Malthus, el falso profeta

| Hizo sus predicciones demográficas suponiendo que las poblaciones seguirían aumentando en las épocas de abundancia

En medio de un incremento impactante en los precios de los alimentos, que ha provocado disturbios y malestar en muchos países y está haciendo que incluso los ciudadanos relativamente pudientes de Estados Unidos y Europa sientan el golpe, la confianza en la habilidad de los mercados globales de llenar casi 7.000 millones de barrigas está disminuyendo. Dado el temor de que una nueva era de escaseces crónicas pueda haber comenzado, es entendible que el nombre de Thomas Malthus esté en el aire. Sin embargo, si sus ideas fueran realmente correctas ahora, eso desafiaría la experiencia de los últimos dos siglos.

Malthus expuso primero sus ideas en 1798 en "Un Ensayo sobre el Principio de la Población". En el trabajo detalló trayectorias conjuntas trágicas para el crecimiento de la población humana y el incremento de la oferta de alimentos. Mientras que la tendencia natural era que la población creciera sin límite, la oferta de alimentos se encontraría topeada por el límite de una cantidad finita de tierra. Como resultado, los "controles positivos" de una mortalidad mayor causada por hambrunas, enfermedad y guerra eran necesarias para alinear nuevamente al número de personas con la capacidad de alimentarlas.

En una segunda edición publicada en 1803, Malthus suavizó su duro mensaje original al introducir la idea de restricción moral. Ese control preventivo, operando a través de la tasa de nacimiento más que de la de defunción, podría proveer una forma de contrarrestar la de otra forma inexorable lógica de demasiadas bocas persiguiendo demasiado poca comida. Si las parejas se casaran tarde y tuvieran menos hijos, el crecimiento de la población podría detenerse suficientemente de forma que la agricultura pudiera lidiar con él.

Fue la mala suerte de Malthus -pero la buena suerte de las generaciones que nacieron después que él- que escribiera en un punto de quiebre histórico. Sus ideas, especialmente las últimas, eran una descripción precisa de las sociedades preindustriales, que oscilaban sobre un balance precario entre estómagos vacíos y llenos. Pero la revolución industrial, que ya había comenzado en Gran Bretaña, estaba transformando las perspectivas de largo plazo del crecimiento económico. Las economías estaban empezando a expandirse más rápido que sus poblaciones, trayendo una mejoría sostenible en los estándares de vida.

Lejos de que los alimentos estuvieran desapareciendo, como temió Malthus, se volvieron abundantes al expandirse el comercio y al unirse a la economía mundial productores agrícolas con costos bajos como Argentina y Australia. Las reformas basadas en sólida economía política también jugaron un rol vital. En particular, la abolición de las Leyes del Maíz en 1846 preparó el terreno para que los trabajadores británicos se beneficiaran de la importación de comida barata.

Malthus hizo sus predicciones demográficas, al igual que sus predicciones económicas, mal. Su suposición de que las poblaciones seguirían creciendo en tiempos de abundancia resultó ser falsa. Empezando en Europa, un país tras otro pasaron por una "transformación demográfica" mientras el desarrollo económico trajo mayor prosperidad. Tanto las tasas de nacimiento como las de defunción cayeron y el crecimiento de la población comenzó a enlentecerse.

La herejía malthusiana resurgió a principios de los setenta, la última vez que los precios de los alimentos se dispararon. Entonces, al menos, parecía haber alguna razón para una alarma demográfica. El crecimiento global de la población había subido mucho después de la segunda guerra mundial, porque le llevó tiempo a las altas tasas de natalidad en los países en desarrollo seguir a la baja la fuerte caída en las tasas de mortalidad infantil que generó la medicina moderna. Pero una vez más las preocupaciones sobre la superpoblación se demostraron erradas cuando la "revolución verde" y posteriores avances en la eficiencia de la agricultura impulsaron el aumento en la oferta de alimentos.

Si el crecimiento de la población mundial fue una preocupación falsa hace cuatro décadas, cuando llegó al pico de 2% por año, es aún menos inquietante ahora que ha bajado a 1,2%. Pero aunque la culpa no es de la demografía cruda, los nuevos estilos de vida que despierta el crecimiento económico rápido, especialmente en Asia, son una nueva preocupación. Como el ingreso de los chinos ha subido, han empezado a consumir más carne, elevando la demanda subyacente de alimentos básicos, ya que el ganado necesita más granos para alimentarse que los humanos. Los neo-malthusianos se preguntan si el mundo podrá proveer a 6.700 millones de personas (9.200 millones en el 2050) con una dieta al estilo occidental.

Una vez más la tiniebla es exagerada. Puede que no haya más tierras vírgenes para instalarse y cultivarlas, como en el siglo XIX, pero no es razón para creer que la productividad agrícola ha alcanzado su tope. Efectivamente, una de las principales barreras para otra "revolución verde" son las preocupaciones populares injustificadas sobre los alimentos genéticamente modificados, que está frenando la producción agrícola no solamente en Europa, sino en los países en desarrollo que las podrían usar para impulsar sus exportaciones.

LA DEMENCIA POLÍTICA. Como siempre, los gobiernos están complicando las cosas. Las trabas a las exportaciones de alimentos proliferan. Aunque éstas pueden significar un alivio temporal para un país, cuanto más se expanden más estrechos se vuelven los mercados globales. Otra política equivocada ha sido el subsidio de Estados Unidos a la producción doméstica de etanol, en una apuesta para reducir la dependencia del petróleo importado. Se espera que este intento mal diseñado de aumentar la cantidad de combustible en lugar de disminuir la demanda va a devorarse la tercera parte de la cosecha de maíz de este año.

Aunque el neo-malthusianismo naturalmente tiene mucho para decir sobre la escasez de alimentos, la doctrina emerge más generalmente como la idea de límites absolutos en los recursos y la energía, como es la noción de "peak oil". Siguiendo los miedos iniciales de los setenta, las compañías petroleras desafiaron a los pesimistas encontrando nuevos campos, en parte porque los precios más altos han incentivado la exploración. Pero incluso si los pozos de petróleo se secaran, las economías igual podrían adaptarse buscando y explotando otras fuentes de energía.

Una nueva forma de límite malthusiano ha surgido recientemente a través de la necesidad de constreñir las emisiones de gases de efecto invernadero, de forma de atacar el problema del calentamiento global. Pero esto también puede ser superado convirtiéndose en una economía de baja generación de carbono. Como con la agricultura, la dificultad principal para hacer los ajustes necesarios proviene de políticas pobres, como la reticencia de los gobiernos a establecer impuestos al carbono. Puede haber frenos a las formas tradicionales de crecimiento, pero no hay límite para la creatividad humana. Por eso es que Malthus sigue estando tan equivocado hoy como lo estaba hace dos siglos.

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