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Qué le falta a la reforma previsional uruguaya, según Francisco Murillo, de SURA Asset Management

Si en Uruguay se abre el ahorro voluntario solo en los fondos existentes, sin chances de incorporar otros riesgos, va a costar que despegue el negocio.

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Francisco Murillo, CEO de Ahorro y Crédito en SURA Asset Management
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La reforma previsional aplicada por Uruguay “destaca” en la región, segúnFrancisco Murillo, principal ejecutivo de Ahorro y Retiro en Sura Asset Management para Latam. Murillo enumera las ventajas de los ajustes al sistema de seguridad social aprobados en el país y entre ellos, el aumento de la edad de retiro, que no está presente en otros procesos de reforma, “por su costo político” y porque, en algunos países, “los problemas son otros”. Sin embargo, el CEO de SURA para Chile, Perú, Colombia, Salvador, México y Uruguay, advirtió que la postergación sobre un incremento en las inversiones internacionales para las AFAP, es “una mala noticia”. Añadió que la creación de un tercer fondo e incluso la promoción del ahorro voluntario, “tienen poco sentido si se mantienen las actuales limitaciones. Murillo también comentó los principales cambios que se están planteando en los demás mercados de la región, A continuación, un resumen de la entrevista.

—En Latinoamérica, solo un 60% de mayores de 65 años en la región reciben pensiones y, los cotizantes, en términos de población económicamente activa, en muchos países no llegan al 40%. Con esa base, es muy difícil pensar en un sistema de seguridad social justo y de suficiente cobertura…

—Así es, es una bomba de tiempo. Y por eso la relevancia del sistema mixto, porque el sistema de capitalización individual es un sistema que opera en los formales, que puede buscar muchas fórmulas de tratar de captar contribuciones de los trabajadores independientes, pero para el mercado informal, lo que tiene que haber finalmente es una respuesta del Estado. En países como México, Perú o Colombia, por ejemplo, si no hay una respuesta del Estado importante habrá un severo problema de pobreza en la vejez. Las soluciones están más a mano en un país como Uruguay donde la formalidad es más alta y donde además hay una institucionalidad en la seguridad social que ya viene con ese componente mixto.

—Pero en países con alta informalidad, la solución no puede pasar solo por un sistema mixto que cubra a quienes quedaron fuera durante su vida laboral...

—Es que en varios de esos países, el problema mayor, claramente, es de cobertura. Llegan a la edad que debería ser de retiro y no tienen ninguna cobertura, deben seguir trabajando, no hay respuesta de un Estado que quizás tuvo otras prioridades. El desafío es enorme. Lo primero es procurar abatir la informalidad y aumentar esa cobertura. En México, donde la tasa de informalidad es muy alta, lo que se ha hecho es ir subiendo la tasa de cotización, gradualmente, pero con un salto fuerte en los porcentajes. Pasa de un 6,5% a un 15% de los salarios, para llegar a una tasa similar a la de Uruguay. Fíjense de qué posición parten, es muy difícil lograr un retiro adecuado con esas tasas y pocos aportantes.

En paralelo, el otro desafío está en cómo reasignar los gastos del Estado o cómo generar una mayor recaudación pero con impuestos generales, que permitan disponer de una cobertura no contributiva más amplia. O sea, en algunos casos siquiera hay una pensión mínima, porque eso permitiría sostener un cierto nivel de gasto. Lo que hay apenas es un auxilio, totalmente insuficiente.

—¿Qué opinión le merecen las reformas en curso en la región?

—Es lógico que los sistemas estén ajustándose, pero no todas van en el mismo sentido. Tuvimos una reforma en México hace un par de años, también en El Salvador a fines del año pasado, la de Uruguay recientemente y en Perú, hay un montón de proyectos sobre la mesa. Hoy día tenemos una reforma en Chile y otra en Colombia. Es parte de lo que vamos a vivir permanentemente y que tiene mucho que ver con cómo cambia el mercado del trabajo y la longevidad de las personas.

En Colombia se está planteando una reforma bastante radical, que básicamente lo que hace es que hasta una contribución de cuatro salarios mínimos, el sistema es estatal. Eso puede parecer muy favorable inicialmente, porque el Estado tiene un montón de recursos para financiar las prestaciones actuales, pero genera un problema fiscal o de sostenibilidad fiscal muy importante mirando hacia adelante. Ese punto es el central de la reforma. Además, se pierde el rol del esfuerzo individual, donde la capitalización individual juega un rol importante.

