Tiranos de metro de altura

Salud & comportamiento. No sufrieron agresión ni violencia, y sin embargo maltratan, gritan y hasta les pegan a sus padres. Es un fenómeno que crece, y tiene que ver con los límites.

GABRIELA VAZ

Maltratan a sus padres, les gritan, los humillan y en ocasiones, hasta les pegan. Dan órdenes, chantajean, y su deseo, autoritario, se impone ante todo. Son los reyes de la casa, en una monarquía que se vuelve insoportable. Se trata de niños: "locos bajitos" convertidos en "pequeños tiranos". Al menos así los han comenzado a llamar en varias partes del mundo, donde el fenómeno parece ir aumentando sin freno alguno.

La figura se repite: pequeños, en general varones e hijos únicos de entre 6 y 15 años que, con un comportamiento agresivo y sin reconocer la autoridad, terminan organizando la vida familiar; una conducta impensable 20 años atrás.

De hecho, mientras en España el maltrato de hijos a padres registró 6.000 denuncias en 2006 y se sextuplicó desde 2000, en Argentina las visitas a consultorios de psicólogos por este motivo aumentaron un 20% el último año. En Uruguay no hay datos estadísticos al respecto, y aunque los especialistas consideran que no puede aún tildarse de "fenómeno", reconocen que también aquí son visibles los comportamientos infantiles de ese estilo.

El denominador común, y lo que puede llamar la atención en primer lugar, es la ausencia de un ejemplo agresivo, ya que los niños no reproducen violencia que ven en el hogar. Por el contrario, sus padres suelen ser consentidores y permisivos. ¿Es esa la causa? Para muchos especialistas, sí. Tanto la falta de criterios educativos como la desestructuración de las familias estarían en el meollo del problema, que se resuelve, explican, logrando que los padres asuman su rol de padres.

LÍMITES. El afán por llamar la atención y poner a prueba el control de los adultos es natural en los niños. El problema aparece cuando esa conducta es permanente y genera un chico agresivo que al final siempre consigue lo que quiere. Tal como explica el doctor en Psicología y experto en agresión John Renfrew -quien reside alternativamente en Uruguay y Estados Unidos, donde se desempeña como profesor en la Universidad del Norte de Michigan- si bien en toda conducta violenta juegan muchos factores, los padres tienen gran responsabilidad. "En estudios que hemos realizado sobre niños problemáticos siempre había algún indicio en la relación con sus padres. Una investigación mostró que el 67% de las veces que el chico actuaba de forma agresiva los progenitores `premiaban` esa conducta, en el sentido en que lo dejaban hacer sin consecuencias, o le terminaban dando lo que quería", dice Renfrew.

El psicólogo Fernando Sierra, director de la Fundación Instituto Psicopedagógico Uruguayo, asegura que la incapacidad para simbolizar, elaborar y resolver situaciones sentidas como adversas promueve en algunos niños conductas de tipo agresivas, como forma de manifestar y, eventualmente, controlar `afuera` lo que vive por dentro".

En tanto, su colega español Javier Urra, autor de El pequeño dictador, señala que "lo que neurotiza a un niño es no saber cuáles son sus límites, qué está bien o mal. Esa es la razón por la que hay chicos caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista".

Pero es muy difícil hablar de causalidades directas, dado que la construcción del psiquismo es muy compleja, apunta la psiquiatra de niños y adolescentes Maren Ulriksen. "Que nunca se le diga que no a un niño es un gran problema. Pero las expresiones de eso pueden ser múltiples. No hay una causalidad lineal. Algunas conductas son más enigmáticas. De pronto el niño no se vuelve agresivo, pero sí se torna perverso, usando al adulto siempre para su beneficio".

PARES. La figura de los niños tiranos aparece como propia de este tiempo. Un par de décadas atrás era imposible plantear una situación similar porque la autoridad de los padres era incuestionable. Hoy, no sólo se interpela ese poder, que aparece más distribuido, sino que muchas veces los niños terminan enseñando a los adultos.

Tal como explica la antropóloga Leticia Cannella, "existe cierta democratización dentro de la familia, como una redistribución de poderes. Todo se redefinió, incluso la disponibilidad del saber. Antes eran los padres y los maestros los que sabían. El dominio tecnológico de los niños cambia las estructuras porque ellos están permanentemente ayudando a los padres a resolver problemas que tienen que ver con el celular o la computadora. Ya no se concibe un padre que ejerza un poder incuestionable, se debe dialogar y razonar con el otro".

El problema es cuando esa horizontalidad hace que los roles se desdibujen. En esos casos, los padres pierden su capacidad de tales, negociando y consintiendo todo. "Hay que reconocer la diferencia de generaciones: uno es un adulto, el otro es un niño. Es parte del rol del adulto asegurarle al chico un espacio de seguridad. El "no" estructura el límite. Las diferencias generacionales construyen la sexualidad del chico. Esa horizontalidad, ese nivel parejo, es un cierto de abandono de su función. Es ceder el rol del adulto de educador, cuidador", opina la psiquiatra Ulriksen.

Muchas veces a modo de justificación suele escucharse que, como uno está "tantas horas fuera del hogar" permite ciertas transgresiones en aras de compensar tiempos perdidos. "Cuando así se piensa, se está abandonando, al menos parcialmente, la obligación del ejercicio de la función paterno-materna; y que quede claro, esto en absoluto se lo hace por el niño, lo está haciendo por y para sí mismo, aunque no sea conciente de ello", finaliza el psicólogo Fernando Sierra.

Niño dictador "se hace", y no "se nace"

¿Cuál es entonces la mejor manera de evitar un pequeño tirano en casa? La respuesta parece cantada: fijar límites. "El niño no le pega a los padres porque sí. Algo falló en la relación temprana: la sintonía, el acuerdo de ritmos entre niño y padres. En un chico que pega, hay muchas razones más que falta de límites; hay un problema de fondo. La agresión también demuestra dependencia hacia el adulto. La descarga es ausencia de pensamiento, el niño no razona quiénes son los otros", dice la psiquiatra Ulriksen.

A la hora de decir no, es imprescindible dar razones coherentes que el pequeño pueda comprender. Como indica el español Urra, "hay que enseñarles a aceptar la frustración de no tenerlo todo, y a saber que la vida es conflicto. No se les traumatiza cuando se les dice no".

Pero también los padres, deben rever su comportamiento. "La pérdida de autoridad, la disfuncionalidad en el vínculo, la ausencia de reglas claras también se dan por la existencia de dificultades propias al momento de asumir y ejercer el rol paterno-materno. La mejor prevención probablemente se logre en la medida que se adopte una actitud permeable y permita la ayuda de los demás. Es importante y sano, elaborar y resolver cuestiones propias para no repetirlas", opina Fernando Sierra.

La consulta con un especialista siempre es necesaria, ya que no hacerlo condenará a ese niño y a su familia a transitar por caminos de sufrimiento afectivo, dice el psicólogo, y agrega: "un `pequeño tirano` se hace, no nace".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar