la automatización de viviendas (domótica) y en el área de la salud.

Apenas el 1% de los objetos en todo el mundo está conectado, calcula la multinacional de IT, Cisco. Aunque en Uruguay la oferta de IoT está limitada a pocos equipos como los TV smart, wearables (dispositivos insertos en prendas, relojes y pulseras) y domótica—, varias tecnológicas locales apuntan a ganar un lugar en ese incipiente mercado.

Ingenious Softworks (Ingsw) trabaja desde 2009 en ese segmento. Uno de sus desarrollos más curiosos es una cafetera para pequeñas oficinas y hogares que informa al usuario a través de una aplicación en su teléfono, cuánto tiempo lleva el café en la máquina y cuánta bebida queda, gracias a datos recopilados por sensores inteligentes. El producto, a la venta en EE.UU., evita que se pase el café recién hecho y, más importante aún, optimiza un 30% el consumo de energía y el de agua un 50% en un año.

«Dirigimos el consumo del usuario para que sea mucho más eficiente», explicó Gabriel Camargo, CEO de Ingsw. Los artículos de hardware abarcan el 30% del negocio de la compañía y el software, el 70%. Y más del 90% de la producción se exporta. De hecho, trabajar para el exterior es un denominador común para la mayoría de las tecnológicas que se dedican a la IoT.

Esta tecnología se ha diseminado a sectores insospechados como la salud. Tryolabs desarrolló Live!y, una plataforma basada en IoT que funciona como un sistema de cuidados para adultos mayores que viven solos. Por ejemplo, si la preocupación de la familia es que la abuela coma sus cuatro comidas diarias, a través de este sistema se pueden colocar sensores en la heladera, los cuales se «comunican» con los familiares a través de notificaciones vía celular que avisan si la persona abrió el refrigerador o no.

El sistema se vende en EE.UU., Canadá, Australia, y pronto también en México. Para Alejandro Martínez, coordinador del equipo de desarrollo de Tryolabs, Uruguay está «más atrás» en la adopción de IoT con fines sanitarios o de cuidados, aunque proyecta que quizás en pocos años se puedan ver soluciones de este tipo en el país.

La contracara es la domótica —que habilita el encendido y apagado de alarmas, activación de persianas, etcétera—, una de las aplicaciones de IoT más extendida en el mercado local. La firma FoxyHouse lleva unas 200 instalaciones entre hogares de uruguayos y extranjeros radicados en el país (son un 15% de la clientela) en los últimos cuatro años.

«Ha cambiado muchísimo la oferta, han disminuido los precios y mejorado las prestaciones», comentó su CEO, Juan González Dibarboure. «Hoy, una casa puede reaccionar ante eventos como antes no lo hacía. Si detecta que la persona ingresa, porque el celular se conecta al Wi-Fi, ahí se puede generar un escenario de ‘bienvenida’ en el cual se encienda la iluminación y se desactive la alarma», ejemplificó.

Para el empresario, la domótica en Uruguay es «un buen negocio asociado a otro», aunque en su caso el 60% de la facturación provenga de estas instalaciones. El precio básico ronda los US$ 2.000 y asciende en función de los requerimientos del cliente. En resumen, lo económico es una «barrera a superar» para la expansión del mercado, admitió González Dibarboure.

Ese aspecto vale para otros segmentos a los que se ha ramificado la IoT. Camargo dijo que los consumidores uruguayos tienden a anteponer el precio a la innovación. La percepción de que los dispositivos conectados son un «chiche» y no un producto que mejore la calidad de vida de las personas actúa como un freno, acotó Martínez.

Ariel Ludueña, CEO de Moove-it, apuntó que la IoT «está verde» en el mundo y que aún no se ha llegado a un punto donde «la innovación sea realmente fuerte y no algo accesorio». Actualmente, Moove-it es responsable de un proyecto en domótica para EE.UU. y otro en salud (un dispositivo de asistencia ventricular que monitorea la presión arterial del paciente y transmite datos en tiempo real al médico).

Más Inteligentes.

La falta de información y el temor sobre la violación a la privacidad son factores que si bien han cedido ante un opinión pública más informada, todavía tienen cierto peso. Sus derivaciones llegan incluso al impacto que puede tener a futuro la incorporación de sensores inteligentes dentro del cuerpo, aventuró Ludueña. «Hay un desafío ético y de percepción de los consumidores de que ahí hay una barrera que hay que traspasar».

La explosión del negocio de la IoT depende en buena medida de obtener la confianza del público. Que la experiencia retribuya con un beneficio real y no configure un «Gran Hermano» es clave, coincidieron algunos de los consultados.

Mientras, cada vez más empresas destinan presupuestos millonarios a la experimentación y desarrollo de la IoT; crean departamentos de análisis de datos y de desarrollo de inteligencia artificial. No solo las grandes tecnológicas, sino también firmas como Nike o Coca-Cola, que intentan con este paso innovar y a su vez no quedar rezagadas a los ojos del usuario y ante sus competidores en la búsqueda de nuevos negocios.

Sobre esto último, la pista está en un par de tendencias: una es la mejora de la automatización de los dispositivos gracias a la construcción e interpretación de patrones de comportamiento del usuario. Esto traerá un cambio fundamental para que los objetos sean «realmente inteligentes» al punto de no depender de una orden humana.

Otra novedad es el behavioural design (diseño del comportamiento) bajo el cual se fabrican productos que moldean el comportamiento del usuario, caracterizados por alcanzar una vida útil más larga y una mayor eficiencia. Se estima que en el próximo lustro el behavioural design será incorporado por entre el 10% y el 20% de los productos a nivel global.

Internet of Things, una industria con potencial a futuro.

—Actualmente hay unos 14.000 millones de objetos conectados a Internet (menos del 1% de artefactos en todo el mundo). Para 2020, la cifra crecería a 50.000 millones.

—El gigante de IT, Cisco, proyecta que Internet de las Cosas representará un mercado de US$ 19 billones en la próxima década entre ganancias y ahorros en costos.

—Del total, US$ 870.000: se generarían en América Latina.

—Solo un 7% de los consumidores tiene un wearable, y apenas un 4% es dueño de dispositivos conectados a nivel del hogar.

—Aunque se espera la adopción masiva de Internet de las Cosas a futuro, el 87% de las personas todavía no sabe qué es.

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