En el caso de Chile, hoy día la reforma está “estacionada”, porque ha habido cambios políticos, estamos en un proceso de discusión de una nueva Constitución y hay cambios desde el punto de vista del perfil de la mayoría de los convencionales con un sesgo más hacia la derecha, lo que nos hace pensar que algunas de las propuestas anteriores van a quedar por el camino. Se planteaba incorporar el concepto de cuentas nocionales, también un administrador de cuentas único, estatal y otros elementos en los que parece no haber consenso ahora.

—Respecto de Colombia, según un informe de la Universidad de Los Andes, la deuda en el sistema de pensiones pasaría a ser del 200% PIB con la reforma…

—Hay distintas estimaciones simulando la reforma, que van desde un 60% del producto hasta 240%. La propuesta plantea pasar los recursos de los fondos de pensión al Estado, que anuncia la creación de un fondo con ese objetivo. Pero el Estado siempre tiene presiones de gasto, más de corto plazo. Incentivos a utilizar esos recursos con otros fines. Y ahí está el problema principal, se generaría una deuda previsional gigantesca, que recién se notará en 20 años o más.

—¿La propuesta presentada por el gobierno de Gabriel Boric en Chile podría reajustarse en este momento político?

—Lo que vemos es precisamente que se va a reajustar, de acuerdo con los equilibrios existentes en el Congreso. Algunas de las propuestas, como las que mencioné antes, quedarían por el camino, aunque hay otros aspectos que se mantendrían. Por ejemplo, se sube la tasa de cotización de 10 a 16%. Además, incorpora al empleador en la cotización, que hasta ahora solo aportaban el trabajador y el Estado. Por otra parte, se establece que una parte del aporte que se incrementa tendría que ir a financiar solidaridad, mediante el sistema estatal, y otra parte ir a las cuentas individuales. Se mantiene entonces el concepto de los dos pilares, fortaleciendo el sistema mixto.

Después, sin dudas está planteado un debate político ideológico sobre la existencia de las AFP, pero la discusión sobre el sistema está dada en un Congreso equilibrado.

—¿Cuánto debilitó el sistema los retiros de fondos resueltos por ley?

—En forma dispar. En Perú, los retiros significaron más o menos 25% de los activos. En Chile fueron alrededor del 15% de los activos. Eso genera una debilidad importante en los sistemas porque recuperar esos recursos tomará muchos años. En el caso de Chile se hablaba de al menos ocho años para recuperar los recursos, pero solo para recuperarlos, sin pensar en lo que no pudo generar rentabilidad en el período. Lo rescatable, en el caso chileno, fue que en el momento más complicado de la pandemia, eso ayudó seguramente a muchas personas. En el caso de Perú, el planteo de los retiros es previo a la pandemia, no tuvo esa justificación.

—¿Eso va a traer, a la hora de jubilarse, una pasividad más baja en esta generación que está aportando hoy?

—Absolutamente, y mientras más joven el impacto es más fuerte, ya que vale la pena recordar que en un sistema de capitalización individual, el 40% de la pensión se constituye en los primeros 10 años, dada la rentabilidad en ese período. Creo que se trata de una mala política pública.

—¿Qué observa acerca de la reforma reciente en México?

—Hay un sistema que funciona, pero con dificultades. Evidentemente la tasa de cotización que tiene hoy es insuficiente. Sin embargo, la reforma reciente está bien conducida, el incremento gradual de la cotización es una buena decisión, en un mercado donde aportan el empleador y el trabajador, y también existe una pensión complementaria desde el Estado. ¿Ha sido la reforma ideal? No. ¿Va en el sentido correcto? Sí.

—¿Y la situación en Perú?

—Es compleja. Hay más de 100 proyectos de reforma hoy. Si miramos los últimos años, lo que hemos visto en el país es una historia de retiros. Solo hubo normas que apuntaron a darle liquidez a los fondos de pensión y habilitaron el retiro del 95,5% de los fondos de quien llegó a la edad de jubilación, también el retiro de un 25% para primera vivienda; después, los retiros asociados a la pandemia, entre otros. Todo eso ha ido debilitando el fondo previsional. Es muy riesgoso. Con ese panorama, debilitando los fondos de esa manera, difícil pensar en una reforma integral del sistema que otorgue sostenibilidad.

—Un capítulo especial en cada uno de esos países son las pensiones no contributivas...

