Toronto es una ciudad en la que se han establecido coreanos, hindúes e italianos. Como metrópolis cosmopolita ofrece muchas formas de conocerla y de recorrerla. Aquí les presentamos tres caras para visitarla.
PEQUEÑA INDIA. Un olor intenso a especias en la estación del Metro Coxwell indica que se ha llegado al mercado asiático más grande de América del Norte. La vida cotidiana de Little India es una película de Bollywood: mujeres envueltas en saris (trajes típicos con telas de colores), puestos de frutas exóticas, encantadores de serpientes, danzas en las que el centro de atención está en las manos, turistas a bordo de bicis o motonetas a las que llaman rickshaws y los puestos de dulces con picante.
La Pequeña India se despliega por toda la calle Gerrard East. Sobre las banquetas las mujeres practican el mehandi, el arte de pintar el cuerpo con henna. La tradición dice que sólo las futuras esposas pueden decorar sus manos y pies para favorecer la fertilidad y la felicidad, pero los hindúes de Toronto tatúan desde niños a ancianos por menos de cinco dólares.
Los sabores del Sur de Asia están bajo los velos de seda de Lahore Tikka House (1365 Gerrard St.). Los comensales disfrutan de un buffet de arroz, vegetales, pescados, mariscos, lentejas y mucho curry. Pero el mejor platillo es el alu matar, hecho de papas y garbanzos bañados con salsa de tomate, cebolla y mostaza. Dos personas comen por 10 dólares.
Las mujeres encontrarán un paraíso de telas y piedras preciosas traídas desde Jaipur, Singapur y Dubai. Las tiendas más llamativas son las de los maniquíes con saris. Los lienzos de seda pura llegan a medir nueve metros de largo y se ajustan al cuerpo en diferentes modalidades; la más común: un extremo se ata a la cintura y el otro se lleva hasta el hombro y deja el vientre al descubierto. En cada tienda hay una costurera hindú para hacer ajustes e incluso asesorar sobre colores y estampados.
LA VUELTA A COREA. Más allá del centro de Toronto, a lo largo de Bloor Street, al Oeste de la ciudad y delimitado por las calles Markham y Christie, vibra el barrio coreano (Koreatown) en un centenar de letreros de neón bilingües (en coreano e inglés) sobre las entradas de las tiendas.
Koreatown es un barrio relativamente joven. La comunidad coreana llegó a Toronto en 1960, trayendo consigo sus costumbres, como las campanas detrás de cada puerta para alejar las malas vibras y hasta el gusto por la ropa con diseño.
Para sentirse en un pedacito del país asiático, hay que entrar al restaurante Song`s Cooks (6-72 Steeles Avenue). Está dividido en dos secciones: la primera con mesas regulares y la segunda para comer como un verdadero coreano, en un suelo con calefacción, sobre esteras.
Los inmigrantes también trajeron a la capital de Ontario, el hanji, el papel artesanal extraído del árbol morera, único en las dos Coreas. La única tienda donde lo encontrará será en Hanji Hanmade Paper & Gifts (619 Bloor St. West).
En el barrio hay boutiques como Seoul Blanket (651 Bloor St.). Las compradoras ya se vieron con pantalones estampados y ajustados, medias de colores, una falda corta o una remera con cómics, pero en segundos podrían desilusionarse: si no usa talle small es difícil que le queden.
UN PEDAZO DE ITALIA. Después de la Segunda Guerra Mundial más de medio millón de italianos hicieron de Canadá su segunda casa y 300 mil se instalaron en Toronto, entre las calles de College, Euclid y Shaw, que hoy conforman el barrio de la Pequeña Italia. Poco a poco, ese territorio se convirtió en una zona residencial, después en área comercial atiborrada de restaurantes, cafeterías, pizzerías, galerías, boliches, billares y bares de aire europeo. Las bandas de música callejeras, los helados cremosos, los capuchinos y los graffitis son la atracción que hace olvidar el Toronto moderno y cosmopolita.
Si la mañana lo atrapa en College Street haga una pausa para ocupar una mesa en el tradicional Café Diplomático (cafediplomatico.ca). Que no le tiemble la voz para ordenar un tres "p", (pizza, pasta y panni) y un capuchino.
Entre paredes descascaradas y fachadas de ladrillo y colores pastel dirija su atención al arte callejero de SKAM, uno de los graffiteros más populares de Toronto. Hay que tomarse unos minutos para fotografiar su nombre en tercera dimensión y los rostros de mujeres, en Euclid Avenue, arteria principal del barrio.
Los souvenirs con historia están en The Arthur (550 College St). Deje que sus pasos hagan rechinar el piso de esta tienda vintage, mientras mira las maletas y vitrinas de Liz Ikiriko. La propietaria recaudó objetos de sus abuelos que ahora están a la venta, desde casas de muñecas hasta un kit de té. *El Universal/GDA