—Absolutamente; en la reforma propuesta en Colombia, por ejemplo, se generó una pensión garantizada universal, bastante interesante en términos de cobertura, alcanzado al 90% de la gente que está, hoy día, situada debajo la línea de la pobreza y cuesta dos puntos del producto. Estos son planes muy relevantes. Pero eso no se puede hacer irresponsablemente: no perdamos de vista que las personas mayores vamos a hacer cada día más, la cuenta es creciente y que hay que asegurarse que existe la recaudación para financiar esos beneficios. Digamos que las pensiones no contributivas van ocupando un lugar cada vez más relevante y sumamente necesario en este contexto. Es impensado no tener un pilar de esas características.

—En estos momentos, se está instrumentado la reforma aprobada que en Uruguay, ¿qué opinión le merece en términos generales?

—Lo primero, es fundamental que se aplique una reforma en esta coyuntura. Segundo, es muy bueno que surja a partir de una comisión técnica que trabajó el tema. Tercer aspecto destacable, se hizo sobre la base de la institucionalidad existente, sin necesidad de ponerse “creativos” en ese terreno. También es importante que se plantee incorporar a un sistema único las cajas paraestatales. Pero hay dos cosas que uno echa en falta, observando la reforma…

—¿Cuáles son?

—Una es el tema de las inversiones internacionales. Claramente, nosotros cuando miramos la realidad en los otros países donde estamos, en todos tenemos la posibilidad de hacer inversiones internacionales, de diversificar las carteras. Siempre es bueno generar un poco más de diversificación. Lo otro es la decisión bajar la cotización a la capitalización individual y subirla al sistema de reparto; sabemos que la sostenibilidad del sistema está más en el lado individual que en el lado del reparto, entonces ahí hay un elemento que, a nuestro entender, habría sido mejor si se mantenía la distribución previa que tenían los aportes.

—Estos puntos que marcó estaban en la base de las sugerencias que hacían las AFAP. Un tercer punto, que finalmente fue contemplado, apuntó a la creación de un tercer fondo…

—Eso es bueno, en principio. Pero no perdamos de vista, que el hecho de incorporar un fondo de crecimiento sin inversión internacional es una mala cosa. Si buscamos un fondo más, para los más jóvenes, que puedan asumir más riesgo y no le permitimos espacios de inversión diferente, no resulta muy útil.

En la mayoría de los países tenemos un portafolio con inversiones internacionales bastante fuerte. Y eso sería muy relevante además, para un país abierto como Uruguay. Por otro lado, dada la salud financiera de Uruguay, los retornos aquí son muy bajos. Por tanto, se justifica por todos lados permitir buscar otros dividendos fuera del país.

— ¿Los niveles de rentabilidad son bajos en Uruguay, comparados con la región?

—Son... yo diría que normales. En general hoy enfrentamos el desafío de retornos reales menores a los de poco tiempo atrás, porque entramos en una coyuntura de tasas de interés más bajas, que ahora han empezado a subir, pero con inflación. Los retornos hacia atrás son muy buenos. Si uno tuviera que hacer proyección de pensiones con los retornos históricos, las pensiones son mucho mejores de lo que van a ser, ante la posibilidad de que en la actualidad no nos preocupemos de ir diversificando opciones de inversión. Por eso lo de abrir más oportunidades en el exterior es importante. Los diagnósticos en ese sentido son claros, pero a veces, en nuestros países, por motivos políticos la resolución de esos temas “se deja para después”.

—Segúnel último ranking de la consultora Mercer sobre los sistemas de pensiones, Uruguay destaca en materia de cobertura. Integra un grupo de países considerados “B”. ¿Qué le falta para compararse con un país “A”?

—Uruguay tiene muchos puntos altos: el balance de un sistema mixto, la tasa de contribución, los costos del sistema, la cobertura de beneficios… en todos esos aspectos está muy bien. Yo pensaría en algunos de los puntos que hablamos antes, la baja en la distribución de la cotización destinada a la capitalización individual, por ejemplo. Otro aspecto puede ser la necesidad de abrir el mundo del ahorro voluntario. Ahora, con la reforma, en la regulación se va a jugar mucho, porque efectivamente habría que ver una mayor flexibilidad de productos; o sea, si se abre el ahorro voluntario solo en los fondos existentes, con las mismas posibilidades que están planteadas, va a costar que despegue el negocio.

Por otra parte, la reforma uruguaya ha incluido un tema que en otros países de la región no se plantea. Me refiero a aumento de la edad de retiro. ¿Por qué no se plantea? Por un lado, los problemas de otros países no pasan tanto por la edad de retiro, sino por cuestiones de cobertura, dada la informalidad; por otra parte, son cambios muy impopulares y costosos políticamente, por tanto, prefieren no plantearse. Uruguay sí lo hizo y es un diferencial.